En un país marcado por los feminicidios y otras tragedias, la Justicia debe proteger a los ciudadanos y evitar que más vidas inocentes sean arrebatadas por la violencia.
Así lo expresó el cardenal Adalberto Martínez, arzobispo de Asunción, quien lamentó que Paraguay sea una tierra “tan fecunda y, sin embargo, regada con sangre inocente”, y reclamó justicia y protección para las víctimas y sus familias.
Ayer, durante la misa en la Catedral Metropolitana, el cardenal se refirió específicamente al feminicidio de Deisy Paola Giménez Segovia y con otros casos registrados recientemente.
Ante estas “tragedias”, pidió que las víctimas y sus familias reciban acompañamiento y que las instituciones actúen para impedir que la violencia siga cobrando vidas.
“En un Estado de derecho, la justicia debe resguardar a los ciudadanos de los atropellos”, afirmó Martínez, quien también exhortó a no permitir que “el dragón de la muerte, nacido de corazones en tinieblas, disperse el rebaño”.
En su reflexión, el primado de la Iglesia católica paraguaya insistió en que la respuesta cristiana al sufrimiento no puede limitarse a las palabras, sino que debe manifestarse en la ayuda concreta y en la capacidad de sostener a quienes atraviesan dificultades.
En ese sentido, recordó el testimonio de san Pablo, quien encontró su fortaleza en Cristo tanto en la abundancia como en la escasez y agradeció a quienes lo auxiliaron en los momentos difíciles.
“En esa fe nos sostenemos mutuamente: compartiendo, acompañando y ayudando a quien lo necesita”, expresó, al instar a los fieles a fortalecer los vínculos de solidaridad ante las necesidades de los demás.
Martínez también recordó el legado de San Juan XXIII, quien promovió una Iglesia capaz de responder a los desafíos de su tiempo mediante la caridad, la concordia y la paz. Al evocar la apertura del Concilio Vaticano II, hace 64 años, destacó la importancia de una institución cercana a las personas, especialmente a quienes sufren.
Además, exhortó a los fieles a mantener una actitud de acogida y a no excluir a nadie, siguiendo el ejemplo del pontífice, cuya enseñanza sobre la misericordia continúa siendo una referencia para la vida cristiana.
Por último, el arzobispo llamó a fortalecer los lazos de fraternidad y a construir una Iglesia abierta, capaz de salir al encuentro de quienes necesitan ayuda. “Cuidémonos unos a otros”, expresó, al instar a los fieles a compartir, acompañar y sostener a las personas que sufren.
“Que San Juan XXIII nos anime a trabajar para que la Iglesia sea siempre de puertas abiertas, salga al encuentro de todos y anuncie el Evangelio sin excluir a nadie”, destacó el arzobispo.