El Instituto Nacional de Estadística (INE) presentó el panorama actual de Paraguay en materia de déficit habitacional. El derecho a una vivienda digna y adecuada, reconocido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en la Constitución Nacional del Paraguay, constituye un pilar fundamental para el desarrollo humano y la cohesión social. Sin embargo, en Paraguay este derecho dista de ser una realidad para una porción significativa de la población.
El déficit habitacional se refiere a las necesidades de viviendas insatisfechas dentro de una determinada población. Este déficit se divide en cuantitativo y cualitativo. El déficit cuantitativo refiere a la cantidad de viviendas nuevas que se necesitan construir, mientras que el déficit cualitativo se enfoca en las viviendas que ya existen, pero que necesitan mejoras urgentes. Esto incluye problemas con la calidad de los materiales (techos, paredes), la falta de servicios básicos como agua o un baño adecuado o la falta de espacio suficiente para dormir.
En Paraguay, el déficit habitacional total afecta a 1.117.212 viviendas particulares ocupadas. El déficit cuantitativo alcanza a 108.678 viviendas, mientras que el déficit cualitativo afecta a 1.008.534 viviendas.
El déficit habitacional se erige como uno de los problemas estructurales más graves del país, un síntoma de profundas desigualdades socioeconómicas y un obstáculo para la movilidad social.
Las consecuencias del déficit habitacional trascienden la falta de un techo y se extienden a todos los ámbitos de la vida. En el ámbito de la salud, la precariedad de las viviendas y la falta de saneamiento propician la proliferación de enfermedades diarreicas, respiratorias y vectoriales como el dengue. El hacinamiento facilita la transmisión de enfermedades y genera estrés psicosocial.
En el ámbito educativo, el hacinamiento dificulta el estudio y la concentración de los niños y jóvenes. La inestabilidad residencial y la lejanía de los centros educativos pueden aumentar la deserción escolar.
En el ámbito social y de seguridad, la falta de tenencia segura de la tierra genera vulnerabilidad ante desalojos y conflictos sociales. Los asentamientos precarios suelen estar más expuestos a la violencia y al crimen y la falta de espacios públicos adecuados limita la recreación y la construcción de capital social.
En el ámbito económico, el déficit habitacional representa un problema para la productividad. Familias que destinan una parte desproporcionada de sus ingresos al alquiler o al transporte desde zonas periféricas ven mermada su capacidad de ahorro además de destinar tiempo excesivo para la movilidad. Además, la construcción informal no genera empleos de calidad ni dinamiza la economía formal.
El déficit habitacional en Paraguay requiere superar el enfoque tradicional centrado únicamente en la construcción de unidades y avanzar hacia una política integral. Dicha política debe reconocer la existencia del déficit cuantitativo y cualitativo y fortalecer mecanismos de financiamiento con instrumentos flexibles y accesibles para los sectores informales y de bajos ingresos.
La solución al déficit habitacional no es solo técnica, sino política. Exige una voluntad del Estado, una coordinación efectiva entre los diferentes niveles de Gobierno, una adecuada coordinación con el sector privado para generar cadenas productivas que generen sinergias, una asignación presupuestaria sustancial y una mirada realista a las soluciones que se propongan.
Una política estatal activa en el sector no solo beneficiará a las familias con una mejor calidad de vida, sino también a un sector productivo que genera gran cantidad de mano de obra y que incluye a la industria, desde la elaboración de materiales de construcción hasta pintura, artefactos eléctricos entre otros. No atender este problema constituye una oportunidad pérdida para el crecimiento y el desarrollo.