20 feb. 2024

Degradación mata guapitos

Mirando por un rato, por otros, solo bajando la cabeza, así reacciona Hernán Rivas desde su banca, mientras sus colegas resaltan su incapacidad. El senador de Honor Colorado no se defiende cuando le gritan burro, se burlan por su limitada comunicación oral, por su falta de autonomía de criterio.

El joven representante del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados no se defiende, porque no tiene herramientas ni estrategia propia para desenvolverse en su característica inculta.

Sin embargo, su rostro suena fuerte. Suena con micrófono, tiene discurso y una estructura que se abroquela en su defensa. Su rostro es el mensaje de quien en unos días será el presidente de la República: “Lastimosamente hay muchos correligionarios que no entienden, que creen que los cargos que tienen son porque son guapitos, porque tienen la pared llena de títulos; está lleno de gente con títulos, pero los que llegan a los cargos llegan gracias al Partido Colorado”.

Así describía Santiago Peña al modelo que comenzó a ejecutarse, que tiene antecedentes y que representa a un sector económico que busca proteger sus intereses mediante el poder político.

El cartismo instrumentaliza la degradación política en su proyecto de copamiento.

Los nombramientos, no solo el de Rivas, son una representación simbólica de que no es necesario cultivarse, esforzarse, formarse para ocupar un cargo de poder. Lo único necesario es afiliarse al Partido Colorado y ser servil. Lo que importa es el patrón. Lo demostró también Virina Villanueva, de Honor Colorado, la diputada de Concepción, que llamó la atención por su carente comunicación y lectura durante su primera intervención en una sesión. La legisladora ahora es representante titular del Parlasur, un organismo internacional donde Paraguay deberá abordar sus intereses en el contexto regional.

No hubo criterio de idoneidad ni mérito. La degradación política que aleja a los cargos de su naturaleza.

Pero el oficialismo prefirió actuar en defensa de este modelo, y Peña fue claro al respecto.

Rebajar la calidad de un cargo público no puede ser defendido. Un estadista debe prevenir la degradación con su saber político, no ensalzarla.

En el caso de la presidencia del JEM, un puesto muy demandante de idoneidad, el cartismo prefirió ubicar a una persona sin experiencia en el derecho y con un título obtenido de forma dudosa. Tampoco tiene trayectoria ética que lo avale, solo un credencial de ser colorado y funcional.

Es un mensaje para los profesionales que llegan con esfuerzo, que no tendrán oportunidades ni espacios.

Este mensaje ya fue recibido por el gremio de abogados y causó molestias entre algunos fiscales. El JEM tiene el antecedente penoso de funcionar como instrumento de presión política.

La designación de Rivas no genera la confianza de que podrá descontinuarse este sistema y llega en un momento en que la Justicia debe recuperar la credibilidad que perdió con los malos manejos del Ministerio Público aliado a un sector. El JEM es una institución que debe ser garante de la independencia y la probidad de todo el sistema de justicia, pero hasta ahora solo se ha encaminado hacia la degradación.

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