Opinión

En el ojo de la tormenta

El ministro de la Corte Suprema de Justicia Antonio Fretes pidió permiso de su trabajo cuando se desató el escándalo por el contrato que su hijo, Amílcar Fretes Escobar, acordó con Kassem Mohamad Hijazi para trabar su extradición a los Estados Unidos. La suma del acuerdo era de 368.000 dólares.

Brigitte Colmán Por Brigitte Colmán

El padre pidió permiso y el hijo, ipso pucho, renunció a su alto cargo en la Itaipú Binacional.

Como el entusiasmo de la Fiscalía General para investigar al ministro de la corte es más bien escaso, considerando el hallazgo del citado contrato, es casi seguro, señora, que nos encontremos ante un nuevo caso de impunidad del más alto nivel obvio, pero impunidad al fin.

Sin embargo, y aunque probablemente esto acabe en el paraguayísimo opa reí, vale la pena recordar quién es el tan mentado Kassem Mohamad Hijazi, así que vayamos al archivo.

Se trata de un ciudadano brasileño de origen libanés que había sido detenido el 24 de agosto del 2021 por el fallecido fiscal contra el crimen organizado Marcelo Pecci, con el apoyo de la DEA.

Kassem Mohamad Hijazi contaba con una orden de detención con fines de extradición a los Estados Unidos, luego de casi un año de permanecer recluido en Paraguay. Imagine ahora, señora, la cantidad de chicanas que le habrán aplicado… En fin, la cuestión es que la persona en cuestión, presuntamente, colocó y estratificó fondos procedentes de actividades ilícitas, entre ellos del narcotráfico, generando transacciones comerciales fraudulentas, a través del sistema financiero nacional e internacional. En Paraguay no se le abrió ninguna causa.

Como se dice en la jerga policiaca, el individuo está sindicado por los EEUU, de operar como líder de una organización que por medio de distintas técnicas, transfería de manera efectiva sumas de dinero a mercados internacionales, eludiendo controles financieros para finalmente brindar una legitimación al origen ilícito del dinero proveniente del narcotráfico y otros delitos, facilitando servicios de lavado de millones de dólares.

El dinero habría sido generado por grupos internacionales de crimen organizado de gran envergadura en los Estados Unidos y Sudamérica, con ligaduras al narcotráfico. Se mencionaba, entre otros, el Hezbolá, organización musulmana chií libanesa que cuenta con un brazo político y otro paramilitar. La red de empresas utilizadas como fachada y las relaciones comerciales le permitieron mover las ganancias ilícitas por todo el mundo, a través de una red que se extendería por Estados Unidos, América del Sur, Europa, Oriente Medio y China, según el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos.

La defensa de Hijazi hizo todo lo que pudo para trabar la extradición, apelando el proceso ante el Tribunal de Apelación Penal del Crimen Organizado, y ante la confirmación del fallo recurrió a la Corte Suprema de Justicia, con el argumento de que nunca escucharon al defendido, pero la Sala Constitucional rechazó el recurso in límine, es decir, sin estudiar el fondo de la cuestión en junio pasado. Después de eso finalmente vino la extradición en julio de este año.

Del ministro de la Corte, ahora de permiso, se ha repetido hasta el cansancio la muletilla de que se encuentra en el ojo de la tormenta, y nunca expresión alguna ha logrado describir tan bien la situación de un sospechado de usar la justicia a su antojo y conveniencia. Precisamente, en el ojo de una tormenta reina, como dicen los expertos, una proverbial calma. Eso sí, también explican los expertos que tras esa aparente calma por lo general viene lo peor, y lo peor suelen ser fuertes lluvias y intensos vientos. Los meteorólogos recomiendan resguardarse cuando pasa el ojo porque esa calma chicha se puede convertir en una pared de tormentas y una verdadera pesadilla.

Y es cierto que estamos en Paraguay, una especie de paraíso de corrupción e impunidad, pero bueno, nunca se sabe hasta cuándo, señora, nos durará la paciencia.

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