10 sept 2026

Energía: Necesidad de inversión es similar a la deuda externa del país

En alerta. La seguridad energética del Paraguay está en riesgo y urgen acciones inmediatas.
Periodo. Expertos coinciden en que los periodos de abundancia energética llegaron a su final.

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Imagen de Referencia

Foto: Archivo ÚH.

Especialistas advierten que el país se acerca peligrosamente a su punto de inflexión crítico hacia 2030 en materia energética, enfrentando desafíos de financiamiento, negociaciones binacionales complejas y la urgente diversificación de su matriz eléctrica.

El Paraguay se encuentra ante una encrucijada histórica que pondrá a prueba su soberanía, su economía y su capacidad de planificación estratégica. La seguridad energética que caracterizó al Paraguay durante décadas ve de cerca la llegada de un lapso crítico proyectado para entre los años 2028 y 2030.

Expertos técnicos de los sectores público, privado y académico se reunieron recientemente en el marco del foro denominado “Energía eléctrica para asegurar la continuidad del desarrollo en Paraguay” y concluyeron que el periodo de energía abundante, limpia y barata ya llegó a su final. El país necesita de una urgente diversificación que supondrá mayores costos de generación.

El ingeniero Francisco Escudero, quien hasta mediados del 2026 fue director de Planificación de la ANDE, afirmó que más que hablar de planificación, se debe hablar de seguridad energética y de reaccionar ante el déficit contratando capacidad adicional para poner en marcha el plan maestro. Este plan contempla una mezcla de tecnologías y metodologías innovadoras enfocadas en cubrir la curva de carga diaria, la cual presenta dos picos: el pico de la noche, que se cubre con potencia firme, baterías o energía térmica, y el pico de la tarde, que puede ser cubierto por paneles solares. Asimismo, reconoció que las planificaciones de inversión iniciales pasaron de USD 3.000 millones a montos que oscilan entre los USD 11.000 millones y USD 18.000 millones, cifras comparables con el 80% de la deuda pública (USD 22.208 millones) y casi el 100% de los compromisos externos (USD 18.397 millones).

En cuanto al aspecto jurídico, Escudero señaló que es necesario repensar el monopolio de la ANDE, recordando que si bien la transmisión y la distribución son monopolios naturales, la generación nunca lo fue. Esto dado que la ANDE no cuenta con recursos para invertir en nuevas fuentes. Afirmó que el sector privado debe asumir un rol fundamental para invertir, operar y poseer plantas de generación.

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Francisco Escudero

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Héctor Richer Becker

Por su parte, el ingeniero Héctor Richer Becker, quien participó en el foro en representación del Instituto de Profesionales Paraguayos del Sector Eléctrico (IPPSE), aseguró que el primer gran desafío consiste en superar ese plazo crítico evitando un colapso por déficit de potencia y energía, un riesgo latente si el Estado no toma decisiones firmes y oportunas en el corto plazo.

“Hasta ahora no hemos sentido ese drama porque teníamos una fuente inmensa de generación como Itaipú y Yacyretá, y no nos preocupábamos de planificar las fuentes futuras. Pero llegó el momento en que eso hay que tenerlo en consideración urgente”.

El mito de la abundancia infinita

Según la presentación del profesional, el segundo gran reto radica en sustentar los gigantescos requerimientos de las futuras fuentes de generación eléctrica. Las proyecciones presentadas muestran que el sistema nacional necesita incorporar crecimientos anuales exponenciales. Alrededor del año 2030, el país requerirá incorporar 500 megavatios (MW) por año, lo que equivale a sumar 5 plantas solares de gran escala o varias máquinas hidroeléctricas anualmente. Cinco años más tarde, en el horizonte del 2035, el crecimiento exigirá 800 megavatios por año, y para el 2040 la demanda escalará hasta los 1.000 megavatios anuales, superando ampliamente la capacidad unitaria de las grandes turbinas actuales.

Estas proyecciones se basan en una hipótesis de crecimiento prudente pero firme, estimando un incremento del 8% para la demanda y del 10% para la energía global. Para el experto, prever escenarios exigentes no es exagerado, sino una necesidad vital de Estado, especialmente cuando las políticas gubernamentales apuntan decididamente a apuntalar y acelerar el crecimiento económico nacional. Quedarse cortos en la previsión significaría estrangular el desarrollo industrial y social del Paraguay.

