Por Patricia Figueredo
pfigueredo@uhora.com.py
Para visitar aquellos sitios donde cientos de compatriotas derramaron sangre y vida, librando batallas durante la Guerra contra la Triple Alianza (1864-1870) se debe solicitar permiso a sus respectivos dueños. Así es. Sucede que ninguno de ellos pertenece al Estado paraguayo.
Los escenarios históricos de batallas como Ita Piru, Paso de Patria, Estero Bellaco, Yataity Cora, Potrero del Sauce, Curuzu, Curupayty, Paso Pucu, Humaitá y Tuyuti, entre otros, son de propiedad privada.
La Guerra Grande, donde Paraguay enfrentó a Brasil, Argentina y Uruguay, marcó un hito en este país y los demás pero quedó allí, en la historia. No hay muestras de interés por parte de autoridades para revalorizar estos sitios emblemáticos.
Hay cosas que sí son patrimonio del Estado, como el campamento de López en Paso de Patria, según lo relata el arquitecto e investigador de historia, Jorge Rubiani.
Pero... ¿Qué pasó? En 1983 con la gran inundación de Ñeembucú ese campamento cayó, y los pobladores, en el afán de querer recuperar, no tuvieron mejor idea que rehacer la estructura caída.
“Una réplica en el sentido patrimonial es una ficción. A veces es mejor dejar la ruina, señalar el sitio o dignificarlo de otra manera pero nunca replicarlo porque es una falsedad”, puntualizó Rubiani.
Este tipo de intervenciones humanas no son aceptadas ni recomendables en términos de recuperación del patrimonio, explicó el investigador.
“Después del campamento de López en Humaitá, que también ha sido intervenido de manera no muy ortodoxa, todos los campos de batalla son propiedad privada”, enfatizó.
El profesional no supo precisar las dimensiones en materia de superficie que están en posesión privada, pero señaló que “es todo el triángulo del estero del Ñeembucú desde las dos riberas hasta más o menos la línea de Pilar”.
OTRO ASPECTO DESTACADO POR EL HISTORIADOR FUE LA DESTRUCCIÓN DEL CUADRILÁTERO, QUE FUE UNA LÍNEA DE TRINCHERAS QUE EXISTÍAN POR LARGOS KILÓMETROS EN ÑEEMBUCÚ Y QUE, SIN EMBARGO, HOY ESTÁN ABSOLUTAMENTE CUBIERTAS Y DESCONOCIDAS.
MIENTRAS... ¿Y qué se hace mientras tanto? Ante esta situación de falta de interés estatal, Rubiani indicó que hay que apelar a iniciativas particulares o personales, aunque estas finalmente no pueden cambiar grandes cosas ya que para ello se necesita una política organizada.
Citó el trabajo que realizan desde la Asociación Cultural Mandu’arã, que días pasados organizó un viaje a los campos de batalla en Ñeembucú, y el Congreso Internacional de Historia, con profesionales del Mercosur, en donde cada uno de los participantes valoró la riqueza histórica.
En esa oportunidad se reunieron 120 personas en el congreso y 94 en el viaje, las cuales se comprometieron a seguir trabajando con acciones similares en sus respectivos países, instando a sus autoridades a ser partícipes de la recuperación.
Los objetos de la época de contienda -como balas de cañón- se encuentran en museos particulares o simplemente como adornos en las casas de la zona.
UN AVANCE PARA LA CIUDAD DE HUMAITÁ
Esta zona histórica y de gran riqueza, pese a contar con un solo hotel con infraestructura limitada, actualmente es objeto de una serie de mejoras.
La Secretaría Nacional de Turismo (Senatur) lleva adelante trabajos en el Museo histórico Ex Cuartel del Mariscal Francisco Solano López para equiparlo y organizarlo mejor.
Asimismo, se realizaron camineros y se aguarda la colocación de bancos e iluminación para mejorar la zona.
URGE UN PLAN DE RECUPERACIÓN Y REVALORIZACIÓN
Al hablar de la protección de estos sitios históricos hay que mencionar la falta de una política de recuperación de los mismos. Hay, por ejemplo, gran cantidad de elementos de la época que están a “flor de tierra” y no son valorados. Andando por estos campos es muy posible tropezar con algún resto de bayoneta o fusil.
Al respecto, Jorge Rubiani señala que el sitio tiene que ser objeto de estudios arqueológicos.
“Un arqueólogo decía que en Inglaterra acordonan un espacio de 300 metros por 300 metros y trabajan 6 meses y cuando sacan un balín brindan con champagne. Nosotros, en potrero del Sauce, con lo que teníamos a mano empezamos a marcar con los detectores que sonaban a cada rato, y luego con una tapita de cerveza y cucharitas sacábamos cosas de 15 centímetros de profundidad”, indicó.
El turismo histórico es algo que en estas circunstancias difícilmente se puede explotar. El historiador manifiesta que no se puede traer a un turista a ver una sola cosa sino que un conjunto de elementos, “que en el todo tienen relevancia, solitariamente no. De ese modo, se aprecia la diversidad de elementos que conforman la historia local”, apunta.