23 abr. 2024

El genocidio del pueblo aché y el pedido de justicia universal

Después de 40 años de conocer el mundo la persecución de la dictadura contra los últimos silvícolas de las bosques orientales de Paraguay, el debate resurge con fuerza.

correo semanal julio 2014

Portada del correo semanal del 12 de julio de 2014, suplemento del diario Última Hora.

Por Miguel H. López | Periodista | @miguelhache

La sedentarización sistemática y forzada, la matanza por centenas y el robo y venta de niños y mujeres como esclavos para servidumbre, acometida en contra del pueblo aché (“la gente verdadera”) en las décadas del 60 y 70 por la dictadura de Stroessner (1954-1989) –y aún antes por los militares– vuelve a ser un inquietante motivo de interpelación a la sociedad paraguaya y plantea un nuevo escenario de lucha por justicia y reparación, a partir de la querella radicada en abril en Argentina, bajo la figura de Jurisdicción Universal.

40 años de denuncia

Mark Münzel y Bartomeu Melià, dos de los antropólogos que hace 40 años denunciaron ante el mundo el genocidio aché, se reencontraron a principios de julio en Europa para remover el pasado y hablar de genocidios actuales. El marco fue la conferencia Un Genocidio Olvidado. Los Aché del Paraguay, promovida por paraguayos agrupados en Paraguay Resiste en Madrid, España.

Las intervenciones transcurrieron entre relatos de la época, descripciones atroces de castigos y ejecuciones y los hilos de un reclamo y memoria que buscan justicia. El abogado Aitor Martínez, uno de los principales impulsores de la incorporación de la causa aché a la querella presentada por víctimas de la dictadura paraguaya, en agosto de 2013, ante el Juzgado Federal nº 5 en Argentina, a cargo del juez Norberto Oyarbide, con apoyo de la Fundación de Baltazar Garzón, sintetizó la situación de desinterés del Estado paraguayo en investigar el genocidio aché, por cuya razón la denuncia se vuelve transnacional. Esto es posible mediante la figura de la Jurisdicción Universal, que es un principio civilizatorio que permite perseguir un crimen en cualquier parte del mundo porque afecta a toda la humanidad, conforme explicó Carlos Slepoy, abogado que radicó la querella.

En aquel tiempo el Estado paraguayo ejecutaba una política de sedentarización sobre los pueblos originarios, a través de su Departamento de Asuntos Indígenas en el Ministerio de Defensa. En el caso aché la tarea fue puesta en manos del sargento Manuel Jesús Pereira, que es referenciado a lo largo de los relatos de cacerías, sacadas, ultrajes sexuales, castigos, muertes, ventas en esclavitud y “reeducación” de los aché wa, aché gatú y aché purâ. Münzel relata el caso de un poderoso jefe, Kande Pukúgi, reducido a un despojo humano y luego desaparecido en manos de Pereira por ser irreductible.

El 90 por ciento de las muertes aché entre el 60 y 70 fueron producidas por no indígenas, según Melià, quien parafraseando al naturalista y médico suizo Johann Rudolf Rengger, expresó en 1832 que “la historia del Paraguay es la historia de la destrucción de la nación guaraní”, aludiendo que hoy el genocidio de indígenas y campesinos está provocado por los cultivos extensivos de soja y la enajenación de sus tierras por agronegocios y extranjeros.

Justicia y reparación

Una de las víctimas sobrevivientes del genocidio, Margarita Mbywângi, secuestrada y vendida como esclava, reclamó justicia “por todos los hermanos que fueron masacrados” y anunció luchar por ella hasta la muerte. Mediante un video exhibido en la conferencia, la que se convirtió en líder prominente de los aché pidió a la sociedad el resarcimiento histórico a su pueblo.

