Mundo Animal

Chimpancés y abejas también practican distanciamiento social ante diversas enfermedades

Varias especies de animales se distancian de miembros contagiados con determinadas enfermedades, entre ellos los chimpancés y las abejas melíferas. Expulsar a los enfermos es una práctica extendida en el mundo animal.

Gobiernos de distintas partes del planeta están imponiendo restricciones que buscan el distanciamiento social para evitar el contagio del coronavirus. Quizás el aislamiento sea algo nuevo para millones de seres humanos, pero en el mundo animal es una práctica extendida ante la aparición de enfermedades.

Joseph Kiesecker, científico principal de The Nature Conservancy, explicó a la revista National Geographic que muchos animales pueden detectar enfermedades mediante sus "sentidos especializados" y así cambiar su comportamiento alrededor de los miembros enfermos de un grupo.

Este es el caso de los chimpancés y las abejas melíferas, entre otras especies. El medio advierte que estos dos animales pueden ser "implacables a la hora de expulsar a los enfermos".

"Dejan un residuo viscoso de color castaño. Y huele muy muy mal", señaló Alison McAfee, investigadora posdoctoral del departamento de Entomología y Patología Vegetal de la Universidad del Estado de Carolina del Norte, al referirse a las enfermedades bacterianas que afectan a las colonias de abejas y acaban con las larvas de abeja.

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Según la investigadora, las larvas infectadas emiten sustancias químicas que son olidas por abejas mayores, entre ellas ácido oleico y β-ocimeno, una feromona de las abejas. De esta forma, los miembros infectados son identificados y expulsados de la colmena.

De igual manera, la antropóloga Jane Goodall registró un episodio en 1966, cuando estudiaba chimpancés en un parque nacional de Tanzania. La primatóloga observó cómo un chimpancé llamado McGregor que tenía polio fue apartado por su grupo.

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McGregor fue atacado y expulsado. En una ocasión, contó la investigadora, se acercó a los otros chimpancés en un árbol. Manteniendo aún cierta distancia, extendió la mano como saludo, pero los demás se fueron sin siquiera mirarlo.

"Durante dos minutos enteros, el viejo (McGregor) permaneció sentado, inmóvil, observándolos", relató Goodall en su libro de 1971 En la senda del hombre.

"En realidad, no es tan diferente de la reacción de algunas sociedades ante una tragedia como esa en la actualidad", reflexionó posteriormente la antropóloga, quien según National Geographic pudo constatar otros casos similares al de McGregor.

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