CIUDAD DEL VATICANO
Asomado a la ventana del palacio apostólico ante las miles de personas congregadas en la Plaza de San Pedro, el Pontífice estadounidense dedicó su mensaje a la huida de la Sagrada Familia tras la orden de Herodes de matar a los recién nacidos.
“Mientras contemplamos con asombro y gratitud este misterio, pensemos en nuestras familias y en la luz que ellas también pueden aportar a la sociedad en la que vivimos. Lamentablemente, el mundo siempre tiene sus Herodes”, expresó.
MITOS. Se trata de “sus mitos del éxito a cualquier precio, del poder sin escrúpulos, del bienestar vacío y superficial, y a menudo, sufre las consecuencias con la soledad, la desesperación, con las divisiones y conflictos”, alertó.
Por ello, el Papa pidió que las familias cristianas no dejen que “estos espejismos sofoquen la llama del amor en las familias cristianas”.
“Al contrario, protejamos en ellas los valores del Evangelio: la oración, la frecuencia a los sacramentos, especialmente la confesión y la comunión, los afectos sanos, el diálogo sincero, la fidelidad, el realismo sencillo y hermoso de las palabras y los gestos buenos de cada día”.
Y pidió la bendición “a nuestras familias y a todas las familias del mundo, para que, siguiendo el modelo de la familia de su Hijo hecho hombre, sean para todos un signo eficaz de su presencia y de su amor sin fin”.
EL HOMBRE COMO MERCANCÍA. También la semana última, el Pontífice lamentó que “una economía distorsionada induce a tratar a los hombres como mercancía”.
“Para iluminar nuestra ceguera, el Señor quiso revelarse al hombre como hombre, su verdadera imagen, según un proyecto de amor iniciado con la creación del mundo”.
Y citó las palabras de Benedicto XVI en las que afirmaba que “mientras la noche del error oscurezca esta verdad providencial, tampoco queda espacio para los otros, para los niños, los pobres, los extranjeros”.
“Las palabras del papa Benedicto XVI, tan actuales, nos recuerdan que en la tierra no hay espacio para Dios si no hay espacio para el hombre: no acoger a uno significa rechazar al otro. En cambio, donde hay lugar para el hombre, hay lugar para Dios”.
EL NIÑO JESÚS. Pero Robert Prevost afirmó además que con el nacimiento del Niño Jesús, “Dios da al mundo una nueva vida, la suya, para todos” y “no es una idea que resuelva todos los problemas, sino una historia de amor que nos involucra”.
El Papa explicó que Dios, “ante las expectativas de los pueblos, envía un niño, para que sea palabra de esperanza; ante el dolor de los miserables”.
“¡Él envía un indefenso, para que sea fuerza para levantarse; ante la violencia y la opresión; Él enciende una suave luz que ilumina con la salvación a todos los hijos de este mundo”, agregó.
Y “mientras una economía distorsionada induce a tratar a los hombres como mercancía, Dios se hace semejante a nosotros, revelando la dignidad infinita de cada persona. Mientras el hombre quiere convertirse en Dios para dominar al prójimo, Dios quiere convertirse en hombre para liberarnos de toda esclavitud”, agregó.
En su mensaje final en la Misa de Gallo, destacó que “la Navidad es fiesta de la fe, de la caridad y de la esperanza”.