Nosotros tenemos, quizá, el peligro de no darnos cuenta cabal de lo cerca de nuestras vidas que está el Señor, “porque Dios se nos presenta bajo la insignificante apariencia de un trozo de pan, porque no se revela en su gloria, porque no se impone irresistiblemente, porque, en fin, se desliza en nuestra vida como una sombra, en vez de hacer retumbar su poder en la cima de las cosas...
“¡Cuántas almas a quienes oprime la duda, porque Dios no se muestra de un modo conforme al que ellos esperan!...”.
Los Magos abrieron sus cofres y le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Los dones más preciosos del Oriente; lo mejor, para Dios.
También le ofrecemos el oro fino del espíritu de desprendimiento del dinero y de los medios materiales. Le ofrecemos incienso, el perfume que, quemado cada tarde en el altar, era símbolo de la esperanza puesta en el Mesías. Y, con los Reyes Magos, ofrecemos también mirra, porque Dios encarnado tomará sobre sí nuestras enfermedades y cargará con nuestros dolores. La mirra es “el sacrificio que no debe faltar en la vida cristiana”. Pero no penséis que reflexionar sobre la necesidad del sacrificio y de la mortificación signifique añadir una nota de tristeza a esta fiesta alegre que celebramos hoy.
“Los Reyes Magos tuvieron una estrella; nosotros tenemos a María Stella Maris, Stella orientis”.
(Frases extractadas del libro Hablar con Dios de Francisco Fernández Carvajal)