02 feb. 2026

En Alto Paraná arriesgan la vida para cruzar el Monday

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Olvidados. Hace tiempo que claman por un puente, pero son ignorados por el Gobierno.

GENTILEZA

Wilson Ferreira
MINGA GUAZÚ

A orillas del río Monday, en el kilómetro 24 entre Minga Guazú y Los Cedrales, la vida transcurre con una mezcla de esperanza, paciencia y resignación. Cada mañana, antes de que el sol disipe la niebla que cubre el agua, los vecinos de la colonia Pengo San Miguel aguardan su turno para subir a una vieja balsa oxidada, para cruzar de una orilla a otra.
Este rudimentario transporte fluvial, donado hace años a la comunidad, hoy está totalmente corroído, cubiertos de parches improvisados, pero es desde hace décadas el puente provisional que conecta a decenas de familias con sus trabajos, escuelas, hospitales y mercados. La precariedad de la estructura es visible: Agujeros, partes podridas por la herrumbre y un sistema de propulsión artesanal hacen que el cruce sea una experiencia cargada de tensión. Y aun así, es su única opción.

La comunidad ha esperado por más de 30 años la construcción de un puente sobre el río Monday, una infraestructura que cambiaría radicalmente su calidad de vida. Sin embargo, a pesar de las múltiples promesas, la obra continúa sin fecha de inicio.

“El que no llora, no mama”, sentencia Teodosio Ramos, presidente de la Comisión Pro Puente, en una frase que resume la lucha persistente de su gente. “Hemos tocado puertas por años. Ya no queremos más promesas, queremos fecha, queremos máquinas trabajando”.

En octubre del año pasado, la ministra de Obras Públicas, Claudia Centurión, visitó la comunidad junto con el gobernador César Landy Torres. En esa ocasión, anunciaron que la obra sería ejecutada en el transcurso de este año. Según Ramos ya existe el proyecto, se realizaron los estudios técnicos, pero al día de hoy, lo único que ha llegado hasta ellos es el silencio administrativo.

El reclamo no es solo un capricho de infraestructura. Es una necesidad de supervivencia. La mayoría de los habitantes de Pengo San Miguel son pequeños agricultores que, semana a semana, deben transportar sus productos –mandioca, hortalizas, frutas, huevos y gallinas– hasta Ciudad del Este, donde los venden en el local de la Feria de Productores Hortigranjeras del Alto Paraná, que funciona frente a la termina de ómnibus. El cruce con la balsa les permite acortar el trayecto a apenas 11 kilómetros. Sin ella, el recorrido se convierte en un desvío de casi 70 km por caminos en mal estado. “Muchos compañeros se fueron, dejaron la colonia porque ya no aguantaron más. Pero nosotros seguimos acá, luchando. Nuestros hijos cruzan el río para ir a la escuela, nuestras madres cruzan para ir al hospital. Rezamos cada vez que subimos a esa balsa. Vivimos con miedo, pero no tenemos otra salida”, comentó.

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