El desafío histórico de las binacionales

Ante la imperiosa necesidad de diversificar una matriz electroenergética, que hoy depende exclusivamente de fuentes hidroeléctricas (sujetas a los caprichos de la naturaleza), las miradas se vuelven inevitablemente hacia los proyectos binacionales pendientes. Sin embargo, actualizar los viejos tratados y reactivar las obras de ampliación representa un camino minado de complejidades políticas, financieras y legales, explicó el ingeniero.

En el caso de Yacyretá, el tratado contempla la instalación de 30 unidades generadoras, de las cuales apenas 20 operan hasta el día de hoy. Faltan 10 unidades por instalar, las cuales exigen la construcción indispensable de un embalse compensador aguas abajo, conocido como el proyecto de Itatí-Ita Corá o alternativas equivalentes. Este enorme amortiguador de descargas es el equivalente a una gran pileta reguladora que mitigue el impacto de las operaciones. No obstante, los estudios técnicos revelan que las obras requerirán un plazo estimado de hasta 14 años, desglosados en 6 años de intrincadas negociaciones binacionales y 8 años de compleja ejecución de obras civiles e industriales.

El costo estimado de las obras de Yacyretá apunta a valores razonables cercanos a los USD 33 por megavatio hora (MWh), pero el proceso choca con barreras históricas, litigios ambientales y la pesada deuda institucional.

A las dificultades técnicas se suman los fantasmas del pasado, como el histórico acuerdo tripartito y los previstos que en la década de los noventa frenaron los impulsos desarrollistas en la provincia de Misiones por diferendos ambientales y jurisdiccionales. Asimismo, las diferencias en las cotas de los embalses entre Corpus y el salto disponible en Itaipú generan desniveles críticos de hasta cinco metros que impactarán directamente en la eficiencia de generación, exigiendo una renegociación binacional sumamente delicada con Brasil y Argentina de manera simultánea.

El dilema de la soberanía y el financiamiento

Otra de las grandes apuestas largamente postergadas es la central hidroeléctrica de Corpus Christi. Aunque en su momento se analizaron ubicaciones alternativas como Itacuá, las evaluaciones modernas apuntan hacia el emplazamiento de Pindoyú como la opción más viable debido a su menor territorio inundado y menores efectos ambientales colaterales. Pese a ello, levantar una obra de esta magnitud requiere superar un laberinto de negociaciones diplomáticas, destrabar candados políticos regionales y asegurar un costoso financiamiento internacional en un escenario financiero global competitivo.

Los cálculos financieros –presentados por Richer Becker– indican que la ejecución de estos megaproyectos no solo demanda inversiones, sino también una sincronización perfecta entre la voluntad política de los gobiernos de la región y la estabilidad macroeconómica interna.

Pretender solucionar la crisis energética en plazos milagrosos de 5 o 6 años ignora por completo la cruda realidad de los procesos de ingeniería, los estudios de impacto ambiental y los dilatados trámites de licitación internacional.

La hora de las definiciones

El mensaje central que deja el análisis técnico del IPPSE es claro y urgente. El Paraguay ya no puede permitirse el lujo de la pasividad institucional. La transición hacia una matriz diversificada, que incluya con mayor peso a la energía solar fotovoltaica, la biomasa y el aprovechamiento racional de los recursos pendientes, exige una hoja de ruta transparente, pragmática y desprovista de demagogia.

Los expertos afirman que el tiempo corre hacia el umbral del 2030 y las decisiones que se adopten o se omitan desde el Gobierno, así como también en las cancillerías vecinas, definirán si el Paraguay consolidará como potencia energética regional o si, por el contrario, caminará hacia la burocracia y el apagón de su esperado desarrollo.

  • 18 por ciento es el crecimiento del consumo de energía interno registrado por la Administración Nacional de Electricidad (ANDE), durante los últimos meses. Esta cifra es superior al promedio del 10% estimado por la empresa estatal de electricidad.
  • 5 plantas solares por año es lo que necesitará el Paraguay para acompañar su demanda interna en las condiciones actuales. Las inversiones necesarias pasaron de USD 3.000 millones a USD 18.000 millones durante la última

década.

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