Unas cuatro pilas, dos cables y el ingenio de quien tiene que sobrevivir con casi nada se alían para una guía impensada de sobrevivencia en una comunidad aislada a tan solo 47 km del área urbana y a 80 km de Asunción. En Banco’i, una pequeña isla de Arroyos y Esteros rodeada por los ríos Paraguay, Manduvirá e Yparaguaymi, la falta de electricidad y agua potable obligó a sus pobladores a inventar soluciones cotidianas para resistir el aislamiento.
Juliana Pereira, de 67 años, vive en Banco’i desde los 20 años. Allí crió a sus 11 hijos y hoy comparte la casa con una de sus nietas.
¿Cómo es vivir sin electricidad? La pregunta surge inevitablemente. Sin decir demasiado, Juliana se acerca a unos estantes y despliega “el artefacto”. Lo hace con una velocidad y naturalidad que evidencian costumbre. Ante la escena, el pedido es inmediato: explicar paso a paso cómo funciona.
Para cargar un teléfono celular utilizan cuatro pilas grandes, de las conocidas como “gordas”, alineadas una junto a otra. Luego conectan dos cables: uno al extremo positivo de la fila de pilas y otro al negativo. Esa conexión improvisada genera la energía suficiente para transferir una pequeña carga al teléfono celular analógico y lograr que vuelva a encender y da para una carga. Además se conecta a una linterna. Para la luz se apoya también del lampium, lámpara a base de querosén.
Con el agua, la solución es servirse directo del río Manduvirá. Juliana advierte “a nosotros no nos hace nada, puede ser que a los que vienen de afuera les enferme, nosotros estamos acostumbrados”, enfatiza.
Juliana entonces baja directo con un balde, lo llena para luego pasar el líquido vital a otro balde haciendo una especie de filtro.
Según comenta Juliana, así se logra que la tierra del río se asiente y repose. Tras este breve proceso, el agua va directo al kambuchi para su consumo.
AISLAMIENTO. A unos 80 kilómetros de Asunción, unas 22 familias viven en Banco Yparaguaymi, conocido como Banco’i, un paraíso natural que muestra su cara más cruel en el abandono estatal, mientras deslumbra por la resiliencia de su gente.
En Banco’i no existen heladeras funcionando de manera permanente, bombas de agua ni servicios básicos regulares. Todo depende del río, el clima y de la capacidad de adaptación.
Juliana muestra que adquirieron un viejo congelador que usan como conservadora llenándolo de hielo, así conservan el pescado que es su fuente principal de mantenimiento y los alimentos familiares. El hielo dura una semana con este sistema comenta.
Con la limitación, el acceso es posible solo por agua y la atención en salud también se hace cuesta arriba. Para llegar a Banco’i se debe pasar por Puerto Olivares, el trayecto continúa durante unos 30 minutos en pequeñas embarcaciones conocidas como “Peque-Peque”. O a través del Puerto Naranhai.
El puesto de salud más cercano es una Unidad de Salud Familiar en Itapirú, si la situación es más compleja tienen que ir a Arroyos y Esteros y si no hay respuesta, Caacupé.
La tierra tampoco ayuda: no es apta para cavar pozos ni para cultivar muchos vegetales, aunque algunas familias logran producir maíz y mandioca. Por esa misma razón el terreno no permite cavar pozos artesianos, según comenta Juliana.
Destaca que comida no falta, el río provee, pero las condiciones no son fáciles. Uno de los principales problemas para avanzar económicamente es la falta de luz.
“Sin la luz no podemos mantener nuestros pescados. Nuestros pescados se funden si los compradores no llegan a tiempo”, comenta.
Rayo solar, salida para unos pocos
José Martínez, de 64 años, es dueño junto con su familia de la única despensa de Banco Yparaguaymi. Para mantener los alimentos, la familia Martínez instaló tres paneles solares que abastecen a un congelador. En el lugar montaron un colector de agua de lluvia que abastece a un tanque.
Don José refiere que cuando no llueve es el río Manduvirá el principal proveedor del agua que consumen. Con la energía desde el panel solar logran conectar un televisor que comparten para ver los partidos del mundial de fútbol.
El poblador cuenta lo que implica ser parte de Banco’i, la mayor parte de su vida la dedicó a la pesca exclusiva, asistió también a la única Escuela Básica Nº 10.260 “Banco Yparaguaymi”.
Recuerda que allí aprendió a escribir su nombre y a firmar. Solo pudo llegar al sexto grado.
Martínez participó para levantar la escuela cooperando como todos. Para Don José, su radio es su refugio y sus esperanzas siguen en ver a Banco’i con luz eléctrica, el vivió toda su vida en la comunidad.
Es el primero en subrayar que fueron varios los políticos que ilusionaron al pueblo y que ninguno cumplió la promesa de la luz.