Opinión

El año 2023 ha comenzado ahora

 La próxima semana el presidente del Brasil, Jair Bolsonaro, estará en Itaipú para poner en posesión de cargo al nuevo director general brasileño Joaquín Silva y Luna.

Silva y Luna es general de Ejército, tiene un doctorado en Ciencias Militares, una maestría en Operaciones Militares y un posgrado en Política, Estrategia y Alta Administración, todos por la prestigiosa Escuela de Comando y Estado Mayor del Ejército del Brasil.

Este militar que fue ministro de Defensa del gobierno de Temer tendrá a su cargo no solo el comando de la empresa binacional, sino por sobre todas las cosas, el liderazgo en la renegociación del Anexo C del Tratado de Itaipú, que vence en el 2023.

Recordemos que en el Anexo C se encuentran las bases financieras para el cálculo del costo de la energía, las cuales deberán ser revisadas a los 50 años de la firma del tratado, que fue en 1973.

Las bases financieras están definidas en el entendido de que Itaipú es como una “fábrica de energía sin fines de lucro” que tiene tres grandes costos: los royalties por el uso del agua del río, los gastos operativos y los gastos financieros por las deudas contraídas para su construcción.

La suma de los tres costos se divide por la energía generada y se obtiene el precio de esa energía, que en este momento tiene un valor de aproximadamente 43,68 USD/MWh.

Como en el 2023 la deuda quedará cancelada totalmente, ese tercer componente de los costos desaparecerá y… si los demás costos se mantienen, el precio de la energía se reducirá a unos 15 USD/MWh… ¡una reducción del 65%!

El Brasil que actualmente consume el 86% de la producción de Itaipú y es socio solamente en el 50%, quiere, como es lógico, que se reduzca el precio de la energía que compra.

Mientras que el Paraguay que consume tan solo el 14% de la producción, pero que es socio en un 50% se opone a dicha reducción de precios, pero no sabe exactamente qué es lo que quiere.

Por el lado brasileño, existe un claro consenso entre los sectores políticos, empresariales y sindicales, sobre la necesidad de reducir el precio de la energía que llega a las familias y a las empresas, con el objetivo de mejorar la competitividad del país y generar empleo.

El Paraguay tendrá enfrente a un gobierno duro y nacionalista como el de Bolsonaro que tiene como eslogan El Brasil por encima de todo y que tendrá como uno de sus principales negociadores a un experto en estrategia, como el general de Ejercito Silva y Luna.

Mientras esto ocurre en el lado brasileño, en el Paraguay no existen ni foros, ni debates, ni discusiones que permitan a los diferentes sectores llegar a un consenso mínimo, sobre cuál debe ser una posición negociadora realista de nuestro país.

Las opiniones que hoy se escuchan van desde las más duras, extremistas y poco realistas hasta las muy blandas, conformistas y poco ambiciosas.

Del gran experto en negociación Enrique Fernández Longo aprendí que en toda negociación existe una que es interna (conmigo) y la otra que es externa (con el otro). La más difícil, decía Enrique, es la interna, la que aún no hemos hecho en nuestro país.

En este ambiente de falta de consenso nacional, compadezco a nuestros futuros negociadores, porque con seguridad serán acusados y criticados hagan lo que hagan y cualquiera sea el resultado al que se llegue.

Si bien el Anexo C vence recién en el 2023, las empresas brasileñas que distribuyen la energía al consumidor final necesitan conocer con exactitud la disponibilidad y el precio de Itaipú, por lo menos tres años antes de que ocurra esa variación.

Consecuentemente, debe llegarse a un acuerdo como máximo en el 2020 (el año que viene), lo que obliga a las partes a comenzar a negociar ya.

Con el nombramiento del General Silva y Luna en Itaipú, los acontecimientos van a precipitarse y el Brasil ya sabe lo que quiere, mientras que el Paraguay aún no.

El 2023 que parecía lejano, ha comenzado ahora.

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