Un verano caluroso y húmedo, y colinas de pendientes empinadas y no tanto. Abundan en Asunción, pero no son obstáculos tan grandes como para disuadir a quienes, cada vez en mayor número, utilizan la bicicleta como transporte habitual.
Los beneficios que implica andar en bicicleta, no ya como actividad recreacional sino como medio para ir al trabajo, no son pocos, según los entusiastas usuarios de este vehículo. “Tengo un poco de actividad física entre tanto sedentarismo, aparte de ahorrar en combustible y no perder tanto tiempo en caminar al trabajo. Generalmente llego en menos de 10 minutos”, afirma César Cabrera, periodista de Última Hora.
Acude a su lugar de trabajo en bicicleta desde enero y de esta manera recorre por día unos cuatro kilómetros. No es la primera vez que apela a este medio de transporte, pues en el pasado ya lo había hecho. Y este año retomó lo que considera “una sana costumbre”.
También ciclista desde hace un par de meses, Alejandro Recalde viaja en bici todos los días desde Juan de Salazar y General Santos hasta su lugar de trabajo: el Ministerio Público, ubicado en Chile e Ygatimí. Y destaca como ventaja el ahorro de combustible y de estrés.
“Como es un vehículo liviano y que no ocupa espacio, me dejan meterla en el estacionamiento de la institución donde trabajo, con lo que no pierdo tiempo buscando un lugar donde estacionar, como cuando voy en automóvil.
Y el principal beneficio es la salud, porque uno llega más desestresado”, destaca.
Claudia Ocampos es otra periodista que opta por usar la fuerza de sus piernas para trasladarse a su puesto laboral y lo hace desde hace dos años. Todo empezó cuando una compañera de trabajo la invitó a dar paseos en bicicleta, a lo que de inmediato respondió que sí ,porque le “encantó” la idea.
Se compró una y al poco tiempo de tenerla pensó que podría ser una buena decisión ir al trabajo pedaleando. “Y así fue como adquirí el buen hábito de usarla como un medio de transporte, todos los días. Vivía en San Lorenzo y debía cruzar varias vías alternativas para llegar a mi oficina en Asunción. En ese entonces trabajaba en una consultora de medios”, relata.
Claudia cambió de trabajo pero no de costumbre. Considera ventajosa su manera de desplazarse, pues su viaje dura 30 minutos, mucho menos que el de más de una hora que le toma en bus. “Además, me ejercito temprano y me libro del estrés de esperar el colectivo, subir y estar medio aplastada entre la gente, soportar el tráfico, lento y caótico. Y ahorro en pasajes”, destaca.
Iniciativa privada
No son los únicos. Al contrario, forman parte de una legión cada vez más numerosas, a la que también se están empezando a adherir incluso empresas privadas, como Entretenimientos del Sur, una firma de casinos que adoptó una política inusual en el país: incentiva a sus empleados a trasladarse de su casa al trabajo y viceversa, en este medio de locomoción. Y hasta les ofrece un sobresueldo por hacerlo.
Rafael Gómez Gauto, gerente de Marketing de la empresa, explica que la idea nació en el departamento que encabeza, luego de haberse enterado de que la tendencia va ganando terreno en otros lugares, por lo que decidió presentar a los directivos la propuesta.
Buscaban solucionar un problema que los tenía preocupados: el casino abre sus puertas las 24 horas y algunos de los empleados, moradores de localidades del área metropolitana tenían serios inconvenientes para encontrar transporte público pasadas las 22.00.
Uno de los miembros del personal ya acudía a trabajar montado en su bicicleta por lo que la idea de extender esa costumbre podría ser factible, pensó Gauto. Entonces, desde Márketing lanzaron la idea y los directivos la aceptaron. Y presentaron el plan a sus empleados, con la expectativa de que al menos 10 de los 26 operarios se adhirieran a él.
Las previsiones superaron las predicciones y 22 trabajadores aceptaron la oferta. La empresa cerró un acuerdo con una distribuidora de bicicletas de primera calidad y los vehículos fueron cedidos a los empleados con un descuento de entre el 20 y el 30%, además de fraccionar el pago en 12 cuotas.
Con el plus salarial de 250.000 guaraníes, a los que adquirieron su biciclo les salía prácticamente gratis el vehículo. Los que ya poseían una bicicleta también reciben el adicional, que los demás también cobrarán en efectivo una vez saldada la compra.
La empresa puso como condición para ser beneficiarios de este plus, que los empleados asistan por lo menos 20 días al mes en bicicleta y que lo hagan con los cascos, los chalecos y las luces que les fueron suministrados.
“Llegan al trabajo más distendidos, con una sonrisa, con mejor espíritu, desestresados, comentando las anécdotas del viaje. Y encima la gente ve el logo de la empresa en las remeras y sabe que somos pioneros en una actividad saludable y amigable con el medioambiente. Desde el punto de vista del márketing esa es una gran ventaja”, comenta Gómez Gauto. Como se ve, un negocio redondo.
