24 jul. 2024

Deliverology

La palabra “delivery”, si bien pertenece al idioma inglés, es ya comúnmente utilizada en nuestro idioma para referirnos a esos miles de personas que son capaces de entregar diversos tipos de productos. Los que la gente demanda para satisfacer sus necesidades.

Con ese terrible encierro colectivo a causa del Covid, el “delivery” se convirtió en un recurso muy preciado y valorado, pues sencillamente era capaz de entregar algo de valor cuando se lo requería.

De alguna manera es el gran problema que tienen nuestros gobiernos. Y es esa incapacidad percibida y experimentada de entregar en tiempo y forma –con calidad– aquellos bienes públicos básicos, que además forman parte de las promesas de campaña de quienes posteriormente se convierten en los gobernantes.

Recientemente un grupo de personas fuimos invitados por el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) a participar de un interesante diálogo regional sobre “Gobernanza para el Desarrollo” para analizar muchos de los problemas estructurales que enfrentan nuestros países. Y que, según los sondeos, nos está llevando a un camino peligroso de enorme descontento con la democracia y su incapacidad de cumplir con su promesa de valor, de más prosperidad para todos.

Obviamente, estamos hablando de problemas complejos, con muchas aristas y tremendas dificultades para encararlos. Pero una cuestión central y elemental es cómo llevar adelante, de manera eficaz y eficiente, el “delivery” de los bienes públicos que demanda la ciudadanía. Lo cual realmente no está ocurriendo, a pesar de que los gobernantes tienen la legítima autoridad para implementar los sistemas de entregas de aquello que se ha prometido.

En verdad se trata de un problema a nivel mundial. Y algunos gobiernos han ensayado mecanismos innovadores para enfrentar esta tremenda dificultad de entrega, incluso cuando las buenas intenciones están presentes por parte de los gobernantes; pero la lógica de la burocracia dominante no permite que las cosas ocurran como deben ocurrir para esa mejor entrega.

Inglaterra, por ejemplo, hace ya unas dos décadas y media creó una instancia llamada “Delivery Unit” en el gobierno, una suerte de unidad especial que se enfocó precisamente en desarrollar mecanismos, sistemas y formas de trabajo que le permitieron la entrega concreta de determinadas prioridades que fueron establecidas por el gobierno de turno.

Esa experiencia superinteresante y exitosa fue profusamente analizada, y su lógica de funcionamiento se expandió a varios países. De hecho, el primer encargado de esa unidad especial en el gobierno inglés de fines de los 90’ se convirtió en una suerte de gurú internacional en este tema de la “deliverology” (escribió un libro con ese nombre incluso).

En Paraguay más de un gobierno logró instalar instancias similares, pero no conocemos mucho sobre los verdaderos impactos de estas iniciativas, qué aprendimos de lo actuado y qué podemos hacer para que la lógica sea la de mejorar y sostener mecanismos que ayuden a mejorar la entrega de las promesas de los gobiernos.

En términos muy sencillos, la “deliverología” –si se permite el neologismo– se trata básicamente de crear, ir mejorando y sostener sistemas que permitan a los gobiernos de turno entregar la propuesta de valor que han prometido en beneficio de la ciudadanía.

Nuestros gobiernos tienen un alto nivel de legitimidad de origen, pues fueron electos de manera democrática, pero la legitimidad de resultados es la que se está esfumando rápidamente. Y debemos enfocarnos en ir resolviendo esta situación, para no enfrentar el riesgo del surgimiento de propuestas populistas que plantean soluciones y promesas cuasi-mágicas –en realidad incumplibles– que ya van apareciendo con fuerza en la región y en nuestro país.

Necesitamos con urgencia una cátedra de “deliverología”. Y, sobre todo, que muchos tomadores de decisión la realicen.

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