“Eufórica celebración del nuevo récord: La enviada especial de Guinness World Records, certifica el pancho más grande del mundo, de 203,80 metros y 120 kilos, de la industria paraguaya Ochsi. El hecho fue presenciado por una multitud en la Expo y festejado como si fuera un gol de la Albirroja, con entonación del himno y del “Patria Querida” - Gran noticia en el Paraguay.
Cuando hay un logro importante, tanto a nivel personal como de la nación, todos se alegran, y no es para menos, cuando esa conquista fue lograda con mucho esfuerzo. Hablando de récords, mayormente piensas en una victoria deportiva; podrías pensar también en grandes construcciones, como rascacielos o puentes gigantes.
Parece, sin embargo, que en nuestro país tenemos en gran parte otros parámetros: Hace un tiempo atrás hablaron que somos “Vice-Campeones” a nivel sudamericano, pero en corrupción. Si escuchas diariamente el noticiero, podrías creer que somos campeones en sinvergüencía, en asaltos, en matanzas, en accidentes de motos y tal vez otras cosas más.
Que ahora somos campeones en haber hecho el pancho más grande del mundo - te pregunto: ¿A ti te causa mucha alegría? Quisiera alegrarme también cuando nuestro país es noticia a nivel mundial, pero en ese caso - te pido que me perdones - hasta me da vergüenza.
¿Por qué? Justo en esos días estaban hablando de la hambruna en Somalía y en otros países africanos, donde no saben cómo salvar a miles de personas de la muerte por inanición. Estoy también pensando en Haití, donde el país sigue sufriendo las consecuencias de aquel terremoto terrible, seguido por un tsunami devastador y luego la cólera. Muchos países del mundo envían ayuda: técnicos, medicinas, alimentos ... Y nosotros - ¿cuánto enviamos a esa pobre gente?
Y a propósito del hambre - en nuestro propio país están deambulando indígenas por las calles, mujeres se venden para conseguir algo para que tengan qué comer, también para sus hijos. Hay tanta gente que vive en casas que no merecen tal nombre. Criaturas harapientas mendigan por las calles, a veces cargados con algún hermanito más pequeño todavía. Otros, que nunca tienen dinero, pero juegan a diario la quiniela, y en vez de guardarse ese dinero en una alcancía, porque no ganan casi nada - a no ser que al final son unos viciosos, que ya no pueden dejar de jugar.
Pero la mayoría no gasta su dinero en libros, en educación, en ropa adecuada para el invierno o la lluvia, tampoco gastan en salud. ¿No sería más adecuado entrar en el Libro de Récords al tener más horas de clases en los Colegios, en tener más y mejor trabajo, en no tener tanta pobreza, menos accidentes, en ser más respetuosos, en mostrar más religiosidad - no sólo religiosidad folclórica?
Después cantan todavía el Himno Nacional o “Patria querida” para ser orgullosos del pancho más grande del mundo. - ¡A mí me da vergüenza!
Te deseo una FELIZ SEMANA, y nos deseo a todos, que alguna vez podamos ser campeones en responsabilidad, en laboriosidad y en el temor a Dios.