Obstáculos
Ciclistas convencidos, nuestros entrevistados encuentran beneficios suficientes en sus hábitos como para continuar ejercitando la saludable práctica de pedalear, pero no dejan de observar los aspectos menos ventajosos, entre los que destacan la falta de duchas en los lugares de trabajo, algo indispensable para quienes andan en bicicleta pues al final del viaje suelen quedar transpirados, especialmente en verano.
“Lo malo es la cantidad de pendientes que hay en Asunción, sobre todo para mí porque no tengo una bicicleta con cambios. Y el hecho de que tampoco hay un estacionamiento de bicicletas es un problema pues tengo que estar poniéndole candado y atarla a una columna, que por suerte está en la entrada de mi laburo; pero igual es arriesgado”, se queja César.
La transpiración y la ausencia de un lugar acondicionado para darse una ducha son también inconvenientes mencionados por Alejandro, quien sin embargo minimiza los efectos del calor del verano saliendo de su casa “bien temprano”, aunque reconoce que “con el clima de nuestro país es bastante difícil no transpirar”.
Claudia también resalta otros obstáculos con los que los ciclistas deben lidiar todos los días como carecer de vías o rutas adecuadas para trasladarse con seguridad. “A pesar de usar casco, guantes, luces y el equipo necesario de protección, las calles son como puertas al infierno, cualquiera atenta contra tu vida. Si al menos contáramos con bicisendas podríamos transitar con más armonía todos los medios de transporte”, afirma.
En términos similares se expresa Ricardo Treithamer, un aficionado a las bicicletas, creador del grupo Paraguay en bici, quien opina que la profusión de colinas en la capital y alrededores no son obstáculos insalvables pues “con una semana de pedaleo el cuerpo ya se acostumbra; al ejercitarse uno desarrolla los pulmones y así tiene más oxígeno y puede subir las colinas”.
En cuanto a la transpiración, Treithamer afirma que es inevitable en un país con muchos días calurosos y húmedos en el año, pero asegura que quienes viajan en colectivos en esos días no transpiran mucho menos que los ciclistas.
El entrevistado recomienda a quienes usan la bici como medio de transporte diario que adquieran las que tienen portabultos y guardabarros, modelos que no abundan en las tiendas del país.
Estos elementos son necesarios porque aún transitando por calles en buenas condiciones no se puede evitar ensuciarse la ropa, lo que se puede minimizar con un modelo con guardabarros. Y el portabultos sirve para ubicar en él la mochila, lo que también alivia el calor y la incomodidad.
Conciencia vial
Otro punto de coincidencia de los entrevistados es que en Paraguay no existe una cultura de respeto hacia el ciclista ni hacia quienes se desplazan en moto. Para cambiar eso es necesario educar a los niños desde los seis años en instrucción vial haciendo hincapié en el respeto a quienes andan en bicicleta.
Esto es algo que en países como Alemania (adonde fue Treithamer para aprender cómo organizar bicisendas) forman parte del programa de estudios de los escolares. Como complemento, las bicicletas tienen prioridad de paso frente a otros vehículos. Y adicionalmente las multas por violar las normas en cuestión son onerosas, tanto para los ciclistas como para los conductores de otros rodados.
Treithamer también recomienda a los que optaron por pedalear, hacerlo con cascos, chalecos que hagan más visibles a los ciclistas, e incluso anteojos, de modo a tener un aspecto llamativo para quienes andan en vehículos motorizados. Y no sobrepasar los 15 kilómetros por hora.
Un aspecto que no puede ser dejado de lado es la adecuación de las calles de Asunción para poder transitar por ellas en bicicleta con mayor seguridad, y en ese sentido es indispensable la construcción de bicisendas.
Óscar Daniel Acosta, de la dirección de Juventud y Deporte de la Municipalidad de Asunción, señala que la intención de la actual administración comunal, apunta a convertir a Asunción en capital verde de Iberoamérica, idea que tiene como elemento fundamental el incentivo del uso de bicicletas.
Para ello se ha diseñado una red de bicisendas que busca integrar una malla de vías por las que puedan circular. A ese efecto se adecuarán las calles dejando una senda de 2,15 metros de ancho exclusiva para las bicis, con un separador cementado de 15 centímetros de alto como protección contra los demás rodados.
Asimismo, a través de ordenanzas municipales se exigirá que los edificios públicos y privados incorporen duchas y vestidores para los ciclistas y estacionamientos para bicicletas. El ambicioso proyecto espera concluir en un lapso de tres a cinco años.
La iniciativa empezó a rodar y la marcha todavía es lenta, pero todo apunta a que Asunción se convertirá a mediano plazo en una ciudad con menos contaminación, con habitantes más saludables y, por qué no, más educados. Valdrá la pena cualquier esfuerzo en ese sentido.
Texto: Carlos Darío Torres
Fotos: Javier Valdez.