18 ago 2026

El Cántaro BioEscuela Popular cumple 19 años

Hecho realidad. El Cántaro es un proyecto soñado y realizado por Joe Giménez.
Construcción. El lugar fue hecho con barro y arena, bajo la atenta guía de Gustavo Díaz.

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Joe Giménez y Gustavo Díaz. Artífices del proyecto hecho realidad desde hace 19 años en Areguá.

carbenitez@uhora.com.py

El Cántaro BioEscuela Popular es una comunidad de aprendizaje a través de talleres creativos populares y actividades socioculturales y ambientales que apuntan a la transformación social. Hoy cumple 19 años y está ubicado en Vía Férrea casi Mariscal Estigarribia de la ciudad de Areguá.

La idea inició con talleres de arte, música y títeres en la calle, donde permaneció por tres años como un proyecto comunitario. Luego se alquiló una casa donde funcionó por 18 meses. “Era una casa hermosa, solo que totalmente destruida y abandonada, pero para nosotros lo digno era tener un techo. Entonces la acondicionamos, incluso la queríamos comprar, pero subió el alquiler, incluso el precio de venta”, cuenta Joe Giménez, mediadora cultural.

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Réplica. La biblioteca redonda junto a la comunidad de El Cántaro. Cada muñequito cuenta una historia.

Foto: Andrés Catalán

Para tratar de solucionar, se consiguió dinero del FONDEC, pero como subió el precio no se pudo acceder a la casa. Con este episodio, Joe casi tira la toalla, hasta que apareció su compañero Gustavo Díaz, con quien además de seguir con el proyecto formó una familia.

Una vez que consiguieron un terreno, el cual era una chatarrería, él tuvo la idea de construir con barro, utilizando técnicas que aprendió en el extranjero. Usaron tierra roja y arena, cada pared entre cada horcón tiene una técnica distinta para experimentar y demostrarle a la comunidad que se puede construir con lo que uno tiene. Incluso reutilizaron varios objetos del mismo lugar.

El Cántaro es una fundación, sin fines de lucro. Posee una escuela abierta y gratuita. “Con o sin fondo la escuela está abierta”, destaca Joe. Las clases comienzan en marzo y terminan en diciembre. Hay casi 200 estudiantes de música, hay clases de inglés, karate, teatro, taichi, piano, acrotela, kung fu y otras disciplinas.

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Diferentes técnicas. Las paredes del salón principal están hechas con barro.

Desde hace unos años se implementó la membresía, que es un aporte de G. 20.000 mensual. “Pero el que no puede igual accede a los cursos”, aclara Joe.

La misma cuenta que lograron tener pequeños padrinos. Por ejemplo, una empresa paga la luz, otra realiza reparaciones, tienen internet gratis y una fundación paga los salarios de los profes. El Cántaro también cuenta con un almacén de arte que dona el 30% de sus ventas. Se trata de una empresa social con arte auténtico de artistas populares, nativos y contemporáneos de Paraguay. El almacén está ubicado en Mariscal Estigarribia 102 esquina Domingo Martínez de Irala, también de Areguá.

Espacios

Además del salón principal, el cual está construido con barro y objetos reciclados, el lugar cuenta con una biblioteca en forma redonda. En la época de pandemia allí se acopiaron insumos para ollas populares. “Es un lugar que rompe con la idea de biblioteca tradicional. Las propias paredes se convierten en techo”, revela Gustavo.

Luego cuenta con una cocina, pues los estudiantes pueden desayunar y merendar. Las mamás vienen a ayudar para la preparación de los alimentos y se vuelve un espacio de camaradería, todos colaboran aunque sea con algo pequeño en insumos.

La sala de música está ubicada en un segundo piso y fue construida con ayuda de la Embajada de Japón en Paraguay. Dispone de instrumentos para ser prestados a los alumnos hasta que ellos consigan los suyos. “El Cántaro es como un semillero, los alumnos vienen y ven lo que les gustaría aprender. Vienen con la idea de aprender guitarra y al final aprenden a tocar otros instrumentos”, destaca Gustavo Díaz.

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Alumnos. De lunes a sábado, El Cántaro recibe a estudiantes para aprender.

Saliendo por el costado de El Cántaro, a solo unos pasos, se puede ingresar al Bosquecito de la Bioescuela. Llamado así porque los árboles del terreno se mantienen intactos y el escenario para hacer teatro o danza al aire libre. Este predio se pudo conseguir gracias a donaciones de amigos e instituciones. La construcción también es de barro.

“Pienso en la cultura como nexo para transformar la vida de las personas no como espectáculo. Mi tesis fue imaginar un lugar como El Cántaro”, revela Joe, quien estudió mediación cultural en París.

Cursos disponibles

El jueves 27 de agosto, de 13:30 a 16:30, inicia la Escuela de Cerámica Fuego y Barro. Dirigido a jóvenes con experiencia previa en cerámica que quieran seguir aprendiendo y profundizando en este oficio. Se trabajará sobre el torno, esmaltado, diseño, procesos de cocción y otras técnicas. Consultas al (0983) 387-006.

También se prepara el curso práctico intensivo “Bioconstrucción Bambú y Tierra”. Será el sábado 12 y domingo 13 de septiembre, de 09:00 a 17:00, en el Bosquecito. Más informes al (0982) 725-045.

El local en sí de El Cántaro está abierto de lunes a sábados, porque la casa está abierta a cualquier disciplina que precise local. “Los 19 años de talleres, encuentros y comunidad no son solo historia: son un modelo posible. Una prueba de que otra forma de hacer cultura y política cultural más horizontal, más comunitaria, más humana es posible construirla desde la práctica”, destaca en las redes de la Bioescuela.

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