Durante la misma de este tercer domingo de Cuaresma, el obispo de la Diócesis de Caacupé, monseñor Ricardo Valenzuela, lanzó un fuerte mensaje al advertir que la sociedad tiende a marginar, juzgar y rechazar a quienes enfrentan dificultades personales o sociales, lo que —según dijo— obstaculiza la convivencia y la esperanza comunitaria.
En su homilía, Valenzuela centró su reflexión en el evangelio del día, el relato del encuentro entre Jesús y la mujer samaritana junto al pozo de Sicar, subrayando que Jesús rompió prejuicios sociales al acercarse a alguien que era excluida por su entorno.
“El evangelio nos muestra cómo Jesús supera la hostilidad existente y se acerca a una persona que socialmente era rechazada”, declaró el obispo. “Muchas veces hacemos lo contrario: marginamos, recordamos constantemente el pecado del otro, lo humillamos e incluso hacemos bullying”, agregó en una clara crítica a la cultura de la exclusión.
Valenzuela remarcó que la fe no debe quedarse en simples palabras o prácticas externas, sino traducirse en actitudes que favorezcan la solidaridad, la inclusión y la compasión hacia los más vulnerables.
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Obispo pide a fieles confrontar la discriminación
“La misericordia es más grande que el prejuicio. Eso tenemos que aprender bien”, sostuvo el religioso, instando a los fieles a confrontar comportamientos discriminatorios dentro de la comunidad y en la sociedad en general.
El obispo explicó que en el relato bíblico —que forma parte de la liturgia de este domingo de Cuaresma— Jesús no solo pidió agua a la mujer samaritana, sino que también reveló su dignidad y dignificó su historia, invitándola a una vida transformada por la fe.
“Todo encuentro con Jesús cambia la vida. Siempre es un paso adelante, más cerca de Dios”, afirmó Valenzuela, al tiempo que destacó que la mujer, tras ese diálogo, dejó su cántaro —símbolo de su pasado— y salió a compartir su experiencia con los demás.
Para el obispo este gesto representa la necesidad de que las personas dejen atrás actitudes y cargas que dificultan la vida comunitaria, especialmente aquellas que se traducen en rechazo, estigma o indiferencia.
Además, Valenzuela señaló que el tiempo de Cuaresma —en el que se enmarca la celebración litúrgica— es un momento propicio para revisar la vida personal y social, y para decidir fomentar “una cultura de acogida” que atienda más a las necesidades humanas que a las apariencias externas.
El mensaje concluyó con el llamado a ser agentes de paz y reconciliación, y a luchar contra cualquier forma de discriminación que divide a las comunidades y socava la fraternidad social.
La homilía de monseñor Valenzuela busca así poner en el centro de la discusión no solo la fe personal, sino también cómo esa fe se traduce en acciones concretas que impacten positivamente en la vida de los demás.