Opinión

El temor frente a la Transformación Educativa

Gustavo A. Olmedo B Por Gustavo A. Olmedo B

En temas sensibles y polémicos como el actual proyecto de Transformación Educativa, uno puede estar a favor o en contra, basándose simplemente en los titulares de los medios de comunicación y redes sociales.

Sin embargo, asumir una postura adecuada, quizás madura, implica algo más de esfuerzo. El desafío personal es investigar cada caso y tomar una decisión con base en la reflexión, el análisis y la propia indagación. Considerar las críticas, comparar opiniones y experiencias.

A esto habría que sumar un elemento importante: mirar la propia vida y la propia experiencia y sacar un juicio partiendo de los datos que nos proporciona la realidad más que de las teorizaciones abstractas, que a menudo suenan bien, pero que podrían estar vacías. Las vivencias presentes, así como las pasadas, nuestra historia y raíces, en la mayoría de los casos despreciadas, son fuentes valiosas de sabiduría y aprendizaje.

En este caso el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) junto a algunas organizaciones defienden la iniciativa, mientras que grupos de la sociedad civil, padres, gremios docentes y otros la cuestionan desde lo legal hasta lo que llaman “las cuestiones de fondo”.

Pero, ¿cuál es el temor respecto a este plan?

Observando las argumentaciones, el punto central de preocupación sigue siendo la incorporación de conceptos de la cuestionada Ideología de Género en el proyecto. El ministro de Educación, por su parte, asegura que el plan “no tiene una sola palabra” de dicha ideología. En tanto, los que cuestionan el plan señalan que no hace falta que los términos sean explícitos, sino que basta que existan ciertos lineamientos para que las puertas se abran a esta corriente de pensamiento muy difundida en todo el mundo por organizaciones internacionales, como las Naciones Unidas y la Unión Europea, con el apoyo de conocidas fundaciones de Estados Unidos, que también financian cientos de proyectos de ONG en Paraguay.

Esta ideología tiene como base el concepto de género, expuesto por primera vez de forma explícita en la IV Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer, de 1995. Y la preocupación de las organizaciones que rechazan la utilización de este marco teórico, según explican, se basa en las consecuencias que hoy pueden observarse.

En efecto, los gobiernos que promueven la ideología de género, que rechaza el dato científico de que el sexo es una realidad biológica –uno nace hombre o mujer–, y afirma que es una construcción sociocultural, terminan imponiéndola a la fuerza, creando leyes que sancionan a padres e instituciones que no la aceptan como línea educativa para los hijos. Es decir, su aplicación tiene un alto potencial de censura.

Los que están con esta ideología también promueven “nuevos derechos”, como la potestad de eliminar a seres humanos en el vientre materno, sin importar los datos que ofrece la ciencia al respecto.

Esta semana, en Cuba se aprobó una ley basada en esta ideología que plantea el “principio de autonomía progresiva”, que “implica que menores de edad, sin el consentimiento de sus padres, puedan asumir criterios clínicos quirúrgicos irreversibles como puede ser el cambio de sexo”. Un dato grave.

En países como EEUU, organizaciones civiles luchan a nivel legal para garantizar que niños y jóvenes usen los baños y vestidores según el sexo biológico que señala su certificado de nacimiento y no en base a la autopercepción que tengan sobre su "identidad de género", poniendo en peligro la integridad de usuarios.

Es decir, hay elementos que justifican una preocupación genuina de padres y organizaciones quienes, además, saben que los créditos y donaciones en la actualidad están “condicionados” al apoyo de estas ideologías. Algo que debe ser considerado.

En este contexto, el MEC está obligado a promover el diálogo y redoblar esfuerzos para proteger a los niños y jóvenes del Paraguay.

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