Ante este dilema, las aulas hospitalarias son una vía efectiva para que a pesar de la enfermedad, los niños y las niñas luchadoras puedan tener un espacio de recreación y a su vez recibir otras alternativas pedagógicas para no perder el año lectivo.
Uno de los hospitales que este miércoles también dio inicio a las clases, tal como lo estableció el Ministerio de Educación y Cultura (MEC), es el Pediátrico Niños de Acosta Ñu, que desde el 2011 abrió las puertas a los pequeños pacientes del nosocomio por medio de la aprobación del MEC, para la habilitación del aula hospitalaria.
Un promedio de 20 niños y niñas pasan por las aulas del Pediátrico diariamente, lo que equivale a un total de 100 por año, según el Ministerio de Salud. El lugar ofrece apoyo pedagógico a los pacientes que se encuentran internados por tiempo prolongado, a los que viven en el albergue del Acosta Ñu y a aquellos que por razones de controles, quedan en el hospital para concretar algunos estudios.
La educación dentro de un hospital rompe los esquemas tradicionales. Las enseñanzas se enfocan de acuerdo a la necesidad de cada alumno o alumna y estos son libres de abandonar las salas de clases cuando así lo deseen.
“Por medio de juegos, pintura y sin presión, los maestros logran que los pacientes se sientan en total confianza y tan cómodos que solo salen cuando son llamados por sus padres o sus médicos”, informó el Ministerio de Salud.
No existen horarios de entrada ni de salida a diferencia de los centros educativos, ya que el aula hospitalaria se maneja por medio de un sistema de doble turno, de forma a que los niños tengan el tiempo necesario para cumplir con los procedimientos médicos y a su vez, con las tareas escolares.
La enfermedad no es obstáculo para seguir estudiando.