11 mar. 2026

En busca de la película perdida

Nueva York, 9 ago (EFE).- En 118 años de historia, el cine desarrolló su propia arqueología, que encuentra tesoros perdidos como el debut Orson Welles, “Too Much Johnson”, recién descubierta en Italia, o la opera prima de la que Kubrick renegaba, “Fear and Desire”, pero todavía busca filmes de Hitchcok, Lubitsch o Chaplin.

Fotograma cedido por la GEORGE EASTMAN HOUSE de una escena de una película inédita que dirigió Orson Welles en 1938, tres años antes que "Citizen Kane", que ha sido encontrada en la pequeña localidad italiana de Pordenone décadas después de que se la dier

Fotograma cedido por la GEORGE EASTMAN HOUSE de una escena de una película inédita que dirigió Orson Welles en 1938, tres años antes que “Citizen Kane”, que ha sido encontrada en la pequeña localidad italiana de Pordenone décadas después de que se la dier

“En busca de la película perdida” podría titularse este juego metacinematográfico y varios son los Indiana Jones a la caza de ese celuloide en paradero desconocido y casi siempre con un buen guión que explica su desaparición.

El último de ellos, el italiano Paolo Cherchi Usai, cambia aquello de que “Citizen Kane” es el mejor debut del séptimo arte, pues, en realidad, era la segunda cinta de Welles tras “Too Much Johhnson”, que el director abandonó en plena sala de montaje y había dado por perdida tras un incendio en su casa de Madrid en 1970, donde pensaba que se alojaba la única copia de la misma.

Encontrada en la localidad italiana de Pordenone, “Too Much Johnson” era una comedia muda que, 75 años después de ser rodada y tras un complejo proceso de restauración, será estrenada el próximo 9 de octubre en Italia.

La historia recuerda a lo que sucedió en 2008 en los archivos del Museo del Cine de Buenos Aires, donde Fernando Peña encontró 30 minutos perdidos de la obra maestra del expresionismo alemán “Metrópolis”, de Fritz Lang.

Estos fragmentos se habían dado por desaparecidos desde 1973 y completan la versión más cercana a la vista en el estreno en 1927 y que luego pasó por las censuras de la Alemania nazi y el Hollywood de la época.

La película, la única considerada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco junto a “Los olvidados”, de Luis Buñuel, se estrenó restaurada y en versión completa por todo lo alto en plena Puerta de Brandeburgo en la Berlinale de 2010.

Una historia más casual afectó a la de la versión alternativa de “Shadows”, de John Cassavetes y piedra fundacional del cine independiente estadounidense, después de que en 2004 un profesor de la Universidad de Boston desvelara que había encontrado en la sección de objetos perdidos del metro de Nueva York la única copia del filme tal y como se estrenó en el Festival de Venecia en 1957.

Por su parte, Martin Scorsese lleva años dedicando parte de su tiempo, además de a producir obras maestras, a recuperarlas. “La mitad de las películas estadounidenses anteriores a 1950 y el 90 % de las realizadas antes de 1929 se han perdido para siempre”, aseguran en su Film Foundation, que ha recuperado verdaderas joyas de Georges Meliés o ha restaurado la cinta favorita de Scorsese, “The Red Shoes”.

Algunos de esos títulos extintos habían recibido excelentes críticas, como la comedia de 1928 “The Patriot”, de Ernest Lubitsch y con Emil Jannings, de la que no se tienen copias, o, también de ese año, la primera colaboración entre Greta Garbo y Victor Sjöstrom, “The Divine Woman”, que tatuaría a la actriz el título de “La divina” pero desapareció para siempre.

Un caso no tan antiguo tuvo como protagonista al mismo Orson Welles, aunque solo como actor. “Where Is Parsifal?”, que protagonizó junto a Tony Curtis y Peter Lawford, se vio en Cannes en 1984, se estrenó en algunos países pero luego se perdió inexplicablemente en los laberintos de la distribución, aunque en 2013 aparecieron copias en vídeo VHS en Australia.

A veces, las pérdidas han sido intencionadas. Stanley Kubrick definió su primera película, “Fear and desire”, como “un fallido ejercicio de cineasta aficionado. Una rareza completamente inepta, aburrida y pretenciosa” e intentó quemar todos sus negativos.

Sin embargo, una copia que había quedado en el archivo de seguridad de Kodak arruinó su intención de situar “El beso del asesino”, mucho más digna de su talento, como su debut oficial.

Tampoco quedó constancia de una película a priori interesantísima: una versión de “La gaviota” de Chejov dirigida al alimón por Charles Chaplin y Josef Von Sternberg. Ambos la odiaron y fue el director de “The Gold Rush” el encargado de quemar los negativos para siempre.

En la época del Hollywood dorado, en cambio, eran los grandes estudios los que en ocasiones secuestraban películas europeas cuando querían hacer versiones en la Meca del cine.

Así sucedió con en 1930 con “Le Jour Se Lève”, de Marcel Carné y protagonizada por Jean Gabin, que la RKO convirtió en “The Long Night” (1948), de Anatole Litvak y con Henry Fonda, aunque no lo lograron y ya en 1950 se encontraron copias de la versión francesa.

Y un caso similar fue “Gaslight” (1940), la película británica de suspense que la Metro Goldwyn Mayer quiso neutralizar sin éxito para rodar en Hollywood el filme que reportó a Ingrid Bergman su primer Óscar en 1944.

En 2010, el British Film Institute publicó en su 75 aniversario la lista de 75 películas británicas perdidas más buscadas, lo que se tradujo en que algunas de ellas fueron encontradas, aunque no “The Mountain Eagle”, segundo filme de Alfred Hitchcock y que el director había descrito como “terrible” y “ridícula”, lo que casi ayudó a convertirla en una gema perdida para los coleccionistas.

Finalmente, el director japonés Yasujiro Ozu se avergonzó de haber rodado en tono propagandista durante la Segunda Guerra Mundial el filme “Deruhi e, Deruhi e” y él mismo se encargó de borrarla de un expediente marcado por los buenos sentimientos de “Cuentos de Tokio”.

Mateo Sancho Cardiel

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