El economista Víctor Raúl Benítez sostuvo que el déficit fiscal real del país se ubicaría en torno al 4% del producto interno bruto (PIB) y no en el nivel reportado por el Gobierno. Según explicó, la diferencia se debe principalmente a las deudas del Estado con proveedores que, a su criterio, deberían registrarse dentro del resultado fiscal.
El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) sostiene que el déficit fue de 2% al cierre de 2025 y que se mantiene dentro del plan de convergencia establecido por la Ley de Responsabilidad Fiscal, que prevé una reducción gradual hasta llegar al 1,5% del PIB.
Explicó que su estimación se basa especialmente en las obligaciones acumuladas que tiene el Gobierno con proveedores de salud y de la construcción, sumándose intereses financieros por facturas que las firmas habrían descontado previamente.
En ese sentido, sostuvo que, con base en el manual de estadísticas de finanzas públicas del Fondo Monetario Internacional (FMI), los bienes o servicios ya recibidos por el Estado deben registrarse como parte del gasto público, independientemente de que el pago aún no se haya realizado. “Es claro que existe una estrategia deliberada de cumplir con algunos compromisos que se han probablemente establecido con el FMI, con las calificadoras que dan el grado de inversión, calificadoras de riesgo país, etc. Ellos entonces utilizan este artificio de evitar inflar el déficit fiscal en su medida real”, afirmó.
Mientras tanto, Benítez aclaró que un déficit fiscal elevado no necesariamente implica un problema económico, pero que su impacto depende de su uso. Señaló que cuando el déficit se utiliza para financiar inversión pública, como rutas, escuelas u hospitales, finalmente puede tener efectos positivos sobre la economía, tal y como ocurre con la deuda pública.
“Un déficit fiscal no es el fin del mundo, es como la deuda, que es neutra. El déficit fiscal es neutro, no es ni bueno ni malo, la deuda pública tampoco es buena ni mala, depende de en qué se aplicó. Si es un déficit para una inversión endógena, eso quiere decir para una inversión física, tangible, entonces el déficit fiscal es virtuoso”, explicó.
No obstante, advirtió que esto cambia cuando el endeudamiento o el déficit se utilizan para financiar gastos corrientes. Sobre esa línea, cuestionó que las emisiones de bonos soberanos se hayan usado para cubrir subsidios u otros gastos operativos.