11 abr. 2026

Cómo hacer cine con poco dinero, desde el Ñeembucú

Ramón Ramoa Salcedo realizó varias películas como Acosta Ñú, 1811, Historias de Curupayty, Barrios, y ahora produce Desastre nuclear en Pilar. Con muy poco presupuesto y actores voluntarios, busca crear conciencia ciudadana a través del cine.

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Ramón Ramoa Salcedo, cineasta. | Foto: Fabián Fleitas.

Por Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Cámara y edición: Fabián Fleitas

Lo encontramos en una esquina de la Plaza Mariscal López, de Pilar, dirigiendo a un equipo de jóvenes en la toma de imágenes para su nueva película Desastre nuclear en Pilar, una historia que mezcla el documental con la ficción, buscando alertar a la ciudadanía sobre un plan del Gobierno argentino de construir una usina nuclear en la provincia de Formosa, vecina al departamento paraguayo de Ñeembucú.

“No hace faltar estar en Hollywood, ni siquiera en Asunción, para hacer cine. Todas mis películas las hice en Pilar y en locaciones del Departamento de Ñeembucú, contando con la participación voluntaria de muchos pobladores y de algunos actores profesionales, pero en la gran mayoría con actores no profesionales”, relata el docente, apasionado por el cine, que escribe y dirige sus propias películas, con la ayuda de muchos amigos y colaboradores.

En todas sus producciones, Ramoa Salcedo busca rescatar historias de su propia ciudad y región. Su primera película, Casos de Misterio, producida en 2007, rescata la leyenda de Cáceres-i, un mítico bandido que dirigía una banda criminal en los años 40, en Ñeembucú, considerado una especie de Robin Hood paraguayo, cuya tumba es venerada en el Cementerio de Pilar.

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Un cine que busca generar conciencia

“Hacemos películas del género histórico cultural, con bajo presupuesto y sin fines de lucro. Las películas son parte del proyecto Conciencia ciudadana de preferencia a la producción nacional, que pretende lograr en un mediano y largo plazo que un porcentaje importante de la ciudadanía prefiera siempre un producto paraguayo, más que otro producto extranjero”, explica Ramoa Salcedo.

El realizador no se considera un cineasta profesional, sino apenas un apasionado por el séptimo arte, que busca utilizar esta herramienta para hacer llegar mensajes educativos.

“Nuestras películas no se exhiben tanto en los cines comerciales, sino en las escuelas y los colegios, en las salas comunitarias, con acceso libre para toda la gente, especialmente para los jóvenes y los niños. Buscamos que algunas instituciones nos ayuden a cubrir los costos”, explica el realizador.

Acosta Ñu, su segunda película, rodada en 2008, fue mucho más ambiciosa. Partiendo de la historia ficticia de una familia, Ramón reconstruyó la épica batalla del 16 de agosto de 1869, en donde un ejército formado principalmente por niños paraguayos, fue masacrado por las tropas brasileñas.

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Para reducir los costos de producción, en lugar de filmar en los escenarios históricos de Acosta Ñú, se hizo en los campos de Ñeembucú, también escenarios de otras batallas de la Guerra Grande. Participaron cerca de 250 actores y extras, incluyendo a miembros de la Escuela de Suboficiales de la Policía Nacional de Ñembucú.

Esta película tuvo la participación de figuras conocidas, como el actor Jorge Ramos, quien luego colaboró en otras producciones de Ramoa Salcedo, como 1811, una historia ambientada en épocas de la Independencia del Paraguay, y Barrios, una trama que rescata momentos de la vida de varios grandes músicos y artistas nacionales, como Agustín Pio Barrios, Manuel Ortíz Guerrero, Carlos Miguel Giménez, Sofìa Mendoza, Emiliano R. Fernández, Herminio Giménez, entre otros, con una parte ambientada en la Guerra del Chaco.

La amenaza nuclear, llevada al cine.

“En mis películas trato de combinar la parte histórica documental con situaciones de aventura, acción, romance, misterio, etc., porque eso es lo que atrae y gusta al público, especialmente a los jóvenes”, explica Ramón.

Él escribe sus propios guiones y le han ayudado otros creadores, como Arnaldo Mareco, en la dirección de fotografia, y Héctor Cogorno, en la edición y pos producción.

“Las películas del género histórico cultural las hicimos pensando que si conocemos mejor nuestra historia, estaría mejorando la valoración a nuestro país. Tuvimos el apoyo del Departamento de Investigación y Extensión Universitaria de la Universidad Nacional de Pilar, a través de un concurso de proyectos, entre las que el nuestro fue aprobado hasta el pasado año y de algunas otras instituciones”, explica el cineasta.

Actualmente busca apoyo para su nueva película, Desastre nuclear en Pilar, que mezcla elementos de intriga internacional, aventura y ciencia ficción, con una amenaza real.

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La amenaza nuclear, llevada al cine.

“Queremos crear conciencia de los riesgos que implica la instalación de una planta nuclear en Formosa, Argentina. Estamos todavía con presupuesto cero, ya que este año no fue aprobado todavía nuestro proyecto en la Universidad Nacional de Pilar. Estamos esperanzados también de conseguir apoyo del Fondec y de otras instituciones o empresas. Vamos a ver qué pasa, hasta ahora nada”, refiere Ramoa, quien no pierde la esperanza en hacer la película.

Los detalles de sus realizaciones se pueden ver en la página web de www.mandiiproducciones.org, en donde también pueden contactar quienes deseen apoyar la cruzada de este realizador ñeembuqueño que sigue haciendo cine, contra viento y marea, desde su bella ciudad del interior.

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