06 abr. 2026

El rugido que no conoce fronteras: La batalla por el yaguareté en Yguazú

En la región de las Tres Fronteras –donde Argentina, Brasil y Paraguay se encuentran bajo el mismo techo– el yaguareté no reconoce aduanas ni banderas. Su supervivencia depende de un territorio continuo y, sobre todo, de un trabajo coordinado que desde hace más de dos décadas intenta revertir una historia marcada por la pérdida y el retroceso.

El reciente avistaje de una hembra con crías en el Parque Nacional Iguazú, lado argentino, volvió a poner en primer plano una tarea silenciosa y constante que se realiza a ambos lados del parque, con un objetivo común de asegurar que el mayor felino de América siga habitando la selva.

En el lado argentino, la base de esta estrategia es la presencia territorial. Guardaparques de la Administración de Parques Nacionales recorren a diario ríos, senderos y zonas de monte cerrado para prevenir la caza furtiva, detectar intrusiones y monitorear la fauna.

En el lado argentino, los guardabosques avistaron una hembra..jpg

Estos patrullajes, que pueden superar los 40 kilómetros por jornada, se complementan con tecnología, con el uso de cámaras trampa, registros de huellas, georreferenciación de avistajes y bases de datos que alimentan el sistema nacional de biodiversidad. Cada rastro cuenta, porque permite reconstruir movimientos, identificar individuos y anticipar riesgos.

Investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, junto a la Fundación Vida Silvestre Argentina, lideran estudios poblacionales que miden no solo cuántos yaguaretés quedan, sino cómo usan el territorio y qué amenazas enfrentan. Gracias a estos trabajos se sabe que, tras una recuperación sostenida entre 2006 y 2018, la población volvió a mostrar señales de retroceso en los últimos años. Lejos de desalentar, estos datos funcionan como alarma temprana para ajustar estrategias y redoblar esfuerzos.

Estudios binacionales recientes estiman que entre 64 y 110 yaguaretés pueden habitar esta región, con una media aproximada de 84 individuos, según datos de monitoreo que incluyen censos de cámaras trampa y análisis poblacionales realizados entre ambos países.

Monitoreo

Del lado brasileño, en el Parque Nacional de Yguazú, el enfoque es complementario y profundamente articulado con el argentino. Allí, el Proyecto Yaguaretés del Yguazú mantiene una red de monitoreo permanente que permitió identificar individuos, documentar nacimientos y confirmar que el parque sigue siendo un área reproductiva activa.

La reaparición de Aisha, una hembra conocida por los conservacionistas, caminando junto a su cría, fue celebrada como una prueba concreta de que la selva todavía ofrece condiciones para criar. Cada imagen captada por una cámara trampa es analizada con detalle, comparada con registros previos y compartida entre equipos de ambos países.

Lado argentino. Las huellas permiten reconstruir movimientos..jpg

Lado argentino. Las huellas permiten reconstruir movimientos.

Pero la conservación del yaguareté no se define solo dentro de los parques. Gran parte del desafío está en los bordes, donde el monte se encuentra con chacras, rutas y barrios rurales. Allí surgen los conflictos, tales como ataques a animales domésticos, miedo, represalias.

Para enfrentarlos, se desarrollan acciones de manejo activo, como capturas controladas, colocación de collares satelitales y seguimiento en tiempo real de ejemplares problemáticos. Estas intervenciones, realizadas por equipos técnicos especializados, buscan prevenir incidentes y favorecer la convivencia, evitando decisiones drásticas que perjudiquen a la especie.

Mayor información

La educación y la participación social completan el círculo. Programas de voluntariado, talleres con comunidades vecinas y campañas de sensibilización apuntan a construir una mirada distinta sobre el yaguareté, no como amenaza, sino como pieza vital del ecosistema.

El felino regula poblaciones de otras especies, mantiene el equilibrio natural y funciona como indicador de la salud del bosque. Protegerlo es, en definitiva, proteger la selva entera.

Cámara trampa. Cada rastro cuenta, pues permite identificar individuos y anticipar riesgos..jpg

Cámara trampa. Cada rastro cuenta, pues permite identificar individuos y anticipar riesgos.

En las Tres Fronteras, asegurar la vida del yaguareté es un trabajo que no se mide en días, sino en generaciones. Es la suma de patrullajes bajo el sol y la lluvia, de datos analizados en silencio, de decisiones difíciles y de acuerdos entre países.

Cada hembra con crías que aparece entre la vegetación confirma que el esfuerzo vale la pena. No garantiza el futuro, pero lo hace posible. Y en una selva donde todo parece moverse, esa persistencia es la que mantiene vivo el rugido ancestral que aún resuena, aunque a veces apenas se lo escuche.

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