Por otra parte, el Arzobispo de Asunción, cardenal Adalberto Martínez, en su homilía en la Catedral, lamentó que las fragilidades sociales y la pobreza sigan siendo males que afectan a miles de familias paraguayas.
ASUNCIÓN. “La pobreza persistente sigue siendo una herida abierta en Paraguay. No es solo un problema económico, sino una realidad estructural, multidimensional, que hiere la dignidad de las personas y se transmite de generación en generación”, expresó el cardenal.
Martínez lamentó que pese a los discursos sobre crecimiento económico, la pobreza aún no se ha logrado superar y continúa condicionando la vida de cientos de miles de familias, especialmente en las zonas rurales, históricamente postergadas.
Señaló que muchas familias se convierten, en el primer sistema de salud cuidando enfermos, a veces en condiciones límites y sin recursos suficientes.
Al respecto, destacó la importancia de las políticas públicas para acompañar a las familias en las tareas de cuidado. “Cuidar a la familia, no es solamente una tarea privada, sino una responsabilidad de toda la sociedad”.
Dijo que es importante aplicar políticas de salud, de educación accesible y de calidad, de trabajo digno, de vivienda adecuada y de protección social efectiva.
“Cuando estos bienes, no cumplen su finalidad, no estamos ante un problema solamente administrativo, sino ante familias concretas que cargan sobre sus hombros lo que debería ser una responsabilidad compartida”.
La última peregrinación del Año Santo de la Esperanza se realizó ayer desde la Iglesia La Encarnación hasta la Catedral Metropolitana de Asunción, que culminó con el cierre Solemne del Año Jubilar. La peregrinación también se realizó en Caacupé, desde la iglesia Tupãsy Ykua hasta la Basílica Santuario.
CAACUPÉ. En su homilía, Mons. Ricardo Valenzuela, obispo de la Diócesis de Caacupé, centró su mensaje en la realidad social que atraviesan las familias paraguayas, marcada por la violencia, los conflictos intrafamiliares y la pérdida de valores esenciales, informó la corresponsal Karina Abigail Gómez.
Monseñor Valenzuela recordó que la Navidad no fue un tiempo de alegría para todos los hogares, ya que se registraron denuncias de violencia doméstica, muertes de niños y accidentes fatales, hechos que golpean directamente al núcleo familiar.
“Esa feliz Navidad no alcanzó a todas las familias. Hubo tragedias y mucho dolor en hogares que debían celebrar el nacimiento del Niño Dios”.
El obispo expresó su preocupación por el elevado número de denuncias de violencia intrafamiliar registradas en un corto periodo de tiempo. “En un solo día se registraron 180 denuncias de violencia doméstica. ¿Qué está pasando en nuestras familias?”, cuestionó.
Sostuvo que la familia es el fundamento esencial de la sociedad, y que cuando esta se debilita, se resiente todo el tejido social.
“La familia es un gran don de Dios, pero hoy está amenazada por el individualismo, la agresividad y la falta de diálogo”.
“Se pone lo económico por encima de vínculos humanos”
El obispo de Ciudad del Este, monseñor Pedro Collar, se refirió a las amenazas a la familia en la sociedad de hoy, enfatizó en la creciente violencia social, además del materialismo, el consumismo y una lógica que pone a lo económico por encima de lo humano.
Durante su homilía de clausura del Jubileo de la Esperanza, el monseñor Pedro Collar Noguera, obispo de la Diócesis de Ciudad del Este, del Departamento de Alto Paraná, lanzó un fuerte llamado de atención sobre las amenazas que enfrenta la familia en la sociedad actual.
El prelado denunció la presión constante del materialismo, el consumismo y la creciente violencia social como factores que afectan la estabilidad del núcleo familiar. “La familia está siendo atacada por una lógica que pone lo económico por encima de los vínculos humanos”, expresó.
Al mismo tiempo, criticó lo que describió como una mentalidad utilitarista que tiende a descartar a los ancianos, a quienes definió como “tesoros de la Iglesia y de la sociedad”. WF