Opinión

Ideologías

Raúl Ramírez Bogado – @Raulramirezpy

Interrumpir un periodo presidencial obligando al jefe del Ejecutivo a renunciar por “sugerencia” militar es un golpe de Estado. Presentarse para una reelección cuando ya no se está habilitado por la Ley Suprema es inconstitucional. Hacer fraude electoral es un delito. Hacer sobrevolar aviones sobre el Congreso para que dicte una resolución es una coacción.

Estas reglas se aplican en nuestro país y en la mayoría de las naciones civilizadas. El no decir lo que pasa por una cuestión ideológica está mal, no presentando la información con objetividad rompe principios éticos.

Según nuestra ley madre, toda persona tiene derecho a una información veraz, responsable y ecuánime. Esta debe llegar en forma objetiva, sin que tenga contaminación ideológica, ya que es noticia y así debe tratarse.

Toda persona, entre las que nos encontramos los periodistas (aclaro), tiene el derecho a expresar libremente su opinión. Sin embargo, debe estar bien diferenciada, de modo que el público sepa que es un punto de vista personal o de la empresa periodística y no una noticia.

Estos son principios básicos del periodismo, aunque pareciera que ahora esto no es tan así. La opinión se mete fácilmente en la noticia y hace que la información que llega a la gente sea subjetiva, parcial y representando solo a un sector.

La cuestión es que nuestra sociedad está dividida en cualquier cosa que se presente. Y eso genera tensión, especialmente en las redes sociales, donde no se puede opinar de tal o cual forma, porque lo primero que llegan son insultos.

Lo que se llama el argumento ad hominem (atacar al hombre) es lo que más se utiliza de modo a descalificar a la persona que emite una opinión, porque no se tienen o no se es capaz de dar argumentos para rebatir lo que dijo.

Tras lo ocurrido en Bolivia, la mayoría de los medios de comunicación y hasta políticos presentaron el hecho dando énfasis en la renuncia del presidente, sin decir que se trata de un golpe de Estado. Hubo una coacción para que renunciara. Incluso, irrumpieron en su casa, amenazaron a su familia. La información se presentó así más por una cuestión ideológica.

En contrapartida, los partidarios de Morales quieren ignorar que violó la Constitución para presentarse a un periodo más, cuando ya no estaba habilitado a hacerlo. Es más, hizo un referéndum donde le dijeron que ya no podía, pero no hizo caso. También quieren desacreditar que se demostró que hubo fraude electoral.

La cuestión está en que el periodista, a pesar de tener una ideología o una forma de gobierno que le gusta, no debería mezclarla con la forma en que se presenta la noticia. Esto solo hace que sea parcial.

Y esto no solo se da en este tema. Ocurre principalmente en las famosas cuestiones de género, donde o se está a favor o en contra, y de ahí vienen los análisis demonizando a uno u otro sector, demostrando la total falta de objetividad.

Y no crean que la gente no se da cuenta. Al final, solo hace que el periodismo quede desprestigiado al punto de que tenemos baja credibilidad, lo cual conspira contra nuestra profesión. La credibilidad es el mayor tesoro que tenemos.

La verdad creo que lo que digo no hará mella en mis colegas, porque pareciera que no importa nada. Y eso es preocupante porque el periodismo objetivo, crítico, es lo mejor para la democracia.

Lo que pasa es que el dividir la opinión pública por cualquier tema, muchas veces solo por tener más audiencia, por el ráting, no le hace bien al país, porque no existen análisis reales.

La democracia –creo yo, el mejor sistema de gobierno– va perdiendo el apoyo de la gente, que ve soluciones en proyectos totalitarios, volviendo a etapas ya superadas.

Es aquí cuando el verdadero periodismo debe emerger, decir las cosas por su nombre, despojándonos de las ideologías, e informar en forma veraz, responsable y ecuánime.

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