29 feb. 2024

Historia de vida colmada de amor, bendiciones y agradecimiento

La historia de vida de Leila Henn Melgarejo, Jorge Adrián Araújo Velázquez y Olivia Julieta Henn Araújo resume el significado del vocablo amor, en palabras de sus propios protagonistas.

“La palabra amor para mí, tiene una definición bastante amplia. Por amor, hay muchas cosas que suceden y no suceden, todo lo que hoy soy y somos como pareja con mi esposo y la hija que tengo, se debe a una decisión de amor mucho más grande”, comienza su relato Leila Henn Melgarejo.

Leila siente ese amor desde que su madre del corazón eligió “escogerla” y la adoptó. “Y siempre digo que todo en realidad comenzó con ella, sin ella nada hubiese pasado. Así que si hablamos de amor, me gustaría mencionarla a ella y agradecerle por la oportunidad que me dio en la vida y por amarme”, sostiene.

Fueron tantas las situaciones vividas por Leila que le llevan a concluir que el amor se construye.

“Si aún no estás en pareja y buscas una, no te estreses, todo llega en su momento. Y si estás en pareja y no estás feliz con la vida que estás llevando por muchos motivos, podés tratar de mejorar y si creés que no es lo correcto podés salir de ahí, lo importante es no jugar con los sentimientos y el tiempo de la otra persona”, reflexiona la joven.

Su mensaje es que en pareja se deben compartir gastos y tareas, siempre ser honestos sobre los gustos y disgustos, y sobre todo, respetarse, tener amor propio y cuidarse. “La convivencia es muy importante antes para poder entender y conocer mejor a la pareja”, suma.

Leila conoció a su esposo en el año 2016, en el cursillo para ingresar a la Facultad de Ingeniería. Allí pasó la primera prueba, ya que su familia opinaba que no era el momento indicado para iniciar una relación, ya que eso sería una “distracción”.

Sin embargo, la relación se dio y fluyó, aunque empezó con una amistad, ya que Leila y Jorge eran compañeros. Sus personalidades son muy diferentes, pero muy pronto se complementaron.

Ella era muy comunicativa, aventurera, amiguera invitaba a sus compañeros cosas dulces para merendar que preparaba su mamá. Él era tímido, tranquilo, callado, relajado y terminaron congeniando, estudiando y compartiendo durante el cursillo.

La siguiente dificultad fue cuando Leila ingresó a la facultad y él no, aunque hizo el puntaje que pedía la facultad, los cupos se llenaron. Esto le generó ansiedad y depresión.

“Por los horarios de la facultad y el cursillo nos separamos, en ese momento tampoco tenía una relación familiar muy estable”, recordó Leila.

CONVIVENCIA. Aun con mucho en contra, Leila y Jorge se mudaron a vivir juntos. “No sabíamos qué iba a pasar porque la convivencia suele ser muy complicada, pero realmente hasta hoy día nunca tuvimos ningún problema, en estos ocho años que estamos juntos, jamás nos separamos”. Leila agrega que se llevan muy bien como pareja y no pelean. “Si algo no nos gusta, tratamos de hablar y expresar lo que sentimos y creo que eso nos ayuda bastante”.

El carácter tranquilo de Jorge es un elemento muy positivo para Leila: “Es sencillo hablar con él”.

El joven fue de gran ayuda en el proceso de sanación personal de Leila durante el tiempo que estuvo alejada de su familia, hasta que volvió a conectar con ella tras un año de distanciamiento.

“La persona que ocasionó ese distanciamiento salió de nuestras vidas, pero dejó muchas grietas y en ese transcurso de tiempo, cada uno encontró cómo sanar. Sin ayuda de mi esposo, para mí no hubiera sido posible. Él siempre me apoyó”, recordó.

RESILIENCIA. Leila comenta que aquella situación vivida que produjo el distanciamiento de su familia le ocasionó crisis existenciales. “Siempre fui católica, pero un tiempo hasta me enojé con Dios. No entendía por qué tenían que pasar cosas malas a las personas buenas. Mi fe disminuyó, pero en el fondo siempre creí que las cosas suceden por algo”.

Luego, Jorge ingresó a la facultad, y “estábamos muy felices. Era una de nuestras pequeñas metas”.

En el tiempo que Leila se alejó de su familia tuvo que autogestionar sus gastos, fue vendedora. “Fue supercomplicado ir de puerta en puerta”, confesó.

Situaciones vividas le inspiraron a abrir una tienda online para vender prendas para mujer plus size. “A la hora de buscar prendas, no importa la edad o el gusto, a uno le atrae la variedad y para tallas grandes no había opciones, más que el estilo muy ‘señorial’”.

Con el tiempo, la tienda fue creciendo, Leila hacía los contenidos, recepción de pedidos, y Jorge, los deliverys.

“La tienda fue creciendo tanto que pusimos un local. Después llegó la pandemia y tuvimos que cerrar”.

CAMBIOS. En un momento de la relación entre ambos, ella decidió cambiar de carrera, una vez más, sintió el apoyo de su esposo. “Él siempre estaba ahí para mí, apoyándome en la decisión que yo tomara”.

Tras cinco años de relación, Jorge y Leila formalizaron, se casaron. Actualmente, ambos llevan adelante dos tiendas (Saraki) y siguen estudiando.

Tras el matrimonio empezaron a buscar tener un hijo. “Fue otro momento de prueba, pues no lograba quedar embarazada. Fue un poco frustrante, y cuando ya íbamos a rendirnos, por fin quedé embarazada”.

En esa etapa nuevamente, Leila sintió que su esposo fue un pilar. “Siempre me daba tranquilidad y seguridad. De paso, aprendimos la importancia de no preguntar acerca del porqué hay parejas que no tienen hijos aún”.

El embarazo fue complicado y otra prueba más para Leila y Jorge. Su hija hoy tiene un año. “Admiro a las madres solteras. No sé si hubiera podido sin la ayuda que recibí de mi esposo y nuestras familias”, finalizó.

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