08 may. 2026

Baches

Ellos no solo abundan en rutas y calles, sino viven en la cabeza de nuestros administradores con irritante actualidad. Cuando las evidencias son claras sobre la falta de mantenimiento de caminos que ha llevado a más de 21 muertos en los últimos meses y luego que el propio ministro de Economía llamara de inútil a su colega de Obras Públicas, pero el jefe de ambos afirma que Claudia Centurión es la mejor ministra en el cargo que nunca tuvo tal repartición.

Para hacer coro de esos argumentos y luego de comprobarse que el desvío de un amenazante bache acabó con la vida de un joven médico y su madre en la zona de San Pedro, el primer mandatario afirma –suelto de cuerpo– que no fue esa la causa, sino un error humano en el manejo.

Volvieron las reacciones en contra que llevaron a que los pobladores de la zona de varios siniestros cerraran la ruta para llamar la atención.

Un grupo de concejales de la zona declararon persona no grata a la ministra y unos legisladores la denunciaron penalmente por su responsabilidad en los casos fatales.

Algunos dirán que son simples baches de comunicación cuando, en realidad, son cráteres de falta de gestión, sensibilidad y raciocinio. No han sido los últimos ni tampoco lo serán.

Luego de afirmar y justificar como ahorro que orgullosamente 40.000 niños y jóvenes de escuelas y colegios privados emigran a las instituciones públicas, le deben corregir que esa cifra nunca puede ser verdad y jamás podría pasar del mil.

Educación. El Ministerio de Educación, que tampoco sabe lo que su titular dijo y el presidente repitió, decide conformar un Comité que analice la situación con los números reales.

No en balde estamos penúltimos en educación a nivel mundial y el presidente y su ministro son claros ejemplos de ese fracaso.

Tampoco cubren el bache de los costos cuando la realidad les responde que ir a una escuela o colegio públicos nunca es gratis. Siempre se aporta a las ACE porque no hay dinero para mantener las escuelas y rubros que no están contemplados.

Se enoja el Ministerio en torno a la cifras que circulan sobre el estado de las escuelas pero no sabe tampoco cuántas en realidad están a punto de derrumbarse y cuántas y a que costo se están reparando otras. Baches graves en el discurso de la educación que muestran la grieta en la que nos encontramos y cuán desbordada está la gestión de un Gobierno que no termina de acertar una.

El Hambre Cero tan cacareado y tan poco pagado a sus proveedores resulta otro de los baches en el discurso oficial sobre la realidad del país. Afirman que es muy necesario, pero en vez de darle recursos, empleos y posibilidad a los padres para que puedan alimentar a sus proles se sienten felices que menos de la mitad del año pueden comer algo en una escuela y que con esas cifran bajen los números de la pobreza.

Y la pregunta es: ¿Ella sube de nuevo los días que no comen o en las largas vacaciones de verano?

Irracionalmente torpe el argumento de que solo es justificable si tuviéramos doble escolaridad y la alimentación escolar fuera necesaria y obligatoria. Sin ese argumento es insostenible el discurso y genera un tremendo bache en la narrativa de la pobreza y el asistencialismo estatal.

El otro gran agujero está en la llamada reforma de la Caja Fiscal, que ahora el Ministerio de Economía nos amenaza que subirá su impuesto estrella, el IVA, si no se prolongan los años de servicio y se proyecta el año de jubilación.

Caja fiscal. Suena todo muy injusto, pero los que harán la reforma se la remorfan en su Caja Parlamentaria donde violando el principio de igualdad consagrado en la Constitución pueden jubilarse con 10 años de aporte con una cifra millonaria.

No son funcionarios, no cumplen horarios, nosotros aportamos para que su Caja pague a una gran mayoría de mediocres y asaltantes del camino simple y únicamente porque ellos –dicen– son la ley y hacen lo que quieren. No saldrá la reforma de la Caja Fiscal mientras no se arreglen estas cosas y el bache se profundizará cada vez.

No alcanza con recapar o echarle cemento. Hay que arreglar la base y compactarla apropiadamente para que la ruta y la calle dejen de matar, de postergar y de ser argumentos para mentir.

Es simple pero es urgente.

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