Son los primeros momentos de la misión de Jesús, que poco a poco se va dando a conocer y aprovecha la circunstancia de la pregunta de Natanael –que se asombra de que le conozca– para decirle: “En verdad, en verdad os digo que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre”.
Jesús se va dando a conocer como Mesías y describe cuál es la misión de los ángeles, que forman parte de la historia de la salvación para llevar adelante misiones concretas dadas por Dios.
San Josemaría, desde el inicio de la fundación de la Obra en el año 1928 –día de los ángeles custodios–, sintió que necesitaba mucha ayuda del cielo para llevar adelante la misión que Dios le había confiado: transmitir el mensaje de que se puede ser santo por medio del trabajo y de la vida ordinaria. Parte de esa ayuda le llegó de los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. Ocurrió además de una forma providencial: haciendo un curso de retiro en octubre de 1932 en Segovia, junto a la tumba de san Juan de la Cruz. Fue allí, orando, donde Dios le hizo ver que debía poner bajo la protección de los tres arcángeles la tarea apostólica que llevaba entre manos.
El Señor se iba haciendo el encontradizo con san Josemaría y le mostraba el camino. ¿Qué debió sentir en aquellos momentos de encuentro intensísimo con el querer de Dios?
A san Josemaría le ocurría como a Natanael en el Evangelio de hoy. El encuentro de Natanael con el Señor, tuvo que ser como un trallazo al escuchar sus palabras: “Aquí tenéis a un verdadero israelita en quien no hay doblez”.
Por un lado, Natanael se sorprendería. Por otro lado, este encuentro nos habla del tipo de personas que quiere Jesús cerca. Personas conscientes de sus pecados, pero sinceras. Así lo dijo Jesús en otra ocasión: “Que vuestro modo de hablar sea: ‘Sí, sí’; ‘no, no’. Lo que exceda de esto, viene del Maligno” (Mt 5, 37) …
(Frases extractadas de https://opusdei.org/es/gospel/2023-09-29/).