En este 2026 las elecciones municipales encuentran a las ciudades paraguayas en un estado calamitoso. Si esto fuera una evaluación del desempeño de intendentes y concejales se podría decir que la institución municipal no sirve para absolutamente nada. Podría desaparecer. Nadie se daría cuenta de que el intendente Bello, por ejemplo, en Asunción, hoy no se fue a trabajar. Los pueblos y villas que existen en el Paraguay no son ciudades, son aglomerados urbanos desordenados, muchos de ellos con rasgos rurales en algunos casos semisalvajes (vean las zanjas espantosas de las obras inconclusas de los bonos de Asunción que aparecen en la investigación de ÚH), sin servicios públicos, o con una infraestructura física y social totalmente deficitaria, dentro de un Estado que según las calificadoras internacionales tiene grado de inversión. ¡Nderasóre, allez! Disculpen mi pésimo francés en modo interjección. Como decía Jaime Lerner, tres veces intendente de Curitiba y dos veces gobernador del estado del Paraná, el genio del Metrobus exitoso desde 1974 y de otras acupunturas urbanas:
La atractividad de una ciudad, o de un país, no está dada por sus bajos impuestos y su mínima carga laboral, está dada por la calidad de vida de sus ciudadanos. Punto. Yo le agregaría lo que afirma Roberto Mangabeira Unger, el filósofo brasileño que enseña en Harvard, que la grandeza de una nación no está dada por la extensión de su territorio ni por la cantidad de su gente, está dada por la profundidad de sus raíces morales. De ahí, vendrá la calidad de vida. Por eso es por lo que, al vivir en ciudades paraguayas, somos liliputienses.
Energía
Los cortes de energía sufridos en la semana pasada son una muestra representativa de la calidad de vida que sufre la población. La heladera que ya estaba vacía se quedó sin energía. Según el Banco Mundial, Notas de Política Paraguay 2018, ya en esa época, en un eje cartesiano en escala logarítmica, el Paraguay era uno de los países con mayor cantidad y duración de cortes de energía de todo el mundo. Al lado de Argentina y Honduras y solo superado en esa doble calamidad por Guyana, Nicaragua y Rca. Dominicana. El documento de la ANDE 2024, que contiene el Plan Maestro I de Generación 2024-2035, el Plan Maestro II de Transmisión 2024-2033, el Plan Maestro III de Distribución 2024-2033 con Anexos IV y V de TIC y Plan Maestro de Reducción de Pérdidas 2025-2028, respectivamente, todos estos documentos representan a una obra maestra, valga la redundancia, que duerme el sueño de los justos. El total necesario de inversión en la ANDE para los periodos arriba expuestos suma alrededor de 11 mil millones de dólares, sin posibilidades de implementación en manos de esta casta política que hoy gobierna el Paraguay, ineficiente y corrupta.
En sus Notas de Política Paraguay 2018 el Banco Mundial advertía: “La abundancia de energía hidroeléctrica provocó una cultura del auge de la energía”, que respalda la idea de recursos baratos y, en consecuencia, servicios baratos. Esta cultura de abundancia hace que sea difícil implementar aumentos de tarifas y estrategias de eficiencia energética. Esta tendencia, si no cambia, probablemente dará como resultado un aumento continuo de las importaciones de hidrocarburos, una disminución de las exportaciones de electricidad, una reducción en la calidad de los servicios de electricidad y el agotamiento de los recursos forestales. Todo esto probablemente dará como resultado una reducción de los recursos fiscales, una presión sobre el déficit de la balanza de pagos, una reducción de las industrias intensivas en energía en el país, dificultades para poblaciones vulnerables e industrias para obtener biomasa y la destrucción de los bosques nativos remanentes. Para revertir estas tendencias, el país necesitaría invertir en infraestructura para mejorar la calidad del servicio, reducir el ritmo de crecimiento de la demanda de combustibles y electricidad, y reducir la dependencia de la biomasa para fines energéticos”. Las tarifas de energía son precios políticos, no compensan los costos de operación más las necesidades de inversión y reinversión para expandir la cantidad y la calidad de las redes de distribución y transmisión. Y la generación puede ser insuficiente dentro de pocos años. Los cortes seguirán, conspirando contra la productividad del aparato productivo nacional y la calidad de vida de la gente con más de 45 grados de calor en el verano. El Banco Mundial es contundente: La actual infraestructura de la ANDE es deficiente, tanto la de transmisión como la de distribución, su confiabilidad es baja, con alta frecuencia y duración de interrupciones, así como también con una alta incidencia de pérdidas de electricidad (30 por ciento), todos estos factores ejercen una presión innecesaria sobre la red y esto afecta directamente las posibilidades de desarrollo de la industria en general y la posibilidad de instalar industrias electrointensivas.
Toda la población sufre problemas de provisión de energía de calidad. Alrededor del 40 por ciento de la matriz energética del país es biomasa. El presidente Peña falta a la verdad en el exterior al decir que el aparato productivo nacional es totalmente movido con energía renovable. La crisis energética es el resultado de un pacto tácito que existe en una sociedad adormecida con relación a mantener un país low cost, sin inversión infraestructural, con bajísimos impuestos, recaudación ineficiente y mala calidad del gasto, administrado por una clase política cualitativamente pésima y mayoritariamente corrupta.
Agua, saneamiento y educación
En un país con una enorme riqueza hídrica en cuya identidad guaranítica figura la palabra “agua”, según la Unicef, apenas el 14 por ciento de todos los hogares del país tiene acceso a una red de alcantarillado sanitario. Los problemas de salud derivados de esta deficiencia son enormes. La clase política paraguaya atenta contra la vida de sus ciudadanos. Según Jordan Schwartz, ex director del Banco Mundial, hoy en el BID, en artículo titulado como El costo de no invertir, publicado en ÚH en fecha 21/08/21: “La falta de infraestructura en saneamiento y de acceso al agua de calidad produce enfermedades o muertes que implican una pérdida anual equivalente a 10,6 años de vida. Se estima que la falta de estos servicios es equivalente a una pérdida anual de un 1,63 por ciento del PIB, a raíz de una serie de consecuencias como la pérdida de productividad, altos costos de tratamientos médicos por problemas de salud. Asimismo el crecimiento equitativo requerirá nuevas inversiones en capital humano. Cuando los países no invierten productivamente en capital humano, los costos son enormes, sobre todo para los empobrecidos. Por cada dólar que no se invierte en la educación de la primera infancia, Paraguay pierde entre USD 6 y USD 12 de rentabilidad social y privada”.
El agua es un tema gravísimo. El lago de Ypacaraí supercontaminado es el monumento. Menos mal que las élites económicas y políticas se están refugiando en San Bernardino y Altos en casas montañosas y barrios cerrados con sus lagos artificiales, luego de destruir la joya lacustre natural. Según el Banco Mundial, con más del 90 por ciento de la población conectada a servicios de agua corriente, solo el 73 por ciento de la población con conexiones domiciliarias recibe servicios continuos (24/7) y solo el 65 por ciento de la población atendida recibe agua adecuadamente desinfectada. Por otra parte, apenas, entre el 7 y el 11 por ciento de las aguas residuales es actualmente tratada en Paraguay, posicionando al país muy por detrás de otros países de ingresos medios de América Latina y el Caribe como Perú y Colombia (32 y 35 por ciento de tratamiento, respectivamente).
Conclusión
El Paraguay frena su inversión en infraestructura en el 2013, cuando el primer gobierno del movimiento HC. Ahora, en el segundo mandato HC, por encargo a SP, en la búsqueda de cumplir con la regla fiscal del -1,5 % del déficit sobre el PIB, también se está frenando la mitigación de la catastrófica situación infraestructural de las ciudades y ni hablar del área rural, como también están insuficientes los gastos sociales en salud y educación. Este es un pueblo abandonado por su Gobierno. No hay plata, ni habrá plata porque nadie quiere pagar impuestos. La reputación de la política se refleja en las recaudaciones y el incremento de la deuda. El pacto social está roto, con apenas 11 por ciento de presión tributaria. Vean este cálculo. El crecimiento de la deuda pública y de los intereses llegan a niveles exponenciales. El total de la deuda pública hoy es de 20,250 millones de dólares, alrededor del 42 por ciento del PIB. En el 2013 era de 5.200 millones USD, cerca del 10 por ciento del PIB. Se multiplicó por más de 4 veces en poco más de una década. La recaudación 2025 fue de apenas 6.445 millones USD, con un crecimiento de los recursos genuinos del Estado de apenas 8,5 por ciento; luego, con una inflación del 3% y un crecimiento del PIB del 6%, el crecimiento real de las recaudaciones fue nulo, cero. La tasa promedio de la deuda es de 5,5 por ciento anual, esto significa 1.020 millones de dólares por año como pago de intereses. Luego, la carga de intereses sobre la recaudación es de 15,8 por ciento. El presupuesto total del Ministerio de Salud para el 2026 de medicamentos e insumos es de 417 millones de dólares, menos de la mitad de lo que se gasta en intereses de deuda. Una verdadera miseria.
Ni un solo político, debería ser la consigna para el 2028. La sociedad debe recurrir al poder que ella tiene para salvarse a sí misma, conformando un grupo que tome el poder desterrando a la política tradicional. Los paraguayos, al votar a quienes hoy están, están siendo víctimas de su propia trampa. Los que tienen poder tienen miedo a que la gente se organice. Por eso, no hay redes de confianza, confiabilidad y asociativismo, capital social. Más organizaciones sociales significa menos poder para los políticos. Es mejor no tener experiencia política para cambiar este país. Porque si experiencia política es esto que vemos por ahí, es mejor no tenerla. Los paraguayos de a pie no saben todavía el poder que reside en ellos mismos, si están organizados, articulando sus intereses. Mientras la política sea la principal actividad privada con fines de lucro del Paraguay y la casta mafiosa no sea destronada, no habrá calidad de vida. La gente debe entender que se necesita menos Maquiavelo para devolver al Estado su naturaleza pública y mejorar la calidad gerencial del Gobierno. Sólo así se saldrá de este Estado calamitoso. ¡Saludos cordiales!