No obstante, dijo que con grupos criminales como el clan Rotela, “es natural que cuando se neutraliza a sus jefes, habitualmente otros miembros asuman ese rol”.
Aseguró que por lo tanto es muy prematuro especular si es un golpe definitivo a su organización. Además, mencionó que “ el control que hoy recuperan las fuerzas de seguridad en Tacumbú es el control que el poder político cedió”.
Dijo que una reforma debe contar entre sus medidas más importantes, la depuración del personal asignado a las penitenciarias y la erradicación de toda práctica de colusión entre delincuentes y autoridades.
“La política de Estado debe tener una visión integral del combate contra el crimen organizado en todas sus formas, pero principalmente en la erradicación del vínculo existente entre política y la delincuencia o el crimen”, manifestó. Señaló que no hay que olvidar que existen otras organizaciones criminales aún más peligrosas que hoy controlan gran parte del sistema penitenciario.
Aseveró que el desafío es sostener la voluntad política “para enfrentar estas amenazas, empieza hoy”. “Si no es así, habrá servido de poco”, aseveró e indicó que una reforma, dependerá de otras medidas que se deben tomar en materia de lucha contra el crimen organizado, de forma integral, la gestión del sistema penitenciario y el combate al propio grupo de Rotela dentro y fuera de los penales, así como de todos los grupos criminales que someten al sistema penitenciario. “Además, en una reforma del sistema penitenciario tiene mucho por hacer también el Poder Judicial”, dijo y citó como un problema el abuso de la prisión preventiva. “Un abuso que nos deja el 70% de la población privada de la libertad sin condena”, finalizó.