El nombramiento de un médico como líder del Instituto de Previsión Social (IPS) ha generado expectativas entre los asegurados, pero también ha suscitado una pregunta incómoda: ¿es realmente la falta de un perfil técnico el principal problema de esta institución? Para el economista Hugo Royg, quien estuvo al frente del IPS durante un año y tres meses antes de presentar su dimisión, la respuesta no es tan simple.
“Cuando uno asume una institución pública, las decisiones que se toman tienen impacto político, siempre”, afirmó Royg en diálogo con Monumental 1080 AM.
“Más allá del perfil técnico, la gestión tiene un perfil político al cien por ciento”, acotó.
Royg identifica cinco crisis interconectadas que atraviesan el IPS.
“En primer lugar, está la crisis financiera: los ingresos generados por el programa de salud no alcanzan para cubrir los gastos. En segundo lugar, menciona el modelo asistencial, caracterizado por una organización ineficiente que no responde con rapidez ni continuidad a las necesidades de los asegurados. En tercer lugar, destaca una crisis logística, con compras millonarias de medicamentos cuyos destinos finales son poco claros”.
La cuarta es de mantenimiento y gestión interna. “Finalmente, la corrupción impregna todas estas dimensiones, manifestándose en prácticas como el desvío de bienes, alquileres institucionales por debajo del valor de mercado y adquisiciones innecesarias o sobrevaluadas”, indicó el economista.
Desde su perspectiva, el perfil más adecuado para liderar el IPS no es tanto técnico como político, pero en el sentido más noble del término: alguien con la valentía necesaria para tomar decisiones que inevitablemente incomodarán a intereses poderosos.
“Aquellos que se verán perjudicados por las reformas te atacarán con rapidez, mientras que quienes se beneficien rara vez lo reconocerán en el corto plazo”, advierte Royg, citando las palabras del ex presidente del Banco Central de Chile Vittorio Corbo, quien fue su profesor.
Con base en su experiencia, Royg resalta dos importantes focos de presión: la industria farmacéutica y la clase política. Sobre el primer foco, señala que este sector goza de un desmedido poder político y pone como ejemplo la ley de preferencia nacional, que permite adquirir productos nacionales a precios hasta un 40% más altos que los importados, una situación poco común a nivel mundial, pero que en Paraguay es una realidad.
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En cuanto a la influencia política, recuerda los obstáculos enfrentados en su intento por regularizar procesos como las recategorizaciones del personal mediante concursos públicos.
De los empleados evaluados, cerca de 140 no pasaron las pruebas requeridas y, pese a ello, recibió fuertes presiones para promoverlos.
“La disyuntiva era clara: o promovía a personas que no calificaban o renunciaba. Elegí irme”, comenta.
A pesar del complejo panorama financiero actual, Royg cree que la crisis podría convertirse en una oportunidad para impulsar cambios profundos.
“El mensaje desde el sector empresarial es contundente: hay más necesidades y menos recursos disponibles. Nadie va a querer contribuir más si no hay señales claras de mejora interna”, enfatiza.
Pero estas señales deben ir más allá del director general; también se necesita renovar el Consejo de Administración con personas íntegras y exigir al sector productivo transparencia y competitividad en las licitaciones.
Royg concluye con una advertencia firme: “La transformación del IPS requiere una decisión política clara y firme. El presidente debe estar dispuesto a asumir las repercusiones, incluso si eso significa incomodar a allegados. Y el primer mandatario debe garantizar al titular del IPS su completo apoyo”.
Sin ese respaldo institucional, alerta, ningún técnico honesto podrá sobrevivir intacto ante las fuerzas enquistadas en el sistema.