Este 2026, varias películas claves del cine moderno cumplen 50 años. Más que una efeméride, el aniversario es una excusa para volver la mirada a una década que redefinió la industria y la manera de mirar, actuar y narrar en pantalla.
En esta serie, la mirada se posa en cómo los clásicos de mediados de la década de 1970 impactaron en la sensibilidad y la carrera de referentes del audiovisual en Paraguay: desde la construcción técnica de una película hasta la memoria emocional de quienes crecieron frente a la pantalla.
“Para mí 1976 no se entiende solo, se entiende dentro de una década que terminó siendo, probablemente, una de las más importantes en la historia del cine”, comenta a ÚH René Ruiz Díaz, productor de películas como Los buscadores y No entres.
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El productor, que nació en 1971, relata que su infancia coincidió con un momento irrepetible, “mis primeros recuerdos de cine en sala tienen que ver con Star Wars, de George Lucas, o Superman, de Donner”.
Además, los libros, los discos en vinilo, los afiches: esa iconografía estaba en todas partes, “y recuerdo vívidamente el afiche de Tiburón, con ese tiburón gigantesco subiendo desde abajo hacia una mujer que nadaba en la superficie”.
De esa década, probablemente Francis Ford Coppola es su mayor inspiración, “no solo como cineasta, sino por el arrojo con el que encara su vida”, confiesa.
En esa década dieron las mejores “rachas creativas de la historia del cine: El Padrino I y II, La conversación y Apocalypse Now”, menciona.
De los estrenos de 1976, señala René, su favorita es Carrie, “no solo por ser una gran película de De Palma, sino por ser tal vez la primera gran adaptación de Stephen King, que marcó decididamente mi mundo literario desde entonces”.
Años dorados que influyeron
Para René Ruiz Díaz, la experiencia de ir al cine en la década de 1970 y luego, de adulto revisitar películas que vio en ese tiempo, de esos directores, con otra mirada, “es una bendición absoluta”.
“Mi obsesión con el cine, sin duda, parte en esos años”, añade.
Recomendación final
René Ruiz Díaz recomienda a los ávidos lectores un libro recién publicado: The Last Kings of Hollywood, de Paul Fischer.
“Explora de manera espectacular ese periodo y cómo Coppola, Lucas y Spielberg influyeron en toda una generación de realizadores”, detalla.
Lo recomienda a cualquiera que quiera entender cómo se construyó el cine moderno, “es lectura obligada”, afirma el audiovisualista y productor, quien además señala a sus colegas Tana Schémbori y Juan Carlos Maneglia, como los profesionales que le dieron la oportunidad de trabajar en Los buscadores.
Cintas que influyeron en la pasión de un actor
El actor de teatro y cine Héctor Silva, uruguayo de origen y paraguayo por adopción, rememoró a ÚH por qué, 50 años después, el cine de la década de 1970 sigue siendo la vara con la que mide la verdad sobre el escenario.
Su infancia estuvo marcada por la “enorme dicha” de tener a su padre como portero del Cine Casablanca en Montevideo, lo que le permitió disfrutar de jornadas ininterrumpidas de cine desde los siete a los diez años.
Esta inmersión temprana lo llevó a considerar la década de 1970 como la mejor etapa cinematográfica de la historia, destacando la maestría de actores formados en el Actor’s Studio, como Robert De Niro o Dustin Hoffman, a quienes veía “componiendo personajes” frente a la posterior “camada de carilindos”, dice el actor de Mis Ameriguá (1994), Luna de cigarras (2014) y
Felices los que lloran (2015).
A 50 años de su estreno en 1976, Rocky permanece como el símbolo máximo del “sueño americano” en el cine. Aunque Héctor Silva la define como un fenómeno de taquilla más que de composición actoral, la obra de Stallone marcó el inicio de una de las sagas más lucrativas y resistentes de la cultura pop.
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Para Silva, películas como Tootsie o Toro Salvaje son ejemplos de actuación real, contraponiéndolas al “cine efectista” de los últimos años que considera “basura”.
Aunque reconoce el éxito de taquilla de filmes como Rocky, confiesa que nunca soportó a Silvester Stallone, manteniendo su exigencia de composición actoral como pilar fundamental.
Sus vivencias en el Casablanca, donde consumía tres películas diarias, forjaron su visión crítica y su amor incondicional por una época dorada que, a su juicio, sigue siendo insuperable.