El modelo Qwen-3, de la filial Alibaba Cloud, fue cargado y operado en un centro de computación en órbita gestionado por la empresa aeroespacial china Adaspace Technology, donde realizó varias tareas de inferencia en noviembre, informó este martes el diario hongkonés South China Morning Post.
El proceso completo, desde el envío de las instrucciones desde tierra hasta la devolución de los resultados, se completó en menos de dos minutos, de acuerdo con declaraciones de directivos de la compañía.
El experimento se llevó a cabo en el marco del denominado Proyecto Star-Compute, una iniciativa que prevé el despliegue progresivo de una constelación de hasta 2.800 satélites con capacidad de procesamiento, concebida para apoyar aplicaciones de inteligencia artificial, incluida la llamada “IA física”, así como el entrenamiento y la inferencia de modelos.
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Qwen-3, presentado en abril del año pasado, forma parte de la familia de modelos de lenguaje de Alibaba y se distribuye en código abierto.
La compañía sostiene que su ecosistema se ha convertido en uno de los mayores del sector, en un contexto de intensa competencia global por el desarrollo de grandes modelos de IA.
La prueba en órbita se produce mientras China impulsa la diversificación de sus infraestructuras tecnológicas en un entorno marcado por las restricciones estadounidenses a la exportación de chips avanzados y por la creciente rivalidad en ámbitos considerados estratégicos.
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La computación espacial, aún en una fase incipiente, aparece como un nuevo frente en esa carrera, con potenciales aplicaciones civiles en observación de la Tierra, comunicaciones o gestión de datos en tiempo real.
Alibaba, que en los últimos años ha señalado a la nube y a la IA como ejes de su crecimiento, ha anunciado inversiones multimillonarias en estos ámbitos y la expansión de centros de datos fuera de China.
El ensayo de Qwen-3 en el espacio se suma así a una serie de iniciativas destinadas a reforzar su posición en el mercado de la IA, aunque expertos subrayan que la viabilidad comercial y el alcance práctico de la computación en órbita todavía deberán demostrarse.
Fuente: EFE.