09 feb. 2026

El panchero que se volvió parte de una plaza céntrica de Encarnación

ITAPÚA

Hace casi medio siglo se instaló con su carrito de panchos en la Plaza de Armas de la capital de Itapúa y fue el primero en hacerlo. La clientela lo reconoce como una extensión más del contorno de la ciudad.

A lo largo de su rica historia, Encarnación se ha caracterizado por tener pintorescos personajes que se destacaron por décadas en diversos ámbitos. Uno de ellos es Pablo Ramón Núñez Zacarías, más conocido como Pancho Cobra, quien hace 48 años fue el primero en instalar un carro panchero en la ciudad.

Con el paso de todos estos años, su oronda y bonachona figura se impregnó en el paisaje arbolado de la Plaza de Armas, siendo testigo de innumerables acontecimientos, festivales culturales, ferias de libros, comilonas populares, los tradicionales corsos encarnacenos y la gran transformación urbanística de Encarnación.

Un 18 de diciembre de 1978 –recuerda– inició esta aventura de sabor adictivo cuando apenas tenía 19 años de edad.

Don Pablo comenta que nació en Caazapá, el 17 de agosto de 1958.

De aquel tiempo a esta parte, su carro panchero se convirtió en un punto obligatorio de encuentros, anécdotas, interminables charlas y algunas que otras historias de amor.

Los niños que en la década del 80 disfrutaban de sus panchos, a la salida del colegio o durante las tardes de juegos en la plaza, hoy regresan a la Plaza de Armas acompañados de sus hijos.

Don Pablo ha visto en este casi medio siglo de venta callejera, pasar varias generaciones. La gente lo reconoce por su inconfundible bigote, amplia sonrisa, amable, carismático y atento.

Sea bajo la lluvia, el quemante sol de verano o el frío del invierno, don Pablo Ramón –algunos lo llaman por sus dos nombres de pila– recibe a sus clientes y amigos en el mismo lugar que ocupó en sus años mozos, consolidando así una historia que forma parte del corazón mismo de Encarnación.

El popular “Panchos Cobra” recibió al equipo de Última Hora bajo el látigo del sol de la mañana de un sábado, donde con su característica amabilidad empezó la charla sobre esta hermosa historia agradeciendo el gran afecto del pueblo encarnaceno.

“Tengo 64 años, nací en Caazapá y hace 48 años que trabajo acá en la Plaza de Armas. El pasado 18 de diciembre fue el aniversario que inicié a trabajar en la plaza de Encarnación. Ese día hice una promoción de 2x1 en el superpancho que vendo a G. 10.000. Como siempre, mucha gente vino a saludarme y a comprar. Agradezco a la gente de Encarnación que siempre me apoya, compra mi producto y estoy muy agradecido con la gente”, relató emocionado.

Retrocedió a su infancia y contó que vendía un helado que se llamaba “Super Helado”, que se traía de Brasil. Trabajó primero en Villarrica y luego en la capital itapuense. “Después cerró la empresa y tuve que buscar otras opciones. Fue así que hablé con mi patrón y le dije si no sabía de algún herrero para armar un carro, me ayudó y así empecé”, relató.

Encomendó la confección de un carrito rústico y comenzó a vender panchos a 25 guaraníes cada uno, cuatro por 100 guaraníes. “Yo fui el primer panchero que se instaló acá en Encarnación”, recordó al señalar: “Vi y viví muchas cosas acá en la plaza, linda experiencia, fui testigo de muchos encuentros, también viví el cambio y la transformación de Encarnación”.

Don Ramón cuenta que un tal Atilio Paredes –con quien está eternamente agradecido– fue quien lo llevó a la Plaza de Armas. “Al rato viene un señor de corbatita y me dice ‘acá es prohibido vender productos’, y yo me asusté porque era jovencito… Me fui, le avisé al señor que me trajo de que me prohibieron vender mis panchos, pero había sido me estaba haciendo una broma nomás el señor”, compartió la anécdota de su bautismo como vendedor.

“La gente siempre me apoya y compra mis panchos, vienen en mi aniversario, me saludan, me traen regalos y eso para mí es mucho”, exteriorizó.

No piensa dejar la venta de panchos. Gracias a este oficio pudo mantener a sus cinco hijos –tres mujeres y dos varones–, quienes hoy ya son profesionales.

Antes de instalarse en la Plaza Armas, don Ramón atendió una casilla de “Panchos Cobra” en la otrora Estación de Tren de Encarnación. En aquellos tiempos, en la década del 70, la venta se reducía al movimiento de trenes; en tanto que en los días en que no operaba el tren, la estación estaba desierta. Entonces, empezó a buscar alternativas para seguir trabajando y comenzó a recorrer distintos puntos de la ciudad.

Primero se ubicó por la avenida Caballero, luego en la esquina de Casa Luzko como también recorría la zona de Villa Baja, donde fue ganándose el reconocimiento y afecto de los transeúntes. Hasta que, en 1978, en la Intendencia del arquitecto José Marcial Caballero obtuvo el permiso para instalarse con su carrito panchero en la tradicional Plaza de Armas, lugar que nunca más dejó.

Pablo R. Núñez Zacarías

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