Todos los hombres tenemos las horas contadas. Esta vez le tocó el turno a Cintio Vitier, ese poeta cubano que ha legado no sólo memorables escritos, sino también una actitud ejemplar ante la vida. Su libro Ese sol del mundo moral, que dio a conocer hace un año, se convirtió, según especialistas, en símbolo crucial para la eticidad cubana. <br/><br/>Es inevitable mencionar, una vez más, que Cintio fue uno de los fundadores y últimos sobrevivientes de la legendaria revista Orígenes, dirigida por José Lezama Lima y José Rodríguez Feo, entre cuyos miembros también se encontraban grandes figuras como Eliseo Diego. En torno a la poesía de este último, Vitier escribió un largo y denso ensayo.<br/><br/>Lo conocí en La Habana, donde intercambiamos ricas conversaciones, un par de libros y un poema. Aquí me refiero a un texto dedicado al niño de la balsa, Elián González, cuya idea aproveché para una canción que compuse y grabé en mi disco Perla en el mar, en homenaje al pueblo cubano. Cuando Vitier la escuchó, me agradeció con una revista, en cuya dedicatoria me manifiesta su alegría por haber sido partícipe de esa pieza poético–musical. <br/><br/>Lo lírico y épico pespuntearon afinados en sus versos. Esa fue su destreza. Muestra de su profunda sensibilidad social e inclaudicable antiimperialismo está plasmada en esas líneas que dicen: “Es la historia de un niño cubano salvado de las aguas,/ salvado de las fauces de las olas,/ mas náufrago en el suelo de la infamia./ Es la historia de un niño cautivo de mercaderes ciegos,/ de aquellos que no saben lo que hacen,/ que no saben ni quisieran saberlo”. Y menciona a Cuba como “un pueblo sólo armado con canciones”. <br/><br/>Recuerdo su mesura en el hablar. En esas brevísimas charlas, le mencioné, entre otras cosas, a Guillermo Cabrera Infante, quien de ser gran protagonista intelectual en los primeros tiempos de la Revolución, pasó al autoexilio hasta la muerte. Le manifesté mi desconcierto ante el hecho, pues no lograba yo entender el porqué de su radical, casi enfermizo, anticastrismo. Y Cintio Vitier me sintetizó con las siguientes palabras: “Guillermo fue talentosísimo. Desde muy joven se destacó de inmediato como un escritor maduro, consumado. Pero tenía un problema de carácter. Era muy susceptible e irrefrenablemente irascible. Pasaba fácilmente del rotundo amor a un odio visceral. Y, cuando llegaba a ese estado, lastimosamente ya era imposible hacerle rever su posición”.<br/><br/>No tuve sino pocos y fugaces encuentros con Cintio Vitier en los pequeños intervalos de congresos o recitales. Pero me bastaron para sumar la admiración y el respeto que ya tenía yo hacia sus obras.<br/><br/> Otra cosa destacable era que su compañera de toda la vida, Fina García Marruz, siempre estaba a su lado. Ella era su bastión, su báculo imprescindible, como él expresa en algún texto extraviado por ahí. ¿Qué más? Es todo lo que me tocó en suerte compartir con él. Y todo el resto es literatura, como escribió Verlaine.<br/><br/>MarioCasartelli<br/><br/>Poeta y cantautor<br/><br/>homerobach@hotmail.com<br/><br/>Homenajes<br/><br/>