Opinión

El país del amiguismo

Rodrigo Houdin Por Rodrigo Houdin

Cuando se habla de amigos, el pensamiento colectivo nos lleva a relacionarlo con buenas emociones. Muchos consideramos que un amigo es aquel que siempre estará a nuestro lado o quien, a pesar de los años, es capaz de reconocernos como parte importante en su vida. Sin embargo, la amistad no siempre es buena.

Es probable que desde niños hayamos escuchado comentarios referentes a los buenos y malos amigos. No tengo dudas de que la amistad es un tesoro que debemos de cuidar, pero hay un tipo de conducta que tal vez nos puede ayudar a atesorar dinero o éxito, pero en detrimento de los demás. Es ahí cuando hablamos del Kuate ro’o o amiguismo.

Según la definición de la Real Academia Española, el Amiguismo es la tendencia y práctica de favorecer a los amigos en perjuicio del mejor derecho de terceras personas.

Aunque hablar de amigos siempre nos conduce a un lenguaje connotativo, si vamos a hablar de amiguismo debemos de apelar al denotativo. El amiguismo es un peligro real y perdurable para una democracia, más aún para una tan débil como la del Paraguay.

En nuestro país el nepotismo y el amiguismo son males que están arraigados. Está presente en todos los estamentos de nuestra sociedad, provocando permanentemente una sensación de injusticia, mientras que el nepotismo solidifica a los clanes familiares que privan de oportunidades a los demás.

El Estado sufre al amiguismo en los cargos de confianza, los contratos temporales, cargos de asesores, consejeros, e incluso en las licitaciones. Para aquellos funcionarios públicos que en realidad cumplen con sus funciones, no ha de ser fácil que con cada autoridad que asume aparece alguien recién incorporado, que gana millonarias sumas sin hacer nada.

Pero esto mismo sucede en el ámbito privado, donde los méritos, las cualidades y las virtudes son avasallados por el amiguismo. Y así, muchos se jubilan viendo en cadena cómo algunos chupamedias pasan por los cargos importantes o son promovidos.

Los paraguayos vivimos en la permanente dicotomía entre “mojar la camiseta” y formarnos o conseguirnos un amigo bien posicionado que, algún día, nos pueda dar una mano.

Ya sea en lo laboral, en lo cotidiano, o como para sortear a la burocracia antes de una gestión, el paraguayo promedio siempre buscará algún amigo que le pueda ayudar. También están quienes quieren obtener el famoso “precio de amigo” o quienes inician la conversación con el “Hola amigo” antes de proponer alguna coima.

La amistad es un valor muy importante, pero para muchos sigue siendo solo la escalera que les permite llegan a la cúspide, o tal vez evitarse algunos problemas. Algunos podrían interpretar estas conductas como de falsos amigos, pero la cercanía por conveniencia es una realidad.

El amiguismo goza de muy buena salud en el Paraguay y cada vez son más los casos en donde quienes hacen de chupamedias o tienen padrinos poderosos terminan siendo promovidos o son salvados. Un claro ejemplo de esto son aquellos políticos que terminan sobreseídos, salvados de la intervención o siguen campantes en sus bancas del Congreso.

Lo que sí puedo afirmar es que Marciano Cantero, bajista y compositor de los Enanitos Verdes, no hacía referencia a una amistad como la del gobernador de Central, Hugo Javier, y el ex mandatario, Horacio Cartes, al momento de componer su emblemática canción Amigos, aunque para el ex animador de fiestas pareciera que “la luz seguirá brillando en la oscuridad” en lo que respecta a la intervención.

En el país de los amigos parece que la mejor fórmula del éxito y la impunidad es tener al menos un amigo dentro de los tres poderes del Estado o volvernos un chupamedias del que tiene el control sobre estas instituciones.

¡Bienvenidos a Paraguay, al país de los amigos!

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