25 abr. 2024

El amigo del Mariscal

Esta es una historia de la guerra grande sobre Francisco Isidoro Resquín, de quien Juan Crisóstomo Centurión llegó a decir que “veía traidores hasta en la chipa”.

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Ángel Piccinini

Investigador

Francisco Isidoro Resquín Xara nació en Asunción el 2 de enero de 1824. Ingresó en el ejército como tambor a un día de cumplir 17 años. Estando en campaña el 18 de febrero de 1846, en Payubre-Corrientes, tres escuadrones paraguayos se sublevaron, Resquín, que entonces era cabo, logró escapar y dar parte al joven general Francisco Solano López, acto que le valió el ascenso a Alférez (amistad que empieza en una guerra y termina en otra). Desde ahí, lo vamos encontrando en cada capítulo importante en la historia del ejército paraguayo en el exterior. En 1849, es comisionado por el general, hijo del presidente de la República, a las órdenes del comandante en jefe de las Fuerzas Nacionales en operaciones en la ocupación de Misiones, Tte. Cnel. Francisco Wisner von Morgenstern.

Ya coronel en 1859, acompaña al general López en su misión como mediador en el Pacto de San José de Flores, que pausó la guerra entre la Confederación Argentina y el Estado de Buenos Aires por un corto tiempo. Ocurrido el incidente con los ingleses por el caso Constatt en el puerto de Buenos Aires, el Tacuary quedó imposibilitado de salir y la comitiva tuvo que regresar por tierra hasta Paraná. Resquín junto con Carlos Saguier acompañan a López en una volanta y los demás, entre ellos el hermano del Gral. López, Benigno a caballo. Esto demuestra el grado de acercamiento que Resquín tenía con López.

En 1861 es designado comandante militar de Villa Concepción, donde permanece hasta el 14 de diciembre de 1864, fecha en que al mando de la División por tierra compuesta de las tres armas, parte de Concepción para invadir Brasil, con lo que inició el conflicto que desembocó en la Guerra de la Triple Alianza. Al cabo de algunos meses de permanencia allí, fue llamado a Humaitá por el mariscal y en recompensa de sus servicios fue promovido a brigadier general. El 24 de junio de 1865 y designado segundo comandante de la División del Sud, después de ser arrestado el primer comandante, el brigadier Robles.

La pérdida de la columna expedicionaria del Uruguay obligó al pasaje de la División del Sud al territorio paraguayo, lo que concluyó el 3 de noviembre de 1865. Después, Resquín fue designado presidente del Consejo de Guerra para juzgar a Robles y a sus subalternos. Aquí empieza a perfilarse la mano verduga del mariscal que más tarde dirigiría los sanguinarios Tribunales de San Fernando.

Actúa como jefe de columna en la batalla de Tuyutí del 24 de mayo de 1866 y fracasa en el plan. El Cnel. Silvestre Aveiro recoge que Resquín, queriendo justificarse con López, le dice que había errado el paso, pero esto no lo salvó de recibir de su amigo una terrible reprimenda “Vd. es un cobarde que no merece sino cuatro balazos, pues ha ido a sacrificar inútilmente las fuerzas de su mando”.

El 24 de julio de 1867 es nombrado Comendador de la Orden Nacional del Mérito. Cuando López cae enfermo de cólera en setiembre de 1867, Aveiro involucra a Resquin en una “conspiración” en busca de quién reemplazaría al Mariscal en caso de que muriera.

Gregorio Benites, en una entrevista con Napoleón III, respondiendo a la pregunta de quien podría sustituir a López, nombra a Resquín después de Caballero, más adelante califica a Resquín de “genio especial de organizador y excelente táctico”, a lo que el emperador francés responde “esos nombres no me son desconocidos, los tengo en buen concepto, por lo que he oído hablar de ellos”.

Juan Crisóstomo Centurión comenta una anécdota de cuando él defiende a un traidor, de las burlas de los soldados, Resquín, enterado, va inmediatamente al mariscal con lo ocurrido, a lo que el Mcal. responde: “Ese muchacho se ha educado en Europa, y todavía es inexperto y débil. No hay que castigarlo, sino darle un buen susto con una buena raspeada como Ud. lo sabe hacer. (Ivyro gueteri ku hikoni)”sic.

Siempre tan obediente, Resquín, acusa a Centurión de traidor y amenaza con fusilarlo. Sí, que era bueno Resquín en esto, pues deja mortificado y llorando al “cómplice” Centurión, quien ni siquiera sabía por qué lo llamaba y menos por qué tan terrible castigo. Resquín era inmisericorde con todos, ya sean paraguayos, brasileños o mujeres. Hacia finales de 1867, en un intento de fuga de prisioneros brasileños, dos mujeres brasileñas fueron condenadas a 50 azotes por Resquín por no denunciar el plan, pero Solano López alivió la pena cancelando los cincuenta azotes y ordenando que fuesen enviadas a Asunción. En otro suceso más adelante, Centurión deja ver que Resquín, superando a López a veces, veía traidores hasta en la chipa, al acusar a dos mujeres (madre e hija) que se habían extraviado, de ser espías, pero al escucharlas López las mandó poner en libertad.

Centurión también deja escrito, que al saber el mariscal de lo ocurrido en Asunción cuando Humaitá fue rebasado por la escuadra hizo reunir a un pequeño grupo, entre ellos Resquín, donde preguntó a todos cuál debía ser “el medio más eficaz que debería adoptarse para abreviar y terminar lo más pronto posible el enjuiciamiento de ellos” a lo que Resquín fue el primero en responder: “¡Señor, yo pienso que para abreviar todo procedimiento debería de adoptar los medios con que autorizan los ordenanzas a tratar a los traidores cuando son contumaces, es decir, las torturas!”.

Estando ya en Cerro Corá, hacía días que estaba indispuesto durante la batalla es encontrado al lado del carruaje de Madame Lynch montado sobre una mula (otros dicen que escapó de la batalla). Arturo Bray recoge de varios registros paraguayos, que al encontrarse rodeado Resquín, pensó que era prudente entregarse, en un gesto de sumisión. A esto se refiere Centurión así: “Y aparte de esta circunstancia, tiene poco valor por ser la de un hombre que observó una conducta poco digna del elevado rango que investía, al entregarse como prisionero de guerra”. Ya en la acción de Tuyutí, Centurión lo tacha de no haber “poseído valor ni valentía”.

A fines de marzo Resquín se encontraba con su familia en Humaitá con destino a Río de Janeiro, pero quedo allí definitivamente debido a la “indisposición que sufría él y una hija suya virulenta recién convaleciente”, siendo atendido por los brasileños.

Aveiro dice que Resquín escribe sus memorias de la guerra, apenas sale de Cerro Corá. La termina en 1875, con el título de “Breve Relaciones Históricas de la guerra, contra el gobierno de la República del Paraguay, por los gobiernos de la triple alianza brasileño-argentino y oriental”. Guillermo Stewart comenta en su diario “El general Resquín me envía sus notas, y pide mi opinión acerca de si él debería de escribir la historia de la guerra. Encuentro que en sus apuntes están muy bien descritas las batallas”

Estos escritos de Resquín claramente estaba a favor de la causa y decisiones del gobierno de Francisco Solano López y muy en contra de la Triple Alianza “de las tres naciones coaligadas para exterminar a la nación paraguaya, saqueando sus más preciosas alhajas los salvajes de la triple alianza” y en otra parte “no tenían otras razones para la guerra que la ambición de los territorios nacionales”.

Sin embargo, en una carta dirigida a Correa Da Cámara, asesino de su hasta entonces amigo, el Mariscal López, va cerrando su escrito con párrafos así: “Debo la vida al héroe de esa gran jornada y a las tropas que allí dieron el último combate de esa lucha gigante de la libertad y la tiranía, la civilización y la barbarie. Un pueblo entero gimió largos años bajo un yugo de fierro. El Brasil y sus aliados lo salvaron”.

Luego de más de una década, lo encontramos ocupando el cargo de Jefe Político y Presidente de la Junta Municipal del departamento de San Pedro de Ycuamandiyú. Habiendo contraído la “fiebre malaria” de la cual no se recuperó, falleció el 28 de diciembre, a los 58 años, siendo inhumado en el cementerio local.

En 1945 fueron exhumados sus restos y depositados en una urna artísticamente tallada en madera y trasladada hasta la Catedral de San Pedro Apóstol, con una salva de diez cargas que hizo temblar el lugar. Pero la justicia aunque llega tarde, llega… cuando la revolución del 47 y su completo descontrol en el pueblo, en la sala de entrada de la Delegación sobre un armario se conservaba la urna, cubierta con una bandera paraguaya, y según relata el Prof. Tomás Libardi, testigo ocular de lo ocurrido, una señora sacó la urna, destapó y golpeó por la vereda sacudiendo hasta las últimas cenizas, la llenó de maíz y se la llevó sobre la cabeza. Perfecto final para un hombre sanguinario y cínico, que en nombre de seguir órdenes fue cómplice en el asesinato de innumerables paraguayos y extranjeros durante la Guerra de la Triple Alianza.

*Agradecimiento a Sacha Benítez por los datos de la causa de muerte y fecha de fallecimiento de Resquín.

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