Luego de bendecir a la ciudad por agua, en la procesión realizada por asfaltos olvidados por las autoridades, la imagen de la Virgen de Nuestra Señora de la Asunción llegó a la Catedral Metropolitana para la misa en su honor como cada 15 de agosto. La homilía fue presidida por el cardenal Adalberto Martínez, quien no dejó de lado la realidad que atraviesa actualmente el país.
En conjunto, las tres lecturas invitaban a meditar sobre tres palabras: Lucha, resurrección y esperanza. Sobre la primera, el cardenal mencionó que como madre de Cristo y de la Iglesia, la Virgen María acompaña a quienes sufren los males que golpean al país.
También está junto a las familias que claman justicia, pero suelen encontrar la puertas cerradas, respuestas tardías o dolorosa indiferencia, señaló.
En lo que corresponde a la resurrección, expresó que María es la primera de los redimidos y en ella es contemplador el destino que Dios tiene para todos.
Esperanza. El Magnificat proclamado por María es el canto de esperanza de los pequeños y los humildes, señaló el purpurado paraguayo.
Pero dicho canto también dispersa a los soberbios de corazón, destrona a los potentados y exalta a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide sin nada, dijo.
Agregó que esas palabras tienen una profunda dimensión social, ya que Dios escucha el clamor de los pobres.
A su vez, el Altísimo defiende la dignidad de los pequeños y cuestiona a quienes utilizan el poder para su propio beneficio.
“El cántico de María nos interpela ante el hambre, la falta de medicamentos, la desigualdad, la corrupción, la violencia y la ausencia de oportunidades. Nos invita a preguntarnos si nuestras decisiones y nuestras instituciones están verdaderamente al servicio del pueblo, principalmente de los más vulnerables. El poder, según el Evangelio, no es privilegio ni dominio: es responsabilidad y servicio”.
Aclaró que la Madre de Cristo no propone el enfrentamiento de unos con otros. Lo que hace es anunciar la justicia de Dios, que restaura la fraternidad, corrige las desigualdades y devuelve su dignidad a quienes han sido postergados, señaló.
“Su Magnificat nos llama a construir una sociedad en la que nadie sea abandonado, donde los bienes lleguen a todos, y las autoridades trabajen con honestidad por el bien común”, expresó.
Instó a pedir a la Virgen a luchar sin desanimarse y que ayude a todo el pueblo paraguayo a vivir en fraternidad, justicia, concordia y paz.
Como parte del aniversario de Asunción también hubo desfile estudiantil en calle Palma.