Paraguay se encuentra en una encrucijada, ya que mientras el consumo de electricidad se dispara, la ejecución de las obras de infraestructura necesarias para sostener este crecimiento sufre retrasos. El ingeniero Guillermo Krauch, especialista del Instituto de Profesionales Paraguayos del Sector Eléctrico (IPPSE), analizó la situación que atraviesa la Administración Nacional de Electricidad (ANDE) y los riesgos de no acelerar las inversiones en transmisión, distribución y generación.
“Varias obras que tendrían que haber estado en servicio a esta altura todavía no están”, explica el ingeniero, detallando que algunas se encuentran en construcción y otras ni siquiera han sido licitadas. Las demandas máximas previstas para un año están siendo ultrapasadas. Por ejemplo, la demanda máxima que tuvimos este año en enero, de 5.725 megavatios, es cerca y tal vez un poco más de la demanda prevista para el año 2027, advierte Krauch en conversación con ÚH.
Esto significa que las obras diseñadas para entrar en funcionamiento el próximo año ya deberían estar operativas hoy para atender la demanda actual. “La realidad está superando a las previsiones”, agrega.
SIN RESPALDO. La consecuencia directa de este desfase no es solo la falta de potencia, sino la degradación de la calidad del suministro. Sostiene que en un sistema de transmisión y de distribución lo que se prevé es que cuando uno de los equipos o una de las estructuras tenga algún inconveniente, exista otro de respaldo. Aunque descarta un “apagón intenso” generalizado, advierte que habrá regiones con deficiencias reales en el abastecimiento.
BAJA INVERSIÓN. El Plan Maestro de la ANDE estima que Paraguay necesita una inversión promedio de poco más de USD 600 millones por año durante una década, para que las obras puedan acompañar el crecimiento de la demanda. Si bien durante los últimos años la estatal realizó inversiones sin precedentes, las mismas están entre USD 300 y 340 millones por año.
“En grandes términos se está realizando un poco más, pero muy poco más de la mitad de lo previsto de realizarse”, señala Krauch.
El profesional explica que el resultado de esta brecha es un “remanente de obras” que se va acumulando y que obligará a ejecutar proyectos a una velocidad mucho mayor.
CONSUMO INTENSIVO. Los nuevos grandes consumidores como la criptominería y los proyectos de centros de datos para inteligencia artificial (IA) provocaron que el crecimiento del consumo sea entre 3 y 4 veces superior a lo previsto.
Krauch señaló que si bien los contratos de este sector aportan ingresos adicionales a la ANDE mediante tarifas en dólares, también acortan los plazos de saturación de las subestaciones.
LÍMITE ENERGÉTICO. Bajo el plan original, se estimaba que Paraguay alcanzaría su límite de excedentes energéticos de Itaipú y Yacyretá para el año 2030. No obstante, el ritmo actual de crecimiento del 20% anual (frente al 5% previsto) adelanta los relojes. “Para el año 2029, la demanda de los consumidores paraguayos estaría alcanzando la disponibilidad de hoy”, advierte. Incluso el plazo podría ser menor si ocurre un periodo de sequía, como sucedió en 2021.
NUEVAS FUENTES. Para Krauch, Paraguay ya está “retrasado en lo que es generación”. Centrales solares y pequeñas hidroeléctricas que ya deberían estar en construcción aún no han iniciado. El reto es monumental: a partir de 2029 o 2030, el país necesitará incorporar al sistema el equivalente a dos centrales de Acaray cada año.
El especialista aboga por dar seguridad jurídica a los inversores privados para que participen en la generación, citando la necesidad de reglamentar leyes sancionadas en años anteriores. “Si iniciamos hoy, entre financiamiento, permisos y construcción, estamos hablando de cuatro o cinco años. Estamos hablando de 2030. Necesitamos mayor rapidez”, concluyó.
Financiamiento es el cuello de botella para la entidad estatal
El ingeniero Daniel Ríos Festner, consultor especializado en planificación energética y políticas públicas, aseguró que desde una perspectiva técnica, el Plan Maestro de la ANDE está bien estructurado para responder a las necesidades del sistema. Sin embargo, el especialista advirtió que el verdadero “cuello de botella” no es la capacidad técnica de la estatal, sino el financiamiento. “La ANDE tiene un desfasaje entre sus costos y la tarifa que cobra a los consumidores finales. No existe un mecanismo automático para actualizar las tarifas conforme crecen las necesidades de infraestructura”, explicó. Para Ríos, asegurar la solvencia financiera de la institución es fundamental.