ALBERTO ACOSTA GARBARINO <br/><br/>La crisis financiera del 2008 que hizo desplomar a las economías de los países del primer mundo, prácticamente no tuvo efectos en los países emergentes.<br/><br/> Según el prestigioso economista colombiano, profesor de la Universidad de Columbia y exsecretario ejecutivo de la Cepal José Antonio Ocampo, los principales países emergentes como China, India y Brasil no entraron en recesión gracias a la vigorosa presencia de su banca pública. En el caso del Brasil, el 80 % de los créditos destinados al sector agropecuario provienen del BNDES, el Banco do Brasil y la Caixa Económica Federal, los tres gigantescos bancos públicos del vecino país.<br/><br/> El Banco do Brasil tiene el 58 % de su cartera de préstamos en el sector rural y en la agroindustria.<br/><br/> Creo que es conveniente que esta información sea conocida, en un momento en que todos los “cañones” están apuntando a la actual política monetaria del Banco Central del Paraguay, porque la misma, en busca de reducir la inflación está afectando el pujante crecimiento económico del país.<br/><br/> Ambos objetivos, reducir la inflación y crecer, son fundamentales para el bienestar de nuestra población, pero para lograrlo se necesita del concurso y la coordinación de varias instituciones y no solamente del Banco Central.<br/><br/> Entre esas instituciones se encuentran los bancos públicos de primer piso y de segundo piso, es decir el Banco de Fomento y la AFD.<br/><br/> Estas dos últimas instituciones, por diferentes motivos, hoy no están cumpliendo el rol que deben cumplir.<br/><br/> El Banco de Fomento, luego de décadas de gestiones desastrosas y fraudulentas, inició en el 2003 con la presidencia de Germán Rojas un proceso de saneamiento y reestructuración.<br/><br/> Este proceso ha convertido al Banco de Fomento en un banco sano, pero ha desvirtuado su razón de ser.<br/><br/> Hoy casi el 40 % de sus recursos están colocados en el Banco Central en... Letras de Regulación Monetaria. Apenas el 28 % de sus recursos se encuentran en su cartera de préstamos, y de estos, el 50 % son créditos de consumo.<br/><br/> El Banco de Fomento ha dejado de ser un banco de fomento, porque gran parte de su dinero está colocado en el Banco Central y en créditos de consumo, mientras su presencia en el financiamiento al sector agrícola, ganadero o industrial es irrelevante.<br/><br/> El otro banco público es la AFD, que inició sus operaciones en el año 2006, en un momento en que en nuestro país no existía el crédito de largo plazo.<br/><br/> Desde su creación la AFD tuvo una activa participación en el financiamiento de compras de vivienda y en la compra de equipos y maquinarias para las pequeñas y medianas empresas.<br/><br/> En cinco años ha colocado más de 300 millones de dólares pero actualmente se está quedando sin recursos para seguir prestando.<br/><br/> La causa se debe, aparentemente, a un nuevo enfoque desde el Viceministerio de Economía dependiente del Ministerio de Hacienda. El nuevo enfoque quiere que la AFD funcione con la lógica del sector privado, igual que lo ocurrido en el Banco de Fomento.<br/><br/> Mientras se discute dicho enfoque, se tienen congeladas las autorizaciones para emitir bonos y para su capitalización, dejando a la AFD sin recursos para seguir prestando.<br/><br/> La inflación tiene que ser controlada, porque el impacto de la misma es terrible para los más pobres, pero el crecimiento económico no debe ser afectado, porque esa es la única manera de generar puestos de trabajo para nuestra población. No le podemos pedir al Banco Central que lo haga todo. Pero sí podemos pedirle y exigirle al Estado en su conjunto que sí lo haga.<br/><br/> Para tal efecto necesitamos de una nueva y verdadera banca pública, no la vieja banca corrupta e ineficiente, pero tampoco la actual, sana, pero que no cumple su rol.<br/><br/>