La serie Instantáneas está compuesta de una treintena de óleos, de mediano formato, de temáticas paisajísticas resueltas en un expresionismo muy gestual y cromático. Las imágenes, construidas desde la contemplación, pero sin la intención de plasmar la realidad, son el resultado de la experiencia de la producción a plein air o al aire libre del autor. Un artista integrado al sistema artístico local desde su llegada al Paraguay, en 1995, y quizás más conocido por sus prácticas y formatos plurales.
En estos paisajes, más subjetivos que miméticos, se confrontan el modelo original y su réplica, en una mirada opuesta al realismo. Podría decirse que la distorsión formal, el cromatismo intenso y el interés óptico, búsquedas ya explorados en los movimientos históricos de vanguardia en la pintura, conforman medularmente este proyecto.
En la larga investigación de una década, Amengual se arropó, en primer término, en la tradición del paisaje al óleo, género fraguado en Holanda en el siglo XVII. En una apuesta decidida por la abstracción, consigue hacer suya una interpretación personal en términos culturales y estéticos de un territorio, lugar o paraje. Y sumarse a una larga y valiosa tradición artística sobre el paisaje en Paraguay.
El artista suscribe un gesto expresionista cargado de fuerza en la pincelada y en una paleta cromática que lo hermana con el trabajo de referentes del expresionismo alemán (Emil Nolde o Ludwig Kirchner); y, a nivel local, podría recordarnos cierta pintura de Jaime Bestard o Edith Jiménez. Sin la máscara de lo objetivo y de la representación literal, el artista acomete la aventura de ver el territorio por sí mismo.
Comunicar una u otra sensibilidad estética de sus experiencias de estar y vivir en Paraguay, buscaría inscribir una mirada personal que tergiversa el mundo real en paisajes personales y emocionales. El periplo, el viaje que realiza el artista por distintos espacios geográficos, desde los últimos ecosistemas de bosque Atlántico tropical a la masa de cemento gris pardo de Asunción, supone también su tránsito vivencial como cronista, con sus urgencias de registro.
La “realidad” del paisaje sería como una materia prima, un pretexto para fantasear, para intentar a partir de ahí contar una ficción. Y, además, para desplegar valores plásticos autónomos del tema, como serían la expresividad gestual, el color saturado, el ritmo, o la misma materia.
Registrar los paisajes naturales y urbanos es sobre todo una operación de reproducción analógica. Obras que son testimonios o testigos actuales, pero mediadas por la subjetividad.
Como la pintura de sus admirados héroes de las vanguardias, la de Amengual es una más preocupada por los valores de originalidad antes que los de verosimilitud. En sus palabras, “un encuentro entre colores y luces en un tiempo presente, en vivo, sin otras mediaciones más que los pinceles y las telas (...) en las que busco el color de las sombras y los pliegues, intentando encontrar significados más allá de la superficie”.
Al contrastar la mayoría de los paisajes de la naturaleza con los paisajes urbanos, el artista pareciera interesarse en ese límite, en la frontera entre cultura y naturaleza. En estos paisajes cabe el registro de un lugar, la técnica, el cálculo; y hasta podría colarse la geografía o la historia; pero, obviamente, son obras de arte, o ficciones, como se prefiera. Y lo reconfortante es constatar aquí la versatilidad y vigencia de esta pintura, capaz de brindar otras dimensiones de sentido al paisaje que miramos, casi sin darnos cuenta, cada día.
Instantáneas denomina Fernando Amengual una exposición de pinturas inaugurada en la galería Casa Mayor, de Villa Morra. Obras desarrolladas en los últimos diez años, en locaciones y tiempos reales, en la naturaleza y en la ciudad.
Arte
Fernando Moure (*)
Crítico de arte
mourefernando@gmail.com