“Yo lloré, lloré, porque él vino y me abrazó, y me dijo: ‘Tranquila, te voy a dar este rosario para que recen por mí’. Y me dejó la cabeza así, un rato, y después pasó mi marido, y le estaba rezando también a él, porque él ya estaba muy enfermo”, contó Catalina con lágrimas en los ojos.
“Y también le dio a él –añadió–, le dio un rosario, y le dijo que recen por él, y yo siempre rezo por él, todos los días, el rosario”.
El marido de Catalina falleció, pero ella lo recuerda y también reza por él. Es una mujer devota que recuerda las imágenes vividas en su pasado. Por ejemplo, cuenta que en la mañana en que el Papa visitó la capilla, se lo recibió también en la casa de su cuñada, donde se le ofreció mate, mbeju con cocido y sopa. “Fue muy emocionante, hasta ahora no puedo soportar su muerte”, expresó Catalina, aún conmovida por la experiencia.
Su hija, Carmen, manifestó por su parte que se siente superbendecida y que el encuentro que vivió su madre y otras personas no habría sido posible sin el apoyo de la comunidad. “Como familia fuimos superbendecidos. Mi papá desde niño fue un servidor, fue uno de los que construyó la capilla en la comunidad, y mi mamá también acompañó su proceso”, recordó, y apuntó que los hijos siempre están activos en la parroquia Sagrada Familia.
Contó que antes de la visita del Papa, trabajó en la organización de una vigilia un día antes de la esperada fecha. “Empezamos con una hermosa celebración al Santísimo –recordó Carmen–. Hicimos el festival hasta las seis, porque a las siete teníamos que bajarnos todos los que no teníamos acreditación para quedarnos ahí en la explanada, y fueron llegando las personas que sí estaban acreditadas para estar ahí, que eran personas muy significativas en la comunidad, cuya familia sirve y transita en la palabra de Dios. Fue muy emotivo”.
Reconocimiento. Carmen, al igual que el padre Luna, refirió que la visita al Bañado Norte fue un evento que dignificó a la comunidad. “Porque él sí nos reconoció que somos dueños de nuestras tierras, sí nos reconoció como una población sufrida”, dijo.
“Esa vida peregrina, resiliente que vivió Jesús con sus padres, de alguna manera se ve reflejada en la vida del bañadense, que (durante una inundación) tiene que sacar toda su capilla, llevar, instalar durante el tiempo del refugio en la zona donde está y luego retornar con su capilla a su comunidad”.
Reflexionó acerca de un mensaje del Papa en aquel entonces. Lo calificó como un “visionario”, puesto que, de acuerdo a Carmen, “vio la realidad” en la que estaban y advirtió que habría una división. “Es lo que pasó, y está reflejado en la Costanera, hay vecinos que están viviendo como refugiados, que no tienen todavía su vivienda, nada de lo que el Estado les prometió en su momento”, observó, y agradeció que el Papa les diera fuerzas para seguir.