07 nov 2026

El gigante engripado

Ya me parecía que el video que difundió Horacio Cartes apretando el botón que detonaba una explosión y diciendo “¡Ojo!” no tenía nada de inofensivo. La inesperada ruptura provocada por Peña y Alliana –dos engendros políticos de su propia factoría– tenía demasiado sabor a ingratitud como para que les saliera gratis. De hecho, hay dos fotografías de Cartes que me resultaron muy expresivas. La primera, cuando quedó súbitamente solo y, en una decisión desesperada, se abrazó con Mario Abdo Benítez. Se lo veía abatido y acongojado.

La segunda fue en Encarnación, en la mañana de aquel martes negro en el que tres millones de ahorristas amanecieron con la noticia de que habían sido estafados por ueno bank. Había asistido al juramento del intendente Remesowski y se lo veía sonriente y feliz.

El ritmo habitualmente cansino de la política paraguaya rara vez tiene sobresaltos; este es uno de ellos. El “peñismo” tuvo un origen sorprendente –una traición al patrón– y un final calamitoso. El más efímero de los movimientos internos colorados mostraba una silueta curiosa: lo encabezaban un ex liberal y un ex encuentrista. Sin embargo, logró la rápida adhesión de una legión de gobernadores y parlamentarios excartistas.

Ahora que Peña perdió el aura de estadista joven y moderno y que la gente lo ve como un vulgar ladrón y asaltante, todos lo niegan. Así como abandonaron a Cartes, ahora piden que Peña termine en Tacumbú. Tratándose de colorados, esa maniobra es de manual. Evoca la súbita desaparición de stronistas al día siguiente del golpe del 3 de febrero de 1989 y la ausencia de oviedistas al día siguiente del asesinato de Argaña, el 23 de marzo de 1999. No son más que colorados siendo colorados.

Entonces, los que primero fueron ex cartistas y luego ex peñistas probablemente piensen en reconstruirse en algo así como “newcartismo”. Es que el antiguo patrón ha recuperado el liderazgo y sigue presidiendo la ANR. Además, la candidatura de Alliana ha pasado al olvido, pues al asumir como presidente estará impedido de postularse para el 2028. Y mientras ejerza la presidencia estará muy vigilado, pues le impondrán como vicepresidente a Antonio Barrios, alter ego de Horacio Cartes.

Los colorados optaron por no incluirlo en el pedido de juicio político para limitar el daño político de un partido que bloqueó desde sus bancadas parlamentarias todos los pedidos de informes planteados por la oposición sobre las maniobras de ueno bank. Alliana tiene dificultades para desmarcarse del escándalo. Siendo vicepresidente de la República, frente a las evidencias de una estafa que afectaría a muchos compatriotas y cajas de jubilados, se quedó callado durante más de tres años. Es más, fue presidente en ejercicio durante cada uno de los 73 viajes al exterior que realizó Peña, lo que suma 165 días. Es imposible que no haya estado muy bien enterado de las maniobras financieras que se gestaban entre el Ejecutivo y el banco favorito del poder.

Ahora hay que barajar de vuelta, y la geografía interna de la ANR deberá rediseñarse. Y todos saben que Cartes pudo haber estado enfermo, pero no perdió la memoria.

Santiago Peña se va del gobierno por la puertita de atrás. Ha acumulado una fortuna imposible de justificar con su sueldo de presidente. Dudo que pueda disfrutarla con tranquilidad.

Quizás nunca pueda dormir en su mansión de San Bernardino, que costó más de un millón de dólares. Ese lujo faraónico, al igual que los nueve vehículos de precios increíbles estacionados en la casa de Miguel Vázquez, solo sirven para exacerbar la indignación de los ahorristas defraudados. Esa gente lo escrachará donde lo vea, aunque preferiría no verlo y que termine en la cárcel, como Vázquez.

Durante tres años nos agobió con el discurso grandilocuente y arrogante del “Paraguay potencia”, “el gigante que despierta”. Ahora descubrimos que el gigante no estaba tan sano; estaba, por lo menos, engripado.

Nos resta intentar que se recupere. Y, luego de devolver el dinero perdido, reiniciar la lenta y dura tarea de intentar reconstruir la credibilidad del gigante enfermo: nuestro sistema financiero herido por tecnócratas insensibles.

Más contenido de esta sección