Impacto internacional

Alejandro Parellada, directivo de la organización danesa IGWIA (Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas), a través de la cual Münzel denunció en el 73 la matanza contra los aché, recordó que entonces impulsaron una campaña internacional para parar el genocidio. Como derivación, el caso fue discutido en los parlamentos danés, estadounidense y noruego y llegó a ser artículo relevante en el influyente New York Times, más la intervención de organizaciones como Survival, la Comisión Interamericana de DDHH, que exigió a la dictadura el fin de las violaciones y restitución de derechos; la sociedad antiesclavitud, las Naciones Unidas y otros, sin mayores resultados. La consecuencia inmediata fue la expulsión de Paraguay de los antropólogos extranjeros y el encarcelamiento de los activistas que habían hecho la denuncia.

El encuentro inusual realizado en Madrid concitó un renovado interés de la sociedad intelectual y militante de Europa. Los medios y portales periodísticos se hicieron eco del caso y los promotores de la querella por Justicia Universal anuncian en breve imputaciones y oficios de persecución en contra de los responsables de los crímenes contra el pueblo aché, pese a que la Fiscalía paraguaya no responde a los requerimientos del juez interviniente .

La causa que se desarrolla en tribunales argentinos no abandonará esa instancia hasta que Paraguay decida iniciar acciones e investigaciones porque la Comisión de Verdad y Justicia sostiene en su informe final que existe demostrada responsabilidad de agentes del Estado, además de la omisión de protección y garantía de derechos, más la falta hasta la fecha de investigación, sanción y reparación. Según el abogado Martínez, esta situación acarrea al país responsabilidad en materia de DDHH que debe ser remediada.

Actualmente los aché sobrevivientes están asentados en comunidades propias en los departamentos de Canindeyú, Caaguazú, Caazapá y Alto Paraná. Luego de haber sido casi exterminados, y de haber sido sacado el último grupo silvícola en 1978, actualmente la población es de unas 2.000 personas, pese a ser el grupo indígena de mayor tasa de natalidad en el país, según el censo oficial.

Entre los motivos de la razzia, que constituyó una suerte de limpieza étnica, desatada con virulencia contra los aché entre el 60 y 70, se encuentran los objetivos del Gobierno de apropiarse de sus tierras, expandir la frontera agrícola y promover la explotación forestal y el negocio de la ganadería. Este pueblo nómada de cazadores-recolectores –según estudios– entorpecía los planes de la dictadura.

Los sobrevivientes de aquella época siguen desarrollando precariamente sus expresiones culturales, aunque la sedentarización provocó la destrucción progresiva de elementos fundamentales del imaginario aché. Los cantos, pre’e, a los que el escritor Augusto Roa Bastos denominó relatos de agonía de aquel pueblo hasta hoy resuenan –aunque cada vez menos– en las raleadas selvas de la Región Oriental

Ahora el debate será en Asunción

El próximo jueves 17 de julio, a partir de las 18.00, sobrevivientes y descendientes de las víctimas del genocidio aché, junto a abogados y otros conocedores de aquella historia, se darán cita en la biblioteca de la Manzana de la Ribera de Asunción en un encuentro abierto impulsado por el colectivo Kuaa Reko, que en idioma aché significa “memoria, sabiduría”.

Representantes de la comunidad discutirán con los asistentes aspectos que hacen al pasado y presente de su pueblo y especialistas en materia de Justicia Universal pondrán en perspectiva esta posibilidad jurídica. Abogados que apoyaron la ampliación de la querella en tribunales de Argentina acompañarán el encuentro para explicar los alcances del derecho.

Extractos de la conferencia desarrollada en Madrid también serán exhibidos como parte de los disparadores del debate que, según los organizadores, busca reinstalar en el conocimiento de la sociedad paraguaya una franja dolorosa que vivió la población bajo la dictadura y la necesidad de búsqueda de justicia y reparación para las víctimas y sus familiares.

En paralelo habrá una muestra fotográfica de escenas y vivencias en las comunidades aché en la actualidad, con algunas referencias al pasado.

La actividad forma parte de una serie de trabajos que se irán desarrollando dentro de la discusión sobre la represión dictatorial contra los pueblos originarios.

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