Antonio V. Pecci
Periodista
apecci@uhora,com.py
Con el tercer volumen presentado en octubre pasado, el historiador norteamericano Thomas Whigham (57) culmina un trabajo de más de veinte años centrado en el mayor conflicto bélico de la historia sudamericana, con fundamento en una amplia base documental. Los tres volúmenes, editados por el sello Taurus, se hallan en librerías y fueron publicados a partir de 2010, constituyendo una de las fuentes de referencia más completas y fiables sobre ese dramático evento, que aún sigue concitando el interés, el estudio y, por qué no, la polémica.
Whigham, además de su labor de investigador, dedica su tiempo a la cátedra, siendo profesor de Historia de la Universidad de Georgia, y ha recibido distinciones como el Premio LeConte Memorial para investigación y la distinción Student Government Association Award for Teaching. Debido a sus numerosos trabajos sobre el Paraguay, puede afirmarse que es uno de los destacados especialistas en la materia, lo que le ha valido también ser nombrado Miembro de la Academia Paraguaya de la Historia.
En diálogo con el investigador, él nos comenta que el actual volumen, y el último con el que cierra el tema, abarca desde 1867 --los días previos a la caída de Humaitá-- hasta 1870, “un tiempo en que la guerra era de ejércitos contra ejércitos, pero a partir de esa fecha se convierte en una guerra de supervivencia para el pueblo paraguayo; entonces es más trágica, es más fuerte, va a tocar las emociones de los lectores; pero también ofrece una imagen de cómo se sentían los paraguayos, también se aprecia a los aliados viendo cómo tanta gente moría frente a sus ojos”.
<h2>Un López cambiado</h2>
Es una narración más lenta, problemática, trágica. Estima que abordar temas, el caso de las residentas, yendo a pie hasta la frontera con Brasil, contar cómo fue eso, no fue fácil, pues, alega, no hay mucha información sobre ese aspecto. Encontró material en diarios publicados en Argentina, Brasil y Estados Unidos.
Hay momentos en que se entra ya en un ambiente surrealista, tanto por parte del Mariscal como de los jefes aliados. “Los paraguayos pierden el 60 por ciento de su población debido a las batallas, pero también por hambrunas y el cólera”.
--En su criterio, ¿por qué López no termina la guerra que sabe que ya está perdida, cuando está yendo rumbo a las Cordilleras, hacia el Amambay, habiendo tenido varias ofertas de países amigos para salir?
--Es una obsesión. Los seres humanos somos proclives a rechazar las opiniones sencillas frente a situaciones complejas. No hay que olvidar que hasta 1867 López pensó que los enemigos estaban en frente, pero luego va a pensar que están también en su círculo de familiares y de jefes militares. No es el único caso en la historia. Antes de San Fernando, parece que él comenzó a beber más y se volvió más católico; pasaba más tiempo rezando y hacía erigir una capilla en cada campamento... entró en un mundo que no era muy real. Eso fue un cambio con la etapa anterior. Pero también podemos preguntarnos: si él se había apartado de la realidad, ¿por qué sus generales no lo colgaron? Pero hay que tener en cuenta que con la mentalidad de los paraguayos de la época, eso tiene que ver con quién sabe mandar, el respeto al orden, etcétera... Pero, además, ¿quién entre los otros jefes podría suplantarlo?
<h2>El rol de los ingleses</h2>
El debate en torno al libro de León Pomer La guerra del Paraguay... gira en torno a que los aliados estaban exhaustos a los tres años de la guerra, no tenían ya recursos económicos, y la importancia de los aportes de los bancos ingleses con sus préstamos, que permitieron continuar con la misma. Lo que habría contado con el apoyo del Gobierno inglés de la época.
Nuestro entrevistado opina que alguien que da un préstamo tiene la idea de tener una ganancia después, pero, a medida que duraba la guerra, era difícil obtener ganancia segura. “Hay que tener en cuenta la diferencia entre el Estado y el banco. La política exterior inglesa, en el siglo XIX, en Sudamérica, era de enfatizar el libre cambio. Quiere decir que no hubo razón de que se pusiera en contra del Gobierno de López. Por otro lado, el Mariscal estuvo contento de tener una política de libre cambio en cuanto al comercio con Inglaterra. Si se ven las tasas de importación del país de los años 1860, son todos productos ingleses. No hubo una situación obvia que necesitara ser corregida, mediante la fuerza, por los ingleses. Como sí ocurrió en la intervención de fuerzas británicas en la Banda Oriental durante la Guerra Cisplatina, en 1822.
--¿Qué datos maneja?
--La realidad es que los préstamos se convierten en una cosa importante a los ojos de gente que quiere pintarse como víctima de algo grande, pero porque no quieren asumir sus errores. Este tema entró en el debate ya hacia 1970. Pero, durante la guerra nadie habló de este tema. También López intentó lograr en 1865 un préstamo de bancos ingleses, y no pudo hacerlo debido al bloqueo de los aliados, que no permitían la continuidad de contactos. Los banqueros ingleses, por otro lado, veían como más factible a los aliados para obtener ganancias. Pero, en el caso argentino, el banco que dio más dinero para equipar al ejército de su país fue el Banco de la Provincia, no un banco inglés. Con todo, esta cuestión no es algo clave para explicar el proceso de la guerra.
--Que al final se convierte en una tragedia...
--Sí, como algo shakespeariano. Fue lo peor de todo. A unos jóvenes de colegio, aquí, en una charla, les comentaba que al estudiar la Segunda Guerra Mundial siempre se habla de la pérdida de vida de los soviéticos, pues ellos perdieron el 12 por ciento de su población; en cambio, Paraguay perdió al 60 por ciento... Es una gran diferencia, un caso único en las guerras modernas. Por otra parte, en el Paraguay la gente se acostumbra a hablar de las grandes figuras, de los héroes, pero yo trato de enfatizar en este volumen a la gente común. Creo que los paraguayos están de acuerdo con que hay que mirar de nuevo a la gente que realmente sufrió, ese pueblo que vivió una tragedia terrible. No hay respuestas simples.
El país de la posguerra.
--El país quedó devastado, pero no se desintegró, como muchos pensaban...
--Sí, es cierto, el país quedó arrasado por la guerra, sumido en la extrema pobreza. Para muchos extranjeros que visitaron el país, como Richard Burton, la realidad era horrorosa. Es cierto que la República no se desintegró, pero su economía quedó colapsada. El 99 por ciento del ganado había desaparecido y la agricultura, base de la actividad económica, se recuperaría después de muchos años. Además, el país perdió 150.000 kilómetros cuadrados de su territorio a manos de Brasil y Argentina, y tuvo que afrontar indemnizaciones. Pero, en términos demográficos es donde radica el mayor daño que sufrió el país, con la pérdida de más de 250.000 personas En los pueblos de la Cordillera o caminando por Luque, se percibía la ausencia de hombres. Se manejaron diversas cifras sobre las pérdidas humanas, pero en 1990 salió a luz un censo de 1870-1871, que había permanecido inadvertido en los archivos del Ministerio de Defensa, el cual evidenció la magnitud de las pérdidas y puso punto final a las discusiones sobre este punto.