El hecho ocurrió el sábado alrededor de las 18:00 y volvió a registrarse otro desprendimiento este lunes, a consecuencia de las lluvias.
Elva Martínez, una de las damnificadas, relató que el derrumbe ocurrió de manera repentina, cuando su familia se encontraba dentro de la casa. Un fuerte ruido los alertó y, ante el temor de que la estructura se viniera abajo, salieron rápidamente a la calle para ponerse a salvo.
“Rápido salimos a la calle para salvarnos. Gracias a Dios no nos pasó nada, pero perdimos toda la casa. Fue todo muy rápido”, expresó la mujer, quien ahora busca ayuda para reconstruir su vivienda.
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La afectada explicó que la caída se produjo en la parte alta del terreno y que los escombros y el desplazamiento de tierra alcanzaron otras viviendas ubicadas más abajo.
La situación mantiene en alerta a los pobladores, debido a que las lluvias continúan debilitando el suelo y existen otras casas construidas en sectores elevados que también podrían correr peligro.
Martínez señaló que una persona de “buen corazón” les ofreció un espacio temporal para permanecer con su familia mientras buscan una solución. Sin embargo, aseguró que no quiere volver a vivir en el lugar por el riesgo que representa la pendiente.
“Acá ya no da para vivir, es muy peligroso. Nosotros tenemos un terreno en el kilómetro 14 y allí quiero construir de nuevo mi casa. Para eso pido ayuda”, manifestó.
La mujer necesita materiales de construcción, especialmente cemento, ladrillos y chapas, para levantar nuevamente su vivienda en un sitio más seguro. Las personas interesadas en colaborar pueden acercarse hasta la Iglesia Virgen de Fátima, donde se encuentra actualmente junto con su familia.
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Por su parte, Margarita Vallejos, otra de las afectadas, contó que se encontraba en la cocina cuando escuchó un fuerte ruido. Al salir para verificar lo que ocurría, se encontró con que la vivienda ubicada en la parte superior ya se había desplomado y el derrumbe había alcanzado su casa.
“Yo estaba en la cocina cuando ocurrió todo. Escuché el ruido, salí rápido y cuando miramos arriba ya vimos que no estaba más la casa ajena. Cayó todo y afectó mi cocina”, relató.
Vallejos lamentó que varias familias se vean obligadas a vivir en condiciones de riesgo debido a la falta de recursos para acceder a terrenos más seguros. “Este no es un lugar bueno para vivir, es accidentado. Por pobres estamos acá”, expresó.
La mujer indicó que unas 10 familias resultaron afectadas por el desmoronamiento, aunque sostuvo que su situación es una de las más delicadas y que el peligro persiste, debido a la presencia de otras viviendas en la parte alta de la pendiente.
Los damnificados temen que nuevos desprendimientos puedan producirse si continúan las lluvias. Mientras intentan recuperarse de las pérdidas, solicitan ayuda para conseguir materiales y encontrar una alternativa habitacional que les permita abandonar definitivamente el sector vulnerable.