16 abr. 2024

Cartes, Velázquez y el metamensaje

Estas elecciones figurarán entre las más tumultuosas de la historia reciente. La fragilidad institucional de nuestro sistema político volvió a quedar al desnudo con una nueva declaración del embajador norteamericano. Su anuncio, esperado con ansiedad de vasallos desde la noche antes, confirmó la sospecha de algunos: Ya le va a tocar al otro bando de la ANR.

Y le tocó a Hugo Velázquez, lo que dejó al oficialismo tan estuporoso como había quedado el cartismo hace unos días. Los colorados eufóricos de ayer son los deprimidos de hoy. Y viceversa. La única diferencia es que ahora los de Honor Colorado tienen que disimular un poco su alegría. Festejar en exceso sería darle plena legitimidad a una descalificación que también afecta al jefe del movimiento. Igual, supongo que Santiago Peña estará maldiciendo la idea de haber dicho hace unos días que “a la gente no le preocupa lo que diga la embajada americana”.

La antigua aseveración nativa “es cambiante la política” se aplica bien aquí. Lo que no cambia es la vergüenza. Los paraguayos avergonzados de ayer somos los mismos avergonzados de hoy.

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Nada de lo que vemos nos era desconocido. La fortuna y los antecedentes de los designados tenían, cuando menos, facetas muy opacas. El dueño de uno los movimientos colorados y el candidato a presidente de la República del otro fueron señalados como significativamente corruptos por un gobierno extranjero, pese a que ninguno de los dos estaba enjuiciado o investigado seriamente por la Fiscalía paraguaya. Lo que tampoco sorprendió a nadie. La justicia y la Fiscalía son cómplices necesarios e indispensables para que el poder de la mafia se adueñe de nuestro país. Si estas instituciones funcionaran, una injerencia extranjera en nuestros asuntos sería inadmisible. Pero como eso no ocurre, el antiimperialismo desapareció del discurso.

Así que la sorpresa no proviene tanto de que otro gobierno intervenga en la política nacional, sino de que el Departamento de Estado haya tomado la decisión de apuntar a lo más alto de nuestro pequeño establishment. Y, para que la resonancia fuera mayor, lo hizo de a uno. Obviamente que estos golpes sacudieron la estantería política con la furia de un sismo.

La diferencia está en que Cartes resistió, aunque sigue cuantificando daños. Es que, si él se va, la enorme estructura política dependiente de su dinero se derrumbará como un castillo de naipes. Velázquez no tenía posibilidades de resistir. Se rindió inmediatamente, dejando acéfalo a su movimiento y al país buscando un nuevo vicepresidente. Pero esta es una cuestión doméstica, que será resuelta por los colorados.

Lo de fondo es que la imagen que damos como país es terrible. Las dos facciones del partido que nos gobierna desde hace siete décadas tienen vínculos inocultables con la mafia y el crimen organizado. Las instituciones internas están sometidas a la corrupción y un país así no solo no tiene futuro, sino que se convierte en una amenaza para otros.

Creo leer con claridad el metamensaje que viene del Norte. En Paraguay ha llegado la hora de la alternancia. Si el Departamento de Estado castiga a ambos sectores colorados, es porque están cansados del Partido Colorado.

El impacto de estas señales externas es muy fuerte, pero para que se conviertan en realidad requieren la existencia de condiciones internas mínimamente favorables. Lo que significa una oposición capaz de ofrecer una opción éticamente diferente, políticamente creíble y que se presente razonablemente unida. Algo tan difícil de lograr como una autodepuración colorada. La oportunidad está, la capacidad se verá.

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