26 sept 2026

Brasil llega a seis meses con una pandemia descontrolada y Bolsonaro en auge

Seis meses después de su primer caso de Covid-19, Brasil supera 3,6 millones de contagios y 116.000 muertes, y convive además con el negacionismo del presidente Jair Bolsonaro, cuya popularidad ha crecido de forma imprevisible en plena pandemia.

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Decenas de pasajeros desembarcan del tren en la estación Luz hoy, en el centro de So Paulo, Brasil.

Foto: EFE.

El primer caso de Covid-19 en Brasil y también en América Latina se registró el 26 de febrero y desde entonces tanto el país como la región se sumergieron en una gravísima crisis sanitaria, que ya en muchos casos parece estabilizada pero en tasas todavía muy elevadas.

En Brasil, 30.000 de las 116.000 muertes registradas hasta hoy ocurrieron durante los últimos 30 días, un periodo en que el número de contagios aumentó en 1,2 millones y llegó a 3,6 millones, con la curva epidemiológica aún creciendo en muchas zonas del país, el segundo más afectado en el mundo, por detrás de Estados Unidos.

En los 183 días transcurridos desde ese primer caso, Brasil ha visto pasar tres ministros de Salud y convivido con el negacionismo de Bolsonaro, quien llegó a contraer el virus y lo superó, pero aún así insiste en minimizar su gravedad.

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El mandatario atribuyó su cura a la cloroquina, un antipalúdico cuya efectividad contra el coronavirus ha suscitado dudas en la comunidad científica pero es recomendado por muchos médicos, sobre todo en un Brasil dividido entre la ultraderecha gobernante y el progresismo.

El mandatario, que censura las máscaras y muchas otras formas de prevención frente a lo que llegó a tildar de “gripecita”, recibió esta semana a algunos de esos médicos y volvió a desafiar a quienes desconfían de la cloroquina. “Si no hubiera sido politizada, muchas más vidas podrían haber sido salvadas”, declaró.

Pese a esa retórica, el Gobierno invirtió ingentes recursos en equipamientos para el sistema hospitalario, que en casi todo el país ha resistido al temido colapso, también en buena parte por la acción de gobernadores y alcaldes que, enfrentados a Bolsonaro, declararon cuarentenas más o menos rigurosas.

Esas medidas de contención, sin embargo, casi han sido levantadas por completo en los últimos dos meses debido a la presión de grupos económicos que, alineados con el discurso de Bolsonaro, han impuesto una desescalada que, para muchos médicos, ha sido apresurada.

Aún en la pandemia, “poderoso caballero es don dinero”

La frase acuñada por el español Francisco de Quevedo en un poema que escribió en 1603 explica, para algunos analistas, el aumento que ha tenido la popularidad de Bolsonaro en medio de una pandemia cuya gravedad ha insistido en negar desde que se registró el primer caso.

En su afán de proteger a la economía de la pandemia, Bolsonaro se vio forzado a olvidar su ideal de un “Estado mínimo” y ampliar los subsidios a los más pobres a fin de mantener el consumo, que es el gran motor de la actividad económica de Brasil, que por Covid-19 sufrirá este año una caída que se calcula en torno al 5%.

Hasta la pandemia, unos 40 millones de brasileños en la pobreza recibían unos 200 reales (36 dólares) por mes mediante un programa de subsidios creado en 2003 por el entonces presidente Luiz Inácio Lula da Silva, el gran antagonista político de Bolsonaro.

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Con el cierre temporal o definitivo de empresas por Covid-19, Bolsonaro amplió esa ayuda a desempleados y trabajadores informales y triplicó el valor, que pasó a llegar a 60 millones de personas, que representan casi un tercio de la población del país.

Una reciente encuesta de la firma Datafolha constató el efecto que el auxilio ha tenido en la popularidad de Bolsonaro, que parecía comenzar a resentirse en el inicio de la pandemia, cuando el 35% de la población le achacaba al Gobierno la culpa de las muertes.

Ahora, cerca del 50% de los brasileños considera que Bolsonaro “no es responsable” de la crisis sanitaria y la tasa de aprobación del Gobierno he llegado a 37%, la mayor desde que el líder de la ultraderecha asumió, en enero de 2019.

La principal razón de esa mejora de imagen, según Datafolha, ha sido precisamente la ampliación del plan de subsidios, que a fines de este año será suprimido en su formato actual, pero ampliado de todos modos en relación al que existía antes de la pandemia.

Según admite la propia base política de Bolsonaro, esa mejora responderá a que el mandatario ha comprendido el impacto electoral que esos subsidios que antes tildaba de “populistas” pueden tener en 2022, cuando aspirará a un nuevo mandato de cuatro años.

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