Aquel que dijo que si supiéramos cómo se fabrican las encuestas y los chorizos jamás nos comeríamos ninguno de los dos, tenía razón.
Esta semana la encuestadora Ati Snead, en una genial creación por encargo de los transportistas, nos trajo unos resultados sorprendentes.
El 95% de los preguntados ¡no quieren autobuses con aire acondicionado! Se oponen con fiereza a viajar en mejores condiciones. A refugiarse con comodidad del calor del trópico que dura nueve meses.
Según la encuestadora de marras, viajar mejor es un insulto.
Lo que desearon sus financistas (los empresarios) es que contribuyamos todos los paraguayos —incluidos los que no usan ómnibus como medio de transporte— a no tener que invertir en medios confortables y que con los 15.000 dólares que les regalamos sigan maltratando como animales a los usuarios.
Ni en la imaginación más calenturienta cabe concluir que los paraguayos encuestados son unos reverendos masoquistas que disfrutan viajando miserablemente y que desean ser tratados además de idiotas como infradotados, a los que la palabra aire acondicionado les trae los peores recuerdos imaginables.
No creo que ningún paraguayo no sepa la diferencia entre estar a más de 40 grados de calor que montarse a un ómnibus donde la temperatura sea de 22 y que crea que no le importa la diferencia porque le encanta sufrir y padecer el calor veraniego.
Esta encuesta debería ser material de estudio de cualquier comienzo de posgrado en las universidades para analizar cómo han podido llegar a semejante conclusión.
¿Cuáles han sido el criterio, las preguntas, los lugares, la hora y la temperatura reinante en el momento de la toma de datos?... y además que nos presenten a los más de mil paraguayos a quienes les encanta padecer y sufrir el encantador verano nacional.
No creo en esta encuesta porque conozco bastante de este país donde nací y decidí vivir y —sin recurrir a ningún criterio científico— solo basta con mirar a los usuarios del transporte diariamente, vencidos por la mala calidad del servicio, la incompetencia del Estado para regular el negocio y la incapacidad cívica de rebelarse contra ellos, y ver cómo sufren lo que los empresarios llaman servicio.
Además de regalarles millones de dólares, ahora nos dicen que los usuarios no pueden distinguir entre la dignidad y la humillación. Entre el confort y el sufrimiento.
No nos tomen más del pelo.
Algún gobierno debe terminar con esta novela negra que sigue siendo escrita por los peores.
Esta encuesta no puede ser engullida ni creída por el más idiota de los idiotas, pero no me sorprendería que le hagan un paro por este tema al Gobierno para exigirles que sigan con el mismo negocio que vienen haciendo desde hace varias décadas.
No contentos con financiarles la compra de sus unidades —que no entendemos hasta ahora a qué cuento lo hace el Gobierno—, ahora ofrecen una encuesta digna de un capítulo del absurdo de Kafka como material para concluir que los usuarios del transporte, además de estafados, vejados y humillados son idiotas y masoquistas.
Yo no lo creo y la encuesta es un insulto como el servicio de transporte que ofrecen quienes pagaron a la encuestadora.