09 oct 2026

Entre el folclore juvenil y la autoayuda musical

Juventudes

Hace un año escribí en mi cuenta de Instagram sobre La vida era más corta, el hermoso álbum del compositor e intérprete argentino Milo J. Encontré entonces “canciones bellísimas, de una alta poética callejera, en donde la chacarera o el carnavalito se dan la mano con el trap o el tango”; un disco con canciones que “tienen casi siempre un trasfondo de clase inocultable, una cosa de barrio y de pobreza y dignidad que se agradece ante tanto artista de vida millonaria cantándole a su vida millonaria”.

Ahora Milo J, luego de un éxito arrollador de este disco que “reconcilió” sorprendentemente a los muy jóvenes de las ciudades de Argentina con el folclore rioplatense de sus abuelos, ofrece varias de aquellas canciones en versiones con otros artistas y un vídeo de 30 minutos grabado en vivo en una barcaza sobre las aguas del Río de la Plata.

El resultado es una belleza absoluta de sonido y autenticidad, una oda al día de hoy, pero sobre todo al peso sostenedor de una tradición. Se trata de una obra transgeneracional que contacta los centros de la música urbana con los centros de la música rural, periférica, a través de los únicos puentes que históricamente permiten este vínculo: los jóvenes.

Como una vez le dije a alguien, cuando Milo J dio un concierto memorable no en Cosquín Rock, sino en el primigenio Cosquín, el del folclore: “A diferencia de Charly, no se fue a llevarles rock de Buenos Aires a los ‘provincianos’, se fue a llevarles folclore directamente”. Charly o Fito Páez fueron al Cosquín folclórico pero no llevaron folclore a los jóvenes; Milo J, sí: Niños y niñas cordobeses de diez o doce años lloraban entonces con el 6x8 de algunas canciones, como este año lloraron en el Puerto de Asunción, frente al río Paraguay, miles de jóvenes paraguayos que fueron a escucharlo.

“Jangadero”, que es como se llama el video en vivo en cuestión, está lleno de colaboraciones felices, que ni hace falta citar los artistas que “intervienen”.

Hace un año concluí que “la diversa música en castellano de los jóvenes de hoy a lo largo de América Latina experimenta una eclosión riquísima”. Sigo pensando cada día más lo mismo.

SÉ QUE ESTÁS SUFRIENDO

Tengo para mí que “I Know You’re Hurting”, de Raye, es una de las más bellas canciones que se dieron a conocer este año, y su disco, THIS MUSIC MAY CONTAIN HOPE, también. Su voz “sin pulir” es uno de esos regalos naturalmente sofisticados que nuestro oído no siempre acostumbra a recibir en un tiempo “artificialmente sofisticado”, donde es difícil discernir ya la autenticidad del epígono digital.

(En este sentido, Rosalía es un buen ejemplo me parece de esta voz femenina y esta forma “étnica” de cantar que pilló el pop como lo que es: una esponja entre la cultura popular, la culta y la masiva, sobre las que se sostiene el sonido).

Es una canción solidaria contra la depresión, con un trasfondo religioso explícito pero sutil. Es un disco optimista en un sentido no convencional: esta música contiene esperanza. ¿La esperanza es reaccionaria? Creo que no. La ilusión es reaccionaria, pero aquí hay poco de esto.

Raye es compositora, y como tal es una creadora de melodías muuuuy sofisticadas, complejas (los más grandes del pop y del rock, como Paul McCartney o Charly García, hacen esto), unas melodías rotundamente emotivas: para el juego o la tristeza. Te atrapan cuando menos lo esperás, y suelen asaltarme súbitamente en cualquier lado: ya me encuentro, de repente, tarareando una canción suya mientras camino por 15 de Agosto y Presidente Franco. Es pop en todo sentido la música de Raye, pero es jazz a la medida inteligente y comercial de Montreux también. Hay Broadway en ella, además, y esto es decididamente central en su propuesta. Y su dicción del inglés en esas armonías vocales... ¡awwwww!

“I know you’re hurting” la compuso tras tener una charla sobre salud mental masculina con músicos hombres de su banda. Es una exhortación a hablar del dolor, a abrirse a la ayuda. No tiene nada nuevo, es cierto, pero... ¡cuánta actualidad y cuánto sonido terrenal a la vez que celestial